Shostakovich - Sinfonía Nº 5 - Haitink

>> lunes, 21 de septiembre de 2009




Las sinfonías de Shostakovich de principio a fin.
La integral de Bernard Haitink.
Quinta sinfonía

La Sinfonía Nº 5 en Re menor Op. 47 fue estrenada el 21 de noviembre de 1937 en Leningrado por la Orquesta Filarmónica de dicha ciudad, bajo la dirección de Yevgeny Mravinsky.
Tras la suspensión del estreno de su cuarta sinfonía en diciembre de 1936, la situación de Shostakovich es muy complicada. Pesan sobre él los artículos contra su música vertidos en Pravda por la cúpula del PCUS. Existe una atmósfera de opresión política, iniciada con las primeras purgas de Stalin, en la que allegados y familiares del compositor fueron arrestados e incluso ejecutados; ni tan siquiera el apoyo del poderoso valedor de Shostakovich, el mariscal Mijail Tukhachevsky (uno de los cinco primeros mariscales del Ejercito Rojo), ya que este, caído también en desgracia, fue procesado y ejecutado en junio de 1937. Con este panorama ante si, Shostakovich no tiene otra salida que cumplir con las indicaciones del partido en orden a abandonar el «formalismo» y componer de acuerdo al realismo socialista.
Pero estamos hablando de Dmitri Dmitrievich Shostakovich. Ya, en la Cuarta sinfonía, trastocó a su pleno antojo las normas académicas de la composición, pero, como ya señalamos, sin dejar de demostrar su gran dominio de la creación musical. Escribiría, pues, una nueva partitura, una sinfonía que colmará las expectativas del partido, una pieza que, sin lugar a dudas, ensalzará los valores eternos del proletariado y su fe inquebrantable en la victoria final. Y además, una obra con una estructura técnica impecable, académicamente perfecta. Nadie podrá negar que responde plenamente a las características del realismo socialista. Pero, al mismo tiempo, sutilmente, compondría una música capaz de aunar los sentimientos de los oyentes, al modo de Mahler (¡una vez más, Mahler!); oyentes que acabarán arrastrados a una emoción única y controlada, donde el músico logra transmitir a la audiencia el sentimiento trágico que le produce la censura sobre su obra, dotándola de un pathos desgarrador. Un nuevo truco de magia, una sinfonía que eleva sobremanera el espíritu humano, pero después de recorrer los doloridos fondos del alma; una obra que transmuta lo simple en arte sublime.
En el primer movimiento (Moderato) subyace la forma sonata. La exposición arranca con un vigoroso canon sobre el que se desarrolla un abrumador motivo principal, que acaba acompañado por una lírica melodía ejecutada por los primeros violines. Posteriormente las cuerdas introducen el segundo tema, amplio pero hierático y acerado. Con todo el material presentado, se produce el desarrollo, cambiando los tempi tanto en aumento como en disminución, creando un conflicto contrapuntístico en sí mismo, el cual acaba transformado, a través de la percusión y de las trompetas, en una especie de marcha de banda militar no exenta de cierto tinte grotesco. El drama interno del «Despertar a la lucha» alcanza el clímax en la recapitulación, donde, sin apenas nuevos temas, la carga emocional llega a las más altas cotas. La coda nos lleva, en el dialogo de las cuerdas menores con la celesta, a un ambiguo y evocador desenlace. Con una variación del tema principal del primer movimiento, en forma de scherzo y a ritmo de vals, se inicia el segundo movimiento (Allegretto). Hay un grave motivo melódico con las tubas, después los clarinetes, más tarde los oboes y finalmente las cuerdas, para desembocar en una graciosa melodía llena de energía.
En el tercer movimiento (Largo) Shostakovich abandona el uso de viento-metales (trompetas en el primer movimiento y tubas en el segundo) y, subdividiendo las secciones de cuerda, expone el motivo en apasionadas y alargadas melodías, sólo apoyadas por los vientos de madera. El ambiente se llena de tristeza y resignación; otra vez confusión; y, de nuevo, renacer frente al derrotismo (hay quien señala los sonidos del xilofón como una imagen de la «crítica justa» que espolea el abatido ánimo del hombre). Tras el conflicto, en una dulce paz, muere la música. El cuarto movimiento (Allegro non troppo) se inicia con un poderoso comienzo en las cuerdas que arrastra al oyente con su energía, tras esto aparece el primer tema, que se presenta dividido en dos subtemas claramente distinguibles. El primero ejecutado por las trompetas sobre los fieros redobles de los timbales, a continuación, sobre un fondo de notas repetidas, suena el segundo en las cuerdas. Tras la exposición, se entra en una zona intermedia, que discurre mayoritariamente en pianísimo, donde nuevas melodías nos exponen, de forma misteriosa, un subyugante pasaje sonoro. Tras un marcado silencio los viento-maderas nos traen el tema principal que desemboca en el poderosísimo finale escrito en clave de Re mayor, la tonalidad antagónica a la general de la sinfonía, Re menor; asociada esta por convenio a un carácter circunspecto, tímido y melancólico, mientras que aquella se asocia al regocijo, al triunfo, a la victoria. Se especula, y es motivo de controversia, sobre la intencionalidad del autor con este cambio. Sea intencionado o no, lo cierto es que el brillante final dota a la obra, en su totalidad, de sentido positivo de la vida, de triunfo de las potencias del alma, de un desmesurado ánimo para el renacer del hombre.
El estreno fue un clamoroso éxito, siendo ovacionado por más de 40 minutos, y la obra quedó como una de las favoritas del público soviético. El porqué de esta calurosa acogida viene dada por la estrecha relación entre los sentimientos vertidos por Shostakovich en su obra con los de los ciudadanos de la época. En unos tiempos tan convulsos como aquellos, el publico ruso estaba abierto a evocar intensas emociones, y Shostakovich supo compartir con ellos sus penas y sus esperanzas. Por su parte el aparato oficial quedo plenamente satisfecho; los críticos oficialistas hablaban, por ejemplo, del fiel retrato que el compositor hace de la «formación de la personalidad soviética» y como, en un ascenso lleno de optimismo, siempre llega la victoria. El autor había descrito la sinfonía como la «respuesta de un artista a una crítica justa», esto, para el régimen estalinista, equivalía a un acatamiento incondicional por parte del compositor. Se ha dicho que con esta sinfonía Shostakovich salvó la vida; pero lo que realmente le libró de ser procesado fue suspender el estreno de la cuarta sinfonía. Si el autor hubiese querido complacer servilmente las presiones del PCUS, le habría bastado con escribir una obra programática, descriptiva y sin pretensiones espirituales. La Quinta es, pues, un envite a Stalin; como ya comentamos, un juego de malabares, en el que aparentando sometimiento, el compositor nos planta una obra llena de conceptos abstractos, difíciles lecturas y complejas emociones.
Hay un poema de Pushkin, Vozrozhdenije (Renacimiento), musicado por Shostakovich en el opus 46 No.1 , el anterior a la Quinta sinfonía, que para muchos es clave para la comprensión de la actitud del compositor. Dicho poema dice:

Renacimiento
Un artista-bárbaro con su perezoso pincel
ennegrece la pintura de un genio.
Y, sin sentido, lo cubre con
su propio dibujo ilegítimo.
Pero con el paso de los años, los extraños colores
caen como escalas podridas;
la creación del genio surge
ante nosotros en su primigenia belleza.
Así desaparecen las ilusiones
de mi alma atormentada
y en ella aparecen visiones
de tiempos originales e inocentes.

De la mano de Bernard Haitink , dirigiendo de forma magistral la Orquesta Real del Concertgebouw, «surge ante nosotros la creación del genio», la obra con la que Shostakovich encontró ese nuevo y poderoso lenguaje musical que caracterizó, desde ese momento y para siempre, toda su impresionante producción artística.

9 comentarios:

Quinøff 21 de septiembre de 2009, 4:54  

Nada como iluminar a Shostakovich para entenderlo (y disfrutarlo) mejor. Excelente artículo y gran, gran versión. Sin atropellos al final. Haitink es un grande!

F. de León 21 de septiembre de 2009, 12:35  

Gracias Quinøff por tu comentario. Y gracias también por esa fantástica fuente de sensibilidad que es tu blog.

Elgatosierra 21 de septiembre de 2009, 12:56  

¡Miauuuuuuuuuu!
Fernando de León, gracias por la lección magistral amigo, y como dice Quinoff, Shosta quedó perfectamente iluminado.
Qué pedazo de compositor y qué sinfonía. Ahora y aquí no puedo más que arrodillarme.
Y cómo me hubiera gustado estar presente en aquél 21 de noviembre de 1937 con Mravi en el podio. Siento una especial debilidad por él.
Un amigo mío, medio perro (por no decir, medio tonto), dice que es excesivamente austero, espartano, seco... Y yo siempre le digo lo mismo: “¡Así está el tema, es lo que hay! Esto es música y lo demás marketing”. Y sale bufando. JAJAJA
En la Quinta mis preferencias están con Mravi, Kondra, Lenny, Bars, Rostro, y el primero de todos..., HAITINK.
Fernando G. Toledo, gracias por esta enorme golosina.
Salud, paz y una sonrisa por favor.
Elgatosierra

Anónimo 21 de septiembre de 2009, 18:42  

Fernando de León eres bueno, buenísimo, tus artículos son fascinantes para entendidos, aficionados e incluso para auténticos desconocedores. Aunque los que te conocemos sabemos el ahínco que pones en ilustrarte y documentarte, no deja de sorprenderme la pasión que arrojas; pasión que contagia,con la que siempre me llevas a descubrir aunténticas bellezas como ésta y muchas otras. Carla. Un beso.

Äriastóteles Lumínico 21 de septiembre de 2009, 22:56  

La Quinta sinfonía de Shostakovich es un oasis que se desborda, arrasando con el Desierto Cultural y transfigurándolo todo a su paso.

Sr. León: Es Vd. uno de los leones de ese brillante oasis.

¡Gracias por compartir sus notas!

Veglio 22 de septiembre de 2009, 10:55  

Interesante grabación.
Gracias.

Quinøff 24 de septiembre de 2009, 6:13  

Soy yo el que agradece tus elogios, Fernando. Y te felicito a mi vez por todo lo que has logrado levantar (y hacer perdurar).
Un abrazo
Q

Aguador 22 de octubre de 2009, 16:12  

Hola a todos:

Yo también quisiera añadir que respecto de esta Sinfonía he leído cosas que hacen que "no todo sea lo que parece". Quiero decir que pese a que el subtítulo de la obra reza como Respuesta de un artista a una crítica justa, parecen haber indicios de que la obra no es la manifestación de una "mansa aceptación" por parte de Shostakovich de esa "crítica justa".

- Así, por ejemplo, respecto del primer movimiento, los compases iniciales nos presentan una "lenta introducción al estilo de la obertura francesa", que para el oyente avisado evocará la corte de Luis XIV. Una forma muy sutil de llamar "tirano" a Stalin.

- En segundo lugar, el segundo tema de la sonata, confiado a las cuerdas y al arpa, es un tema judío, colectivo que en la Rusia soviética no gozaba de prestigio y por el que Shostakovich sentiría un mayor aprecio con el correr de los años. Y además, para más inri, es el tema que triunfa en la reexposición (se expone primero en mi bemol menor y luego en re mayor).

- Por lo que hace al segundo movimiento, ese vals tajante nos recuerda que esa danza "reinó" durante el mandato del Emperador Franz Josef II en Austria. Eso sí, con los habituales trazos fuertes de Shostakovich, que ridiculizando la danza se acerca al Mahler de los contrastes, al Mahler que canta las más terribles cosas ("Das Irdische Leben") con la voz de un niño.

Seguramente hay más detalles, pero no soy musicólogo y no he sabido o no soy capaz de detectarlos. En todo caso, con esos botones de muestra entiendo que la sinfonía "no es lo que dice ser", sino mucho más: o de cómo Shostakovich logró a un tiempo criticar a quienes le podían haber cortado la cabeza y salvarse.

Saludos,
Aguador

F N Fernandez 27 de septiembre de 2016, 13:22  

En el minuto 2:58 a 3:15 de la pista correspondiente al 4º movimiento se puede escuchar con claridad la carcajada de Shostakovich a cargo de los metales. En otras versiones se le da menos protagonismo a esta sección con lo que pierde el aspecto burlesco que con acierto destaca Haitink. Me gusta mucho esta versión, y no solo por esto.

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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