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Bartók, Liszt, Prokofiev - Music from Saratoga - Argerich, Freire y otros

>> domingo, 16 de octubre de 2011


Tres enormes nombres en las partituras y siete en los instrumentos. El disco que editó a fines del año pasado EMI es una obra más que tentadora para los amantes de la música post-clásica.
Registrado en 1998, de conciertos antológicos del Saratoga Performing Arts Center (Estados Unidos), el disco incluye obras de compositores a los que reúne el aura de la innovación.
El Concerto pathétique para dos pianos de Franz Liszt es una típica composición del músico húngaro, en el sentido de que abarca tanto un desafío al virtuosismo del intérprete como a los límites de la armonía. A veces hondísimo y a veces fugaz, con tramos de vértigo o de introspección, la composición parece hecha a la medida de una pianista como la argentina Martha Argerich, a cuya apasionada ejecución acompaña en el segundo piano Nelson Freire, siguiéndole los pasos y persiguiendo la idea «liszteana» de construir una música que pareciera surgida de un solo instrumento.
Lo del ruso Serguéi Prokofiev navega por otros mares. Su Quinteto op. 39 (oboe, clarinete, violín, viola y contrabajo) es un atrevido trabajo, de gran entramado, que utiliza disonancias y rítmicas complejas para constituirse en una pieza, ya que no la más popular, sí de las más interesantes en la obra de este autor que luchó con la felicidad de su música contra las contrariedades del régimen de su país.
Finalmente, la partitura de Béla Bartók, un compositor reverenciado en nuestro país, es la primera de sus creaciones bajo el cielo estadounidense (hacia donde emigró cuando el régimen nazi asediaba su Hungría natal). Contrastes (para violín, clarinete y piano), comisionada para el clarinetista Benny Goodman, surge de las indagaciones de Bartók en el folclore de su pueblo.
El primero de sus tres movimientos es un Verbunkos, danza de reclutamiento, tradicional de su país y de la que ya había hecho su lectura un coterráneo y amigo de Bartók —Zoltán Kodály— para su ópera Harry János. La mirada del autor del Concierto para orquesta es, sin embargo, más personal, en el sentido de que se inclina hacia cierto expresionismo y atonalidad, con un ritmo más rebelde pero igualmente fiel a cierta identidad húngara. El hondo segundo movimiento, Pihenö quiere, más bien, aludir a un clásico de Bartók, la evocación climática de las noches de verano. Sebes, finalmente, es otra oportunidad para que de nuevo Argerich, junto al clarinete de Michael Collins y el violín de Chantal Juillet sobresalgan, maravillen, parezcan salir de algún país donde cualquier música es posible.
La grabación en vivo no afecta la calidad sonora, al contrario, le otorga una especie de tercera dimensión (la amplitud del espacio donde están los espectadores, quizá) que impiden cualquier atisbo de frialdad en las performances de estos músicos de lujo, que han tomado partituras hermosas y no le han ido en zaga con sus interpretaciones.

Publicado en 1999 en Escenario de Diario UNO.

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Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber

>> martes, 25 de enero de 2011



Entrevista a Bruno Gelber
Publicada en Diario UNO de Mendoza el 28 de agosto de 2010


Acaso no todos lo sepan, pero para una provincia con programaciones loables pero modestas de música clásica, que Bruno Gelber pulse las teclas de un piano en estas tierras es un verdadero honor. Y en tiempos de conciertos interrumpidos y óperas truncas, ese honor se magnifica.
El gran pianista argentino, que el mundo elogia y aplaude desde hace 40 años, llegará para tocar en el piano del teatro Independencia el bello Concierto para piano Nº1 de Fryderyk Chopin, justo en el año en que se festeja el bicentenario del nacimiento de este compositor cuya obra está dedicada enteramente al piano. Con la Filarmónica de Mendoza (que tocará también la Sinfonía Nº 3 de Schumann), comandada por su titular, Ligia Amadio, Gelber intentará repetir la hermosa noche de hace dos años, cuando con Beethoven como excusa ofreció una velada inolvidable.
–Hay un gran recuerdo de la visita que hizo a Mendoza en 2008. ¿Cuáles son sus sensaciones al volver?
–La sensación es la de regresar a una ciudad que adoro y encontrar el público que conozco desde hace decenas de años. Disfruto cada vez que voy a Mendoza por la calidad y la calidez del público. Tienen una gran virtud y es que saben escuchar y que saben aplaudir, porque a veces los públicos que aplauden mucho son ruidosos y los que escuchan con mucha atención son poco cariñosos. Ustedes tienen las dos virtudes.
–Usted va a interpretar el Concierto para piano Nº1 de Chopin, ¿qué significa para usted esta obra?
–Es un concierto magnífico, como todo lo que escribió Chopin, y cuando uno tiene un gran director, como pasa con Ligia Amadio, todo es mejor. ¿Sabe cuál es el drama de este concierto?
–¿Cuál?
–Que la orquesta tiene una tarea aparentemente secundaria, de sostén armónico, para permitir el lucimiento pianístico. Pero si no está bien hecho ¡se oye todo! Por eso tiene que haber un buen director, para aceptar ese rol secundario aparente y hacerlo bien.
–¿Y qué significa para usted este compositor, cuya obra es eminentemente pianística?
–No hay pianista que no adore tocar Chopin, porque es un compositor que, aparte de lo fantástico y lo bello que es, tiene una significación pianística enorme. Es uno de los primeros que compone estudios virtuosísticos para el piano. Pero Chopin, por más difícil que sean sus obras, siempre es «pianístico», no crea problemas fundamentales para la ejecución si uno tiene talento.
–Se han hecho muchos intentos por describir el arte de Bruno Gelber. ¿Cuáles diría usted que son sus virtudes?
–Creo que soy un buen artista. Creo que tengo la sensibilidad necesaria para compenetrarme en lo que quiso decir el compositor. Soy un buen intérprete en el sentido de que no trato de lucirme, sino de ser fiel a quien estoy interpretando, como un buen actor que deja que se luzca el texto. Creo que tengo calor interpretativo, soy vehemente pero fiel a mi interpretación. Nosotros interpretamos a los genios en momentos de inspiración divina. Si uno está dotado desde la sensibilidad, es una tarea magnífica, porque uno trata en esos momentos con los genios.

Talento argentino
–Los argentinos orgullosos de nuestros músicos tenemos a otro gran pianista como Daniel Barenboim dirigiendo en la Argentina. ¿Qué siente usted cuando toca en su país?
–Nuestro país fue hecho por tantas nacionalidades y razas distintas que realmente ha formado grandes pianistas. Y tenemos público fantástico en todas partes. Aunque yo vivo desde los 19 años fuera de la Argentina, siempre he guardado relación con este país y he tocado en varias ciudades, no sólo en Buenos Aires, y he recibido realmente el testimonio de públicos que consiguen convencerme de que les gusto y entienden lo que estoy haciendo. Tenemos un gran país al que le gusta la música y que le importa mucho el hecho de tener intérpretes que han recorrido el mundo, como en nuestro caso, y hemos llevado el nombre de la Argentina a toda la geografía.
–¿En qué cosas se siente argentino o qué cosas extraña de su tierra?
–Cuando uno se vuelve ciudadano del mundo no puede decir que se llore pensando en la calle Corrientes (risas). Pero sí tengo presente al ser humano argentino, que es fantástico, la gente amiga, la gente que quiero.
–¿Ha pensando en su retiro?
–(rápidamente) No, no tengo la edad para pensar en el retiro. Creo que hay muchas cosas que con la madurez pueden hacerse. Sigo recorriendo el mundo y no hay nada que me guste más que el hecho de dar lecciones. Me encanta ver a la gente joven de todas partes del mundo acercarse a la música. A mí me interesa mucho despertar el amor a la música en los demás. El día que tenga la cola menos móvil (risas)… con gran placer continuaré en esa faz de educador.
–Más allá de eso, con tanto tiempo dedicado a los conciertos, ¿le queda tiempo para su vida personal?
–Los que hacemos esta vida es como si nos hubiéramos dedicado a una religión. Es una vida al servicio de nuestros conciertos y viajes. Ser un artista internacional conlleva muchas cosas: es un continuo cambiar de hotel, de idioma, de comida, de gente. Y si uno está de repente feliz en un lugar, de golpe ¡pum! hay que subirse a un avión e irse. Hay que aprender a no atarse demasiado a las cosas y llevar la vida así. ¿Sabe cuál es la base en nuestra vida, por lo menos para mí? Tener conciencia de que el que tiene talento, que Dios ha repartido de forma poco democrática, sólo es digno de ese talento si lo sabe dar a los demás.
–Si hay alguien que le ha sido fiel en su vida, ésa ha sido la música…
–Mi maestro Vicente Scaramuzza siempre me decía: «Tu mejor amigo va a ser el piano, nunca te va a decepcionar. Ese señor de cola negra y dientes blancos va a ser tu constante» (risas).

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Sirva esta entrevista como invitación para escuchar a Bruno Gelber, en esta ocasión en un disco titulado Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber, álbum doble en el que interpreta obras para piano solo de Ludwig van Beethoven, Robert Schumann, Franz Liszt, Franz Schubert y, por supuesto, Fryderyk Chopin.


Gracias a quien subió este disco a la red. No recuerdo su nombre

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Liszt - Poemas sinfónicos - Hamar

>> sábado, 19 de junio de 2010


Batuta joven para cuatro poemas de Liszt

Como parte de un excelente recorrido crítico sobre la discografía de Los preludios de Franz Liszt, el comentarista español Fernando López Vargas-Machuca ha dicho al respecto de esta versión:

«Si bien la orquesta se queda bastante corta, la batuta realiza una notable labor a la que le faltan, eso sí, grandeza y tensión en los clímax, pero que no obstante ofrece momentos tan interesantes como una introducción especialmente oscura e inquietante en la que se presta una gran atención a los silencios».


Subrayo el hecho de que es la dirección, la del muy joven Zoltan Hamar, la que sorprende a la primera escucha, cosa de destacar en obras tan difundidas como los poemas Prometeo (mi momento preferido del disco), Mazeppa, Tasso, lamento y triunfo y Los preludios. El sonido con el que se oye a la Orquesta Filarmónica de Hungría en este disco originalmente publicado por Budapest Music Center es simplemente magnífico.

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Liszt - Sinfonía Fausto - Fischer

>> lunes, 18 de enero de 2010


Fischer, el intérprete perfecto

>>DAVID BRECKBILL
(*)

Franz Liszt alentó las empresas faustianas de Berlioz y Wagner y escribió esta sinfonía una vez establecido en Weimar, hogar de Goethe durante muchos años. De hecho se consideraba a sí mismo una mezcla entre Mefistófeles y Fausto, cínico pero buscador auténtico. La sinfonía Fausto, obra maestra orquestal de Liszt, se prolonga durante más de una hora. Consta de tres movimientos, que componen retratos del apasionado buscador Fausto, de la discreta e idealizada Gretchen y del sardónico Mefistófeles, respectivamente. Los temas de cada movimiento se transforman a lo largo de la obra, que además incorpora descripciones de sucesos dramáticos tomados del tratamiento que realizó Goethe de la leyenda.
Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX la obra solo se interpretó de una forma esporádica. No es extraño, por tanto, que el nivel de popularidad que ha adquirido en la actualidad sufra unas consecuencias negativas: las orquestas no llevan esta música en la sangre, y la sinfonía Fausto requiere unas habilidades que no siempre destacan los directores y orquestas modernos. La grabación de Iván Fischer con la Budapest Festival Orchestra supone hasta la fecha, con diferencia, la interpretación más convincente de la partitura. El reto que plantea esta obra radica en la búsqueda del equilibrio entre caracterización vívida e ímpetu inexorable, y Fischer es prácticamente el único capaz de demostrar que la primera alimenta y potencia al segundo. Esta grabación incluye la conclusión instrumental original al igual que la posterior (y en la actualidad estandarizada) apoteosis coral con los solos del tenor.

(*) Texto incluido en el libro 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir.

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La obra está interpretada por la orquesta de Fischer, la Budapest Festival Orchestra, el Hungarian Radio Chorus y Hans Peter Blochwitz como tenor.


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Liszt - Concierto patético - Argerich - Freire

>> martes, 1 de diciembre de 2009



Dos de los más grandes pianistas sudamericanos de los últimos años, la argentina Martha Argerich y el brasileño Nelson Freire, interpretan esta apasionada y apasionante pieza de Franz Liszt, Concierto patético (para dos pianos), en una toma en vivo de 1998 en el Saratoga Performing Arts Center de Nueva York (Estados Unidos).

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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