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Mahler - Sinfonía Nº 6 - Scherchen

>> miércoles, 15 de febrero de 2017



>> EL REYES (*)

A pesar de que, probablemente, se trate de la lectura más violenta, agresiva y aterradora de una sinfonía mahleriana, este registro no cuenta con una crítica a la altura de su mito. He buscado en la red algunas referencias y la única profesional es la de Lewis M. Smoley (ya aludido a raíz de la Quinta con Milán… reseñada en su libro: Gustav Mahler's Symphonies: Critical Commentary on Recordings Since 1986). La podemos encontrar aquí.

Esta reseña es muy interesante. En ella observamos una suerte de desprecio por las maneras de Scherchen, pero también fascinación. Smoley posee una visión de Mahler ortodoxa, dentro de lo que se puede. Reseña y critica siempre pensando en qué registro le hace más justicia a la partitura y no considera el impacto real y concreto, más allá del apego al pentagrama. Claramente, Smoley valora lecturas paradigmáticas. Scherchen no puede ser valorado en ese sentido, él no es paradigmático. Muy por el contrario, da la sensación de constante improvisación, de creación permanente; ya saben: haciendo lo que nadie se atreve o no puede, no por capricho personal, sino como un modo para hacer que la partitura exprese su límite… claramente, en esta versión, la Sexta alcanza su límite.

 En esta lectura recortada, que corresponde a una de las –al menos- tres sextas que realizara en su carrera, el maestro Scherchen apuesta fuerte: La Sexta acá se muestra como una obra sin respiros, un ejemplo tanto o más primitivo que la Consagración... de Stravinsky. El universo mahleriano se mecaniza, se violenta y se crispa hasta causar el agobio del oyente, pero, paradójicamente, sin que éste desee detener la audición.

En el primer movimiento, Scherchen hace que Karajan parezca Klemperer. Es increíble cómo no pierde el ritmo con semejante impulso y más increíble todavía es oír cómo logra desplegar una tímbrica fantástica en medio del terremoto extremo. Ni el tema de Alma se salva. Estamos en las antípodas de Chailly (por lo demás gran lectura, al menos para un servidor). Todo lo que en el italiano es análisis, cuidado, detalle y lirismo, acá es instinto, guturalidad, expresionismo directo a la vena.

Scherchen es de los primeros en situar el Andante en segundo lugar. Su inicio es a velocidad «normal». Scherchen despliega una belleza sonora destacable con la excelente orquesta de Leipzig que, digámoslo, realiza un trabajo de nivel mundial a la hora de seguir las indicaciones imposibles de su conductor. Acelera en la sección más expansiva y el resultado es muy atractivo (a Smoley no le gusta). El romanticismo se vuelve aparente. Probablemente nos encontremos ante el Andante más ácido de la discografía.

En el Scherzo vienen los cortes (173 compases, mal señalados en el libreto como parte del Andante). El Scherzo sigue los modos del primer movimiento. Rapidez, pero no solamente aceleración, sino verdadero sentido de impulsividad, de ansiedad enfermiza… el resultado es fantástico.

Lo mejor, probablemente, sea el final, el cual pese a los 143 compases menos de su desarrollo (incluyendo el corte de uno de los célebres golpes fatales), despliega las más destacadas características del director alemán: una imaginación tímbrica desatada (jamás oiremos nuevamente ese sonido irreal que genera con celestas y maderas), un sentido del fraseo dramático casi operístico: tremenda la introdución y una coda oscura y brutal como ninguna.

El registro posee presencia, pese a que la toma es algo más distante que la de la Tercera con la misma orquesta. El sonido estereofónico es casi nominal, pero no importa. La grabación es clara y capta de modo efectivo el ambiente de aquel increíble concierto del 4 de octubre de 1960 (una lástima que no estén los aplausos). Está claro que esta Sexta no es una Sexta para conocer la obra. No es paradigma de nada. Por favor, no es modelo de nada. Se trata de una Sexta única, idiosincrática en extremo, excesiva, traidora de la partitura, pero absolutamente auténtica, aplastante, desmesurada.

Scherchen no lee la Sexta de Mahler. Ese 4 de octubre, Scherchen hizo una de las músicas más terribles que haya percibido el oído humano y para eso se apoyó en ese descenso al infierno que es la Sexta de Mahler. Creo que es uno de los 10 discos que debe estar en toda discoteca de un seguidor del compositor.

Publicado en el foro Gustav Mahler.

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Mahler - Sinfonía Nº 5 - VV.AA.

>> jueves, 20 de agosto de 2015



Cinco Quintas por las «cinco grandes»


El trabajo de talentosos directores, el crecimiento interpretativo de los ensambles orquestales y el auge de las grabaciones fonográficas hicieron, desde mediados de los años ’50 del siglo pasado, que se hablara usualmente de las Big Five Orchestras, es decir, las cinco mejores orquestas estadounidenses. En ese honroso puesto se ubicaban la New York Philharmonic (en esos tiempos liderada por Leopold Stokowski y Dimitri Mitropoulos), la Boston Symphony Orchestra (Charles Munch), Chicago Symphony Orchestra (Rafael Kubelik y luego Fritz Reiner), Philadelphia Orchestra (Eugene Ormandy) y The Cleveland Orchestra (George Szell).

Es por esos años, mediados del siglo XX, cuando la música de Gustav Mahler comienza a ganar espacio y predicamento, en gran medida gracias a la mayoría de esos directores y esas agrupaciones, que junto a las aun más prestigiosas del otro lado del océano (Koninklijk Concertgebouworkest Amsterdam, Wiener Philharmoniker, Wiener Symphoniker, London Philharmonic, London Symphony Orchestra, Ceska Filharmonie, Runfunk-Sinfonieorchester Leipzig) programaron en sus conciertos las sinfonías y canciones del compositor austríaco. Una década más tarde, la labor apasionada de Leonard Bernstein, sumada a la de otros directores, hicieron posible que «el tiempo de Mahler llegara».

Como un modo de celebrar la larga relación entre las big five y la música de Mahler, ofrezco aquí un juego con el número cinco: cinco grabaciones de la Sinfonía Nº 5 de Mahler por las cinco grandes orquestas estadounidenses.

Las versiones

No he elegido, entre las opciones disponibles, las más previsibles. Si bien con la orquesta de Chicago tenemos tres Quintas registradas por brillantes batutas mahlerianas (dos de Georg Solti y una de Claudio Abbado), ofrezco una más polémica y menos transitada: la de Daniel Barenboim.

Con la orquesta de Philadelphia, en tanto, si bien tenemos una atesorable grabación en vivo de Hermann Scherchen y una en estudio de gran calidad de James Levine, propongo una de las dos más recientes (la otra es de Cristoph Eschenbach): la del joven titular de la orquesta, Yannick Nézet-Séguin.

En tanto, de la Filarmónica de Nueva York (a la que le cabe el honor de ostentar la primera grabación íntegra de la Quinta de la historia, con Bruno Walter en la batuta), he escogido la notable lectura de quien fuera su titular por trece años: Zubin Mehta [ya mencionada en el recorrido por la discografía esencial de esta obra].

La  Boston Symphony Orchestra ha dejado registradas dos Quintas de Mahler: una, de 1963, con Erich Leindorf en la dirección. La otra, que elegimos aquí, la del ciclo de Seiji Ozawa para Philips (1990).

Por último, la Orquesta de Cleveland –quizá la que ha tenido más directores titulares afines a Mahler (Leinsdorf, Szell, Boulez, Maazel)– sólo tiene una versión de la Sinfonía Nº 5 inscripta en la discografía oficial: la que el maestro Christoph von Dohnányi dejó para su ciclo inconcluso para Decca en 1998.

Acaso este recorte parcial permita ilustrar de algún modo la relación histórica entre las orquestas estadounidenses y Mahler, quien fue titular de la Filarmónica de New York en los albores del siglo XX, orquesta con la que, además, dirigió el último concierto de su vida.



The Cleveland Orchestra - Christoph von Dohnányi (1988)

***



New York Philharmonic - Zubin Mehta (1989)

***



Boston Symphony Orchestra - Seiji Ozawa (1990)

***



Chicago Symphony Orchestra - Daniel Barenboim (1997)

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The Philadelphia Orchestra - Yannick Nézet-Séguin (2010)




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Mahler - Sinfonía Nº 5 - Scherchen (Viena)

>> lunes, 3 de agosto de 2015



En enero de 2011 ofrecí, desde este blog, mi aporte al recorrido de la discografía esencial de Mahler, con el turno de la SinfoníaNº 5, compuesta a principios del siglo XX por el compositor austríaco. Por ese entonces, mencioné al pasar los aportes del director alemán Hermann Scherchen a la partitura: pensaba, en esa ocasión, que el carácter polémico de sus lecturas no lo hacían encajar en la serie de «esenciales» de la Quinta sino, más bien, entre las versiones «peculiares».

El tiempo, las nuevas escuchas y el aporte de lecturas, me ha llevado a rever esa decisión y por ello he querido sumar a aquel ensayo, un capítulo dedicado a al menos una de las versiones de la Sinfonía Nº 5 por Scherchen. Debido a que, en cierto modo, también el escrito tiene cierta independencia, lo publico ahora aquí. Una decisión similar he tomado con la serie de artículos de la Sinfonía Nº6. Allí, la versión de Scherchen, merece también su inclusión, que aparecerá en breve. Con estas puntuales actualizaciones, retomamos el trabajo (lento y esforzado, pero placentero) de ofrecer una serie de escritos con la «discografía esencial» para Mahler. Esperemos darla pronto por concluida.


Una Quinta de Scherchen sin cortes

Las lecturas del director alemán Hermann Scherchen (1891-1966) se cuentan entre las más polémicas. Y no hablamos sólo de las partituras de Mahler, sino de la mayoría de las que abordó con su estilo personal. Lo innegable: jamás nos dejan indiferentes.

De todas las obras de Mahler, la Quinta fue la obra que Scherchen más interpretó y grabó. Contamos con cuatro registros oficiales de esta sinfonía con su batuta, y sin embargo sólo uno de ellos (el único, por cierto, en estudio) no está lastrado por el elemento más polémico de todos: los cortes con que solía intervenir las partituras.

Las razones de esos cortes se desconocen, pero sin embargo no son insólitos: el propio Mahler era afecto a hacerlos en las obras que dirigía. Vale decir, igualmente, que incluso con esos recortes –que en esta obra aplicó ¡al Scherzo y al Finale!– las rendiciones de Scherchen son notables. Como fuere, para una discografía «esencial», como se propone esta, creemos que hemos de elegir su versión con la Wiener Staatsopernorchester (es decir, la Filarmónica de Viena), publicada en 1953. Dejamos de lado, entonces, las versiones con la Sinfónica de la RAI (1962), con la Philadelphia Orchestra (1964) y con la Orchestre National de l’ORTF (1965).

Si salimos de excursión por las versiones históricas de la Quinta, el paso de la versión de Walter de 1947 a la de Hermann Scherchen con la orquesta de Viena puede dejarnos sumidos en el estremecimiento. Nada hay de elegancia y frialdad en este conductor. El trio del primer movimiento, con su aceleración frenética, bien lo muestra, y permite dejar atrás un comienzo algo distante con el solo de trompeta (en todo este movimiento se destaca más su versión con la Orquesta de la Radio Francesa). Ya en el Stürmisch bewegt, Scherchen ingresa en el campo que mejor domina, y arrastra al cuerpo orquestal a una furia notable: esa furia quizá explica el golpe de timbal con el que cierra este movimiento... aunque no figure en la partitura. 

Luego, ciertamente podremos encontrar mejores versiones del Scherzo, pero ciertamente pareciera que en él Scherchen se adelanta a lecturas posteriores, con su abordaje moderno del mismo. Al Adagietto le pone la dosis justa de lirismo sin caer en la extrema melancolía de su versión con la Philadelphia Orchestra y, finalmente, en el Finale el maestro alemán nos lleva a un recorrido como quien nos hunde en una novela a la que de pronto hemos comenzado a protagonizar, identificándonos con la emoción de esta música magnífica. 

Por su valor documental, por su novedad y su fuerza, esta versión de la Quinta por Scherchen es sin dudas ineludible, aunque no pueda catalogarse como paradigmática. 


También en Oído Fino: Discografía esencial de la Quinta sinfonía de Mahler.

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Mahler - Sinfonía Nº 6 + Preludio sinfónico - N. Järvi

>> sábado, 11 de julio de 2015


Mahler, según Neeme Järvi


Una discografía profusa, una heterogeneidad notable en los estilos y un vigor que resalta a la primera oída podrían apuntarse como las cualidades más salientes de la batuta de Neeme Järvi (Estonia, 1937). El director ha sido, por lo demás, una presencia constante en orquestas de distintas latitudes, para algunas de las cuales (entre ellas, Royal Scottish National Orchestra, Detroit Symphony Orchestra y especialmente la Göteborgs Symfoniker) su tarea ha resultado fundamental en su crecimiento cualitativo.

Alumno de Mravinsky, Järvi ha puesto su batuta solvente y vibrante al servicio de partituras tan diversas que difícilmente hubiera podido así (a menos que fuese un verdadero genio) ofrecer de todas ellas lecturas magníficas. Sin embargo, ha conseguido para muchos ser referencial debido a su pasión por dirigir, a la par del repertorio más transitado, obras de compositores no del todo difundidos: Arvo Pärt, Franz Schmidt, Rudolf Tobias, Wilhelm Stenhammar, Niels Gade, entre otros.

Junto a ellos, en concierto y en disco, ha grabado la obra de numerosos compositores, y se ha destacado con algunas versiones de Shostakovich (la Sinfonía Nº14, con la orquesta sueca), Sibelius (Kullervo) o Strauss (Ein Heldenleben). También ha realizado ciclos sinfónicos completos (Brahms, Prokofiev, Carl Nielsen, Richard Strauss, Martinů), para sellos como Chandos, BIS, además de grabaciones para Deutsche Grammophon, EMI o BMG.
Neeme Järvi.

Uno de los ciclos que dejó incompleto fue el de las sinfonías de Gustav Mahler, que abordó con la Royal Scottish National Orchestra a principios de 1990 para el sello Chandos, que justamente llevaba otro en paralelo (más logrado) a cargo de Leif Segerstam: quizá en ello radicó la clave de que quedara inconcluso.

Fuera de la incompletud del ciclo en Chandos, el Mahler de Neeme Järvi (su hijo, Paavo, grabó el suyo en BluRay) fue por cierto irregular, aunque gozara de momentos de interés, en especial la Sinfonía Nº1, con la inclusión del movimiento Blumine y que destaca por su poderoso movimiento final; así como en general la Sinfonía Nº 3. Con esa orquesta grabó las sinfonías 4, 5 y 6 y el ciclo se interrumpió, aunque era evidente que estaba originalmente programado para cerrarse, a juzgar por el diseño integral de las portadas, que apuntaban a una serie. A pesar de que el ciclo quedó trunco, casi 20 años después el conductor estonio grabó la Séptima de Mahler para ese sello, aunque al frente del ensamble que actualmente lidera: la Orquesta Residente de La Haya. Además, en 1995, y a con la Sinfónica de Gotemburgo, registró en vivo su más logrado aporte mahleriano: la versión de la Sinfonía Nº8, una monumental versión de una ya de por sí descomunal obra, esta vez para el sello BIS. Järvi también grabó en DVD la Sinfonía Nº 2, al frente de un mastodóntico cuerpo orquestal: la Philadelphia Orchestra, la New Jersey Symphony Orchestra, la Detroit Symphony Orchestra, la Metropolitan Opera Orchestra y miembros de la New York Philharmonic (sello VAI). En ese sello, registró, además su versión de Das Lied von der Erde, con Paul Groves (tenor) y Thomas Hampson (barítono), en un DVD que celebró su asunción como titular de la Orchestre de la Suisse Romande.

Hoy, como un homenaje a este director prolífico y que, fuera de si su estilo convence más o menos es, sin duda, una batuta que nos ha acercado importantes compositores a nuestros oídos, ofrecemos uno de sus más polémicos abordajes sobre Mahler: el de la Sinfonía Nº 6, registrado en 1992 para el ya mencionado ciclo trunco en Chandos.

Con un nervio que remite a la versión de Solti, aunque con pasos más atropellados, Järvi grabó esta versión poco conocida, que en el disco fue acompañada por el apócrifo Preludio Sinfónico, cuya autoría está más cercana a Bruckner que a Mahler.



Además:
Mahler: Sinfonía Nº 6 (discografía esencial)

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Mahler - Sinfonía Nº 3 - Nott

>> domingo, 23 de octubre de 2011


Lo que nos dice Jonathan Nott

 >>PABLO SÁNCHEZ QUINTEIRO

(...)

Esta Tercera que aquí abordo –recién lanzada al mercado– no sólo representa una soberbia interpretación sino además un hito en la discografía de la obra.

Entusiasmado con ella he tomado el testigo de nuestro amigo y colaborador en estas páginas Rolando Moreno quien ya nos ha ofrecido dos excelentes y amenas reseñas de este ciclo: Novena y Segunda.
En ellas se reflejan detalladamente las muchas virtudes y alguna que otra flaqueza del Mahler de Nott; altos y bajos presentes en esta interpretación de la Tercera, pero que pasan a un segundo plano ante la grandeza global de esta lectura.

La Tercera constituye junto a su predecesora, a juicio de muchos comentaristas, una de las creaciones sinfónicas mahlerianas menos abstractas. A pesar de lo adimensional de su discurso, de la magnitud y pluralidad de los medios musicales empleados, de la diversidad de recursos lingüísticos exhibidos y de la naturaleza panteística de su inspiración, la evidencia de un hilo conductor definido hacen de ella una obra que virtualmente se auto-explica. No sólo está claro hacia dónde nos ha de llevar el discurso musical sino también de que manera hay que llevarlo a su fin.

Desde los inicios de la interpretación mahleriana la meta de los directores ha sido el poner en pié la arquitectura colosal de la obra salvando con el mayor éxito posible los retos técnicos y musicales que su complejidad plantea. Tan sólo directores caracterizados por dejar una personalísima huella en sus interpretaciones -Bernstein, Levine, Sinopoli, por ejemplo- se han desviado de esta premisas ofreciendo interpretaciones muy individuales, claramente marcadas por su sello personal.

Al margen de estas ilustres y polémicas excepciones, han sido necesarias décadas de interpretación de la obra para que los directores se hayan realmente propuesto el ir más allá de recrear de forma literal la épica de la obra adentrándose en la exploración de una dialéctica más abstracta, mucho menos evidente. Así sólo en los últimos años han surgido versiones que no sólo son técnicamente deslumbrantes, sino que profundizan en la partitura de una forma tan novedosa que en cierto modo conmueven la concepción tradicional de este abrumador fresco mahleriano.

Un ejemplo de esto, ya clásico en la discografía de la obra, lo constituye la grabación de Salonen con la Filarmónica de Los Ángeles, una lectura sobria, austera, inquietante, pero también la más reciente de Zinman en la que éste intenta despojar a la sinfonía de todas las envolturas accesorias que el paso del tiempo ha ido acumulando sobre su esencia.

En este proceso enmarco decididamente esta nueva Tercera de Jonathan Nott. Éste, desde un profundo respeto a la partitura, plantea en cada movimiento interrogantes nuevos, en ocasiones inquietantes, en otros reveladores. Si considero que esta aportación constituye un hito en la discografía de la obra, no lo hago por atribuirle una pretendida perfección –pues técnicamente no está exenta de crítica- ni por pretender ubicarla en una especie de absurdo olimpo del estilo de lo que a menudo se llama «versión de referencia», ni por supuesto porque considere a esta versión «mejor» que otras sino simple y llanamente por la forma en que Nott abre un nuevo camino en un árbol de grabaciones de la obra que hasta el momento se había caracterizado por el calibre de su tronco pero por lo limitado de las ramas que nacen de él.

(...)

Fragmento de una excelente crítica, que puede leerse completa aquí.

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Mahler - Sinfonía Nº 5 - Morris

>> domingo, 28 de agosto de 2011


La Quinta de Mahler, por Morris

Este blog ofreció en su momento un recorrido por la Sinfonía Nº 5 de Gustav Mahler y sus mejores grabaciones. Sin embargo siempre pueden encontrarse nuevas versiones que representen un interés, sea por las particularidades de su grabación o por la eminencia de sus intérpretes.
Estamos ante el último de los casos, dado que el director galés Wyn Morris (1929-2010) ofreció en los años ’70 del siglo pasado una serie de versiones de sinfonías de Mahler, entre las que destacó la primera grabación de la revisión que hizo Deryck Cooke de su trabajo para completar la Décima.
En este caso ofrecemos una Quinta poco difundida, pero que vale la pena escuchar. Como en todos los casos de Morris-Mahler, la orquesta es la Symphonica of London, que el director fundar en 1965 junto con Isabella Walich, acaso la primera mujer reconocida como productora discográfica, y quien fuera titular del sello Delysé.
Versión de tempi lentos (acaso estamos aquí ante el segundo movimiento de la Quinta más lento de la discografía), propios del que es para el crítico Tony Duggan «uno de los directores más expansivos de la historia» y que registra un Adagietto subrayado de romanticismo, aunque justamente este movimiento es tocado más rápido de lo que suele interpretarse.
Una Sinfonía Nº 5 de Mahler, esta, tal vez no referencial, pero sin dudas personal y disfrutable.

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Mahler: discografía esencial. Sinfonía Nº 8 «De los mil» (3/3)

>> domingo, 10 de julio de 2011




Culminamos este viaje por la discografía esencial de la Sinfonía «De los mil» de Mahler con dos grabaciones distantes en el tiempo entre sí, pero también alejadas en cuanto a su enfoque estético.
Sin embargo, están muy cercas en esto de transmitir el espíritu mahleriano. La última de este recorrido es, para nosotros, la mejor de todas.

Una mirada filosófica
En 1998, el sello Hänssler editó en 1998 una de las dos versiones que a mi humilde parecer son las mejores de la discografía. Hablo de la dirigida por Michael Gielen al frente de la SWR de Baden-Baden, una buena plana solista y tres excelentes agrupaciones corales como lo son el Académico de Europa, el Aurelius y el infantil de Freiburgo.
En su versión, el maestro Gielen halla un camino común entre el sinfonismo, el drama y la sacralidad (no religiosidad) que exige la obra; lo cual deriva en un equilibrio pocas veces logrado. A pesar de que la SWR no se considera una orquesta de primer nivel, su nivel técnico es bastante sofisticado –herencia sin duda de Rosbaud– y Gielen obtiene de ella matices sonoros que se debaten entre el modernismo que la caracteriza y la más pura tradición postromántica.
Tal vez su lectura pueda catalogarse de psicologista, producto de sus amplios estudios en filosofía, pero que en nada demerita su conceptualización sobre la obra de un Mahler al borde del desquicio que ya consideraba recurrir a Freud... A mi criterio, una auténtica referencia.

La cumbre de la Octava
Por último, mi primera recomendación es la que puedo considerar la más alta cumbre interpretativa de la Octava sinfonía: Dimitri Mitropoulos con un excelente equipo solista, los coros de la Ópera de Viena, los Niños Cantores y la Filarmónica de Viena.
Mucho se ha hablado acerca de las imperfecciones técnicas que envuelven a esta grabación registrada en 1960, que van desde un sonido poco óptimo hasta al hecho de que –cosa de verdad extraña– la Filarmónica de Viena no suena al nivel con que nos tiene acostumbrados.
A pesar de ello, el oficio mahleriano de Mitropoulos se hace evidente en tanto que nos ofrece una versión que pareciera salida del Negro y Violeta de Kandinsky en especial por el despliegue de colores y tiempos que entreteje conforme transcurre la obra.
Sin temor a equivocarme, puedo sostener que la segunda parte de la sinfonía resulta mejor que la primera y que en la historia de las grabaciones no existe un concepto más bello y apolíneo que el vertido por el maestro ateniense. De inmediato notamos un sublime dominio de la estructura y un manejo coral que explota al máximo las posibilidades claroscuras de la partitura. Los cantantes trascienden sus papeles solistas y no es arriesgado decir que actúan sus intervenciones, lo que no es de sorprendernos viniendo de una batuta eminentemente operista y, además, nacida en la parte del mundo que acunó los orígenes de la tragedia.
A mi parecer, Mitropoulos empieza vacilante en el etéreo plano del Veni, creator spiritus, para culminar sublime conforme se acerca el nacimiento del eros al que nos lleva el último verso del Fausto.... ¿La mejor versión versión hoy por hoy de ésta sinfonía? Me atrevo a decir que sí..., aunque en búsqueda de una versión cuya primera parte me lleve a las alturas insospechadas de la segunda que firma Mitropoulos.


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Mahler: discografía esencial. Sinfonía Nº 8 «De los mil» (2/3)

>> domingo, 3 de julio de 2011



Mahler: discografía esencial. Sinfonía Nº 8 «De los mil»
Parte 2


Ofrecíamos en la anterior entrega de esta serie sobre las mejores grabaciones de la Sinfonía Nº 8 de Gustav Mahler una versión a cargo del prolífico director Neeme Järvi. Ahora continuamos con algunos de los hitos más importantes en el registro de esta complejo, multitudinaria y fascinante obra.


Documento impresionante
Una segunda recomendación estaría dada por el impresionante documento que nos legó Jascha Horenstein con la Sinfónica de Londres y los Coros de la BBC.
La grabación data de 1959 y como es habitual en los registros recuperados por la BBC no se caracteriza por la bondad de su sonido. Los coros, también es cierto, dejan mucho que desear y en muchos momentos suenan erráticos. Sin embargo, la mirada analítica y comprometida de Horenstein sobre una partitura autocompasiva y redentora como es la Octava sinfonía es del todo acertada.
Los movimientos transcurren reflexivamente y en todo momento se alcanza a percibir un profundo conocimientro de la obra. El equilibrio entre ambas partes de la obra es digno de admirarse y la calidad con que toca la orquesta es irreprochable.
Probablemente el señor David Hurwitz, en su ensayo The death of the Horenstein cult no coincididirá con mi punto de vista, pero a pesar de ello la versión de Jascha representa una de las grandes e indispensables interpretaciones dentro de la discografía disponible de la obra.

Chailly, desde Amsterdam
Una mención especial me merece el caso de Riccardo Chailly al frente de una buena planilla de cantantes, el Coro Filarmónico de Praga, el Coro de la Radio Holandesa y la Orquesta del Concertgebouw.
Puedo entenderla como una versión analítica, sí, pero no intensa. No obstante, a mi parecer, el valor de la grabación (del año 2000) está sustentado en que es un Mahler evidentemente mediterráneo y que está manejado desde una perspectiva, digamos, escénica, en donde se rescata el caracter lírico de la obra.
Y si hay algo que a menudo perdemos de vista es que, tal vez sin proponérselo, en la segunda parte de la sinfonía, su autor vuelve la mirada hacia aquel teatro prototípico en donde canto, música y poesía se unifican dando lugar a una experiencia ante todo sensual.
Es cierto, para lograrlo plenamente faltaría un libreto que ponga en movimiento a los personajes... pero si lo hubiera, entonces se acercaría al terreno operístico y la historia sería otra. Está por demás decirlo, pero baste decir no existe mejor combinación que la dupla Mahler-Concertgebouw.


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Mahler - Sinfonía Nº 10 - Litton (Festival Mahler de Estocolmo)

>> domingo, 5 de junio de 2011


Con esta grabación, tomada en vivo del Festival Mahler de Estocolmo 2010, concluimos el paseo por las 10 sinfonías de Gustav Mahler, en recuerdo de los 100 años de su fallecimiento. Y decimos «10 sinfonías» a pesar de que la que nos convoca, la Sinfonía Nº 10, no fuera terminada por el compositor. Esa cuestión tiene mucho que ver con que a pesar de que fueron varios los músicos que han completado esta obra (Deryck Cooke, Remo Mazzetti, Joseph H. Wheeler, Rudolph Barshai, Nicola Samale-Giuseppe Mazzuca) aquí se ha elegido la versión de Clinton A. Carpenter, uno de los primeros en abordar este trabajo.
El director Andrew Litton (el segundo en grabar, en 2001, la lectura de Carpenter sobre la Décima de Mahler) dirige aquí la Bergen Philharmonic, para dar cierre a este homenaje centenario a Mahler.
Por supuesto, y como ha sido en todas las obras, el diseño es de quien esto escribe, para Oído Fino.


Gracias, Meaned

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Mahler: discografía esencial. Sinfonía Nº 8 «De los mil» (1/3)

>> miércoles, 1 de junio de 2011


Mahler: discografía esencial. Sinfonía Nº 8 «De los mil»


Hablar de la Octava sinfonía mahleriana no es tarea fácil, pues en ella conviven sin problema alguno música sacra, drama, vestigios de lieder orquestales y, por qué no, la polifonía catedralicia propia del siglo XVI.
Pero además existe otro factor: su aparente decadencia refleja la crisis del hombre acual y el agotamiento de su cultura, llegando al extremo de tal vez decirnos que la búsqueda de «los mil» es en realidad la búsqueda de ese más allá del principio del placer que en Freud implica el retorno de las cosas hacia un estado evolutivo anterior.
Representada por vez primera en Munich el 12 de septiembre de 1910, con el propio Gustav Mahler dirigiendo a la Filarmónica local, la sinfonía resultó una extraña sorpresa: 171 instrumentos, de los cuales 84 eran de cuerda, ocho solistas, un coro de 500 voces adultas, 350 infantiles y un órgano monumental dieron lugar a un auténtico espectáculo que tuvo entre los asistentes a personalidades como Bruno Walter, Arnold Schönberg, Anton Webern y Leopold Stokowski. La obra tuvo un gran éxito y fue de las muy pocas con una acogida favorable en vida del compositor.



Mahler dirige un ensayo para el estreno de su Octava sinfonía


La Octava sinfonía es, en su primera parte, una gran cantata sinfónica que conserva la forma sonata y en la cual elementos bohemios y meramente vieneses, una doble fuga masiva y un estilo de marcha –característico de Mahler– unidos a un muy personal uso del acorde, dan como resultado armonías disonantes que tienden a sobrepasar el cromatismo wagneriano. Ideológicamente, en apariencia, la utilización del Veni, creator spiritus, original del Arzobispo de Mainz Hrabanus Maurus, darían a la obra el carácter sacro propio del cristianismo. Pero esto no es así. En realidad, en esta primera parte de la sinfonía, que conserva la forma sonata, y Mahler no hace sino parodiar inconscientemente la atmósfera espiritual de la monarquía en la que creció, en donde el pueblo austríaco se complacía con las demostraciones de la grandeza del Imperio y que se resumían en fastuosas ceremonias religiosas con sus subsecuentes dispendios. Son los tiempos en donde las capitales del Imperio, pero lejanas a Viena, luchan por conseguir la anhelada autonomía y conformar un estilo social que les sea propio.
Por otro lado, la segunda parte inicia como un canto a la noche que comprende partes en tempo de adagio y de scherzo. La forma de marcha se hace apenas presente y los pasajes vocales y orquestales se suceden de manera discursiva. Su estructura se acerca mucho a la forma oratorio e indudablemente conserva vestigios del romanticismo alemán. En todo momento, la temática nos indica el retorno a la tragedia y al mito. Tras una breve exposición, aparece entre brumas el epílogo del Fausto de Goethe, en donde actúan Dios y hombre, dioses y demonios, ángeles y seres míticos, en un intento de unificar realidad y símbolo en el que por el poder ilusorio del Verbo se da por hecho lo imposible. Es el nacimiento del eros hacia el que nos guía lo eterno femenino en su más cumplida integridad... un eros que Mahler entiende más allá de la carnalidad y que se acerca a lo divino que puede tener la subjetividad humana, pues no hay que olvidar que sin ella no hay testimonio de la realidad.

Las referencias
Bajo este esquema de las cosas, hablar de alguna interpretación de la Octava Sinfonía que resulte aunténticamente referencial, es tarea tanto más complicada debido a que la obra representa uno de los obstáculos con los que frecuentemente las integrales mahlerianas tropiezan. Incluso intérpretes de la talla de Bernstein, Maazel, Haitink o Kubelik no terminaron de armarla todo lo satisfactoriamente que hubiésemos deseado. Es cierto, son buenas interpretaciones y además son coherentes con sus respectivos ciclos, pero no representan algo singular en la discografía de la obra.
Otros han preferido evadirla, al menos en registro, como fue el caso de Klemperer y Karajan. Unos más habrían dado versiones memorables (Schuricht, supongo que Walter, etc.). Pero no estaba ahí la tecnología recopiladora para constatarlo.
Hay quienes han pretendido redescubrirla a partir de suponerla un producto de Hollywood (Rattle, Solti, Boulez y Shaw, entre otros). El problema es que si bien son impresionantes a la escucha y la calidad técnica de los sellos discográficos donde están grabadas es irreprochable, pueden resultar agobiantes por los excesos pirotécnicos que se permiten.
Por último, quedarán unos pocos que la entienden desde lo que es: una especie de Torre Eifel, recuerdo del zeitgeist, con todo y su ápice neopaganista que atenta contra la ideología oficial sin salirse siquiera de ella.

Un millar de suecos
Así pues, una primera y obligada escucha para aquellos que deseen adentrarse al mundo de «Los mil» estaría dada por Neeme Järvi (1994) al frente de un equipo básicamente sueco. Su interpretación es meteórica, pero sin caer en atropellamientos. Su lectura es briosa y refrescante y en todo momento hay un justo balance entre el contenido sacro-profano propio de la sinfonía. Como no podía ser menos en Järvi, su técnica es impecable y de muy alto nivel, con unos solistas que distan mucho del estrellato pero que funcionan muy bien, que es lo importante. La Orquesta Sinfónica de Gothenburgo toca con oficio y dedicación un repertorio que tal vez no les sea habitual, pero que empieza a formar parte de su repertorio.


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Mahler - Sinfonía Nº 9 - Segerstam (Festival Mahler de Estocolmo)

>> martes, 31 de mayo de 2011



Llegamos a uno de los momentos culminantes del recorrido por las sinfonías de Gustav Mahler, en el mes en que recordamos los 100 años de su muerte, gracias a esta versión de una de sus obras cumbre: la Sinfonía Nº 9. El encargado de esta lectura de gran nivel ofrecida en el Festival Mahler de Estocolmo es un director que a su vez ya ha grabado uno de los ciclos sinfónicos de Mahler que se cuentan entre los preferidos de José Luis Pérez de Arteaga: Leif Segerstam. El maestro, al mando de la Orquesta Sinfónica de Malmö, ofrece esta hermosa rendición.
La carátula, claro, es diseño de quien esto escribe, para Oído Fino.

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Mahler - Sinfonía Nº 8 - Oramo (Festival Mahler de Estocolmo)

>> viernes, 27 de mayo de 2011


Continuamos por nuestro recorrido por el ciclo sinfónico de Gustav Mahler, según las grabaciones de los conciertos ofrecidos a propósito del Mahler Fest de Estocolmo. Ahora toca el turno de la monumental Sinfonía Nº 8 «De los mil», que está interpretada por quienes acapararon la mayoría de las sinfonías del festival: la Orquesta Real de Estocolmo y su director, Sakari Oramo. La plantilla artística se completa de este modo: Olga Pasichnyk (soprano), Anu Komsi (soprano), Hannah Holgersson (soprano), Claudia Mahnke (contralto), Maria Streijffert (contralto), Mati Turi (tenor), Anders Larsson (barítono), Tuomas Pursio (bajo), Eric Ericsons Chamberchoir, Mikaeli Chamberchoir, Katarina Chamberchoir, Cappella Catharinae, Stockholms Motettchoir, Wiener Sängerknaben y Adolf Fredriks Boyskör.

La carátula es responsabilidad de quien esto escribe, para Oído Fino.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 7 - Buribayev (Festival Mahler de Estocolmo)

>> lunes, 23 de mayo de 2011


Llega a la serie dedicada a Gustav Mahler en el mes del centenario de su muerte la Sinfonía Nº 7, conocida usualmente con el sutbítulo «La canción de la noche». La lectura pertenece a Alan Buribayev como conductor de la Orquesta Sinfónica Norrkopings, en la grabación en vivo del Festival Mahler realizado en Suecia el año pasado.
Una vez más, la portada es un diseño de quien esto escribe, para Oído Fino.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 6 - Dausgaard (Festival Mahler de Estocolmo)

>> jueves, 19 de mayo de 2011


Continuamos, en el mes dedicado a los 100 años de la muerte de Gustav Mahler, con el recorrido por las versiones ofrecidas en el Festival Mahler realizado en Estocolmo en 2010. En esta ocasión, con una de las cumbres del ciclo, la sinfonía «Trágica», en una versión a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca. El director es Thomas Dausgaard, nombrado «director honorario» de esta agrupación.

Por supuesto, el diseño de la portada es obra de quien esto escribe, para Oído Fino.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 5 - Storgårds (Festival Mahler de Estocolmo)

>> domingo, 15 de mayo de 2011



En este recorrido por las versiones de las sinfonías de Gustav Mahler que se ofrecieron como parte del Festival Mahler de Estocolmo llegamos a una de las obras cruciales del ciclo, la Sinfonía Nº 5. En este caso, la interpretación (registrada en vivo) corresponde a la Orquesta Filarmónica de Helsinki, conducida por Johan Storgårds.
Una vez más, el diseño de la portada es cortesía de un servidor, para Oído Fino.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 4 - Oramo (Festival Mahler de Estocolmo)

>> miércoles, 11 de mayo de 2011


Otra vez es el director finés Sakari Oramo el encargado de aportar su cuota al Festival Mahler de Estocolmo (2010). Esta vez, con una de las obras más populares del ciclo, la Sinfonía Nº 4. La solista para el último movimiento es la soprano Anu Komsi y Oramo dirige una vez más la Sinfónica de Finlandia.
La portada, una vez más, es diseño de la casa.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 3 - Oramo (Festival Mahler de Estocolmo)

>> sábado, 7 de mayo de 2011


Como parte de la serie con el ciclo sinfónico de Gustav Mahler que ofreció el Festival Mahler de Estocolmo, arribamos a la monumental Sinfonía Nº 3. En esta ocasión, la lectura (caputara en vivo) está cargo de Sakari Oramo y la Sinfónica de Finlandia. El joven director finés ofrece una versión reconcentrada y a la vez de tempi ágiles, de cuya factura destaca especialmente la belleza conseguida en el movimiento segundo (Tempo di menuetto). También sorprende la contralto Jean Irwin, quien por alguna razón me sonó a las cantantes de esas grabaciones previas a la mitad del siglo pasado. Quizá por el estilo vigoroso y ceremonioso, quizá por la particular calidad de la toma sonora. Lo cierto es que todo contribuye a una versión para disfrutar.
Por supuesto, se ofrece aquí con portadas diseñadas exlusivamente por mí para Oído Fino.

Gracias, Meaned.

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Mahler - Sinfonía Nº 2 - Kaplan (Festival Mahler de Estocolmo 2010)

>> martes, 3 de mayo de 2011


Para seguir recordando a Gustav Mahler en el centenario de su muerte continuamos repasando las grabaciones de los conciertos en vivo que se ofrecieron en Suecia, el año pasado, como parte de un festival en su memoria. En esta ocasión nos toca la Sinfonía Nº 2, dado que iremos avanzando cronológicamente por el ciclo sinfónico.
El director elegido en el Festival Mahler de Estocolmo 2010 para esta sinfonía fue un experto en ella, a pesar de que no sea un conductor profesional: hablamos de Gilbert Kaplan, musicólogo que tiene como particularidad que casi la única partitura que dirige y ha dirigido en su vida es justamente ésta. Ya Ernesto Nosthas, en su repaso por la discografía esencial de la «Resurrección», había elegido para su podio la versión de Kaplan con la Filarmónica de Berlín. Esta vez lo escuchamos haciendo lo propio al frente de la Royal Court Orchestra, y con Miah Persson y Anna Larsson como solistas.
Como en toda esta serie, las tapas son diseñadas especialmente por Oído Fino.

Gracias, Meaned.

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Mahler - Sinfonía Nº 1 - Oramo (Festival Mahler de Estocolmo 2010)

>> viernes, 29 de abril de 2011


En el mes en que se recuerdan los 100 años de la muerte de Gustav Mahler dedicaremos todas las publicaciones de mayo en Oído Fino a versiones de su obra. Y comenzaremos en abril con la versión de Sakari Oramo, al frente de la Royal Stockholm Philharmonic Orchestra, de un concierto en vivo que formó parte del Festival Mahler de Estocolmo celebrado en 2010 (con motivo de los 150 años del natalicio del compositor).
La grabación incluye portadas especialmente diseñadas por Oído Fino. Continuaremos durante el mes próximo con el ciclo completo.

Gracias, Meaned

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Mahler - Sinfonía Nº 2 - Kubelik (DG)

>> lunes, 25 de abril de 2011


La «Resurrección» de Kubelik


Hace poco, Ernesto Nosthas nos llevó en un recorrido fascinante por la discografía esencial de la Sinfonía Nº 2 de Gustav Mahler, su preferida en el ciclo sinfónico del compositor nacido en Kaliště. Como los gustos de cada uno no coinciden siempre con el del otro, aquí propondré una de las tres grabaciones que, según mi opinión, merecerían estar en un podio de la «Resurrección».

El trío de esenciales de la Segunda que no están en la igualmente elogiable selección de Nosthas son: la versión de Hermann Scherchen con la Sinfónica de Viena, la versión de Zubin Mehta con la Filarmónica de Viena y la que hoy nos convoca: la grabación de Rafael Kubelik al frente de su Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera para el sello Deutsche Grammophon.

Registrada en el año 1969, la versión es, como todas las del ciclo, una muestra del arte de Kubelik, poco dado a tempi morosos pero capaz de ofrecer con limpidez y a la vez con profundidad los detalles de una partitura. Con esta, especialmente, quizá dio lo mejor de su ciclo (junto a su versión de la Primera y acaso del tramo central, con la Quinta, Sexta y Séptima), todo él de enorme nivel.

Destaca especialmente, para mi gusto, la labor de la contralto Norma Procter en un Ulricht de gran belleza. Completan la plantilla: Edith Mathis (soprano), y el Coro de la Sinfónica de la Radio de Baviera.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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