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Bruckner - Sinfonía Nº 8 - Rozhdestvensky (Moscú)

>> domingo, 26 de julio de 2015


El Bruckner de Rozhdestvensky


Traducción de Fernando G. Toledo

Esta entrega forma parte de una serie de grabaciones de Gennady Rozhdestvensky sobre sinfonías de Anton Bruckner [ver en Oído Fino la versión de la Sinfonía Nº 9].

Rozhdestvensky hizo un ciclo sinfónico bruckneriano completo para el sello Melodiya. Esas grabaciones se han publicado en diversas formas y en la actualidad se pueden descargar de diversos sitios (iTunes, Amazon) a un precio bastante económico.

Sin embargo, conseguir el ciclo completo del Bruckner de Rozhdestvensky siempre ha sido difícil, sea en los LP originales, en la edición de RCA Japón o en el efímero sello Venezia.

Tanto ese mencionado ciclo como la grabación que aquí se ofrece fue registrada con la Orquesta del ministerio de Cultura de la Unión Soviética.

La Sinfonía Nº 8 (ed. Haas), publicada por el sello Melodiya, se registró en 1985, pero la presente grabación fue destinada muy probablemente a un programa de radio, emitido el 8 de abril de 1984. Sólo fue publicada en dos sellos: Russian Revelations y Yedang Classics. Ambas ediciones están fuera de catálogo.

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Bruckner - Sinfonía Nº 9 - Wallberg

>> viernes, 18 de febrero de 2011


La serie de Bruckner por Wallberg

>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo

Esta descarga forma parte de una serie de paradas en las grabaciones de Anton Bruckner por el director Heinz Wallberg (1923-2004).
Aquí estamos ante una performance grabada en 1960 para la Sociedad del Salón de Conciertos, que jamás había sido editada en formato digital.
La versión de la Sinfonía Nº 9 fue grabada por la Orquesta Nacional de Viena, pero el nombre actual del ensamble es Niederosterreichische Tonkuenstler Orchestra.
La digitalización fue hecha a partir de la edición en LP del sello Concert Hall.

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Bruckner - Sinfonía en re menor - Von Gelmini

>> martes, 28 de diciembre de 2010


Bruckner, con batuta femenina

>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo


En 1975, una de las primeras grabaciones en estéreo de la iniciática Sinfonía en re menor fue grabada por el sello alemán Colosseum, y representó el debut discográfico de Hortense von Gelmini (nacida en 1947), al frente de la Nürnberger Symphoniker.
La grabación recibió buenas reseñas, y el sello decidió grabar unas pocas obras más con la directora en la batuta (Schubert y Roussel), pero los registros de Colosseum nunca salieron en CD y son, hoy por hoy, una verdadera rareza.
Esta obra y esta grabación deben de tener un valor especial para la señora Von Gelmini, si tenemos en cuenta que el disco es profusamente mencionado en su página oficial de internet.

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Bruckner - Sinfonía Nº 4 - C. Asahina

>> martes, 19 de octubre de 2010


Pieza para coleccionistas

>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo


Para los amantes de Anton Bruckner, el director Takashi Asahina está fuertemente asociado con el legado discográfico del compositor. Pero pocos saben de la existencia de un LP con una toma en vivo y una interpretación de su hijo, Chitaru, interpretando la versión de 1874 de la Sinfonía Nº 4. El LP, grabado en octubre de 1984, se ha convertido definitivamente en un objeto para coleccionistas.
La Sinfonía Nº 4 «Romántica» (primera versión de 1874) de Bruckner, entonces, con Chitaru Asahina al frente de la Sinfónica Metropolitana de Tokio.

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Bruckner - Misa Nº 3 en fa menor - Celibidache

>> lunes, 13 de septiembre de 2010


Celibidache y el honor de tocar a Bruckner en San Florián

La Misa Nº 3 en fa menor es, del conjunto de obras religiosas, y junto con el Te Deum, la más notable de las obras de Anton Bruckner. Fue durante el 6 y el 9 de marzo de 1990 cuando el genial director Sergiu Celibidache, uno de los mejores intérpretes del compositor que han sido, se instaló nada menos que en San Florián para interpretar con los solistas, y su Filarmónica de Munich, esta pieza. Los cantantes elegidos fueron Margaret Price (soprano), Doris Soffel (contralto), Peter Straka (tenor) y Matthias Hölle (bajo), quienes pusieron la voz junto al Coro Filarmónico de Munich.
Tocar en un lugar tan caro a la biografía de Bruckner, allí donde está instalado el órgano que él hizo célebre, fue lo que lo puso a Celibidache al frente de sus músicos para declamar una arenga también célebre: «¡Estamos cantando en San Florián! ¡No puede haber un honor más grande que éste!».
Los conciertos fueron rescatados por la EMI para su edición integral de las interpretaciones de Bruckner, en la etapa final de Celibidache en Munich. Aquí, el disco, un pequeño documental sobre los ensayos que derivaron en estas interpretaciones sin parangón, y una presentación de la obra, a cargo del musicólogo Stefano Russomanno.



Camino a las estrellas

>> STEFANO RUSSOMANNO

El éxito de la Misa en re menor contribuye a que el nombre de Bruckner llegara hasta los círculos musicales de Viena. En 1866, ultima su Primera sinfonía —o por lo menos la primera considerada digna de figurar en su catálogo oficial, puesto que ya había escrito dos— así como la Misa núm. 2 en mi menor. Es también una época de encuentros con compositores que habían marcado profundamente su estilo: Wagner en primer lugar, pero también Liszt y Berlioz. En la primavera de 1867, como consecuencia de una profunda depresión, ingresa en un sanatorio y muestra señales de «aritmomanía», una patológica obsesión por contar cualquier cosa: desde las hojas de los árboles hasta los compases de sus composiciones. Algunos meses más tarde, parcialmente recuperado de su enfermedad, se prepara para ocupar el puesto de profesor de Armonía y Contrapunto en el Conservatorio de Viena.



Anton Bruckner


Es entonces cuando empieza a componer en Linz la Misa Nº 3 en fa menor. Aunque finalizada en septiembre de 1867, la obra tuvo que esperar hasta 1872 antes de ser estrenada. Como era habitual en él, Bruckner volvió a revisar la partitura en sucesivas ocasiones (1876, 1881, 1883, 1890). La plantilla definitiva incluye un cuarteto de solistas vocales, un coro mixto, orquesta con cuerdas, maderas a dos y un importante despliegue de metales (4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones), además de timbales y órgano.
Es difícil sustraerse a la tentación de no ver en esta misa un eco de los recientes sufrimientos del compositor. Lejos del menor asomo de grandilocuencia, los compases iniciales del Kyrie dan muestra de un sorprendente intimismo. Un lirismo melancólico y velado impregna la conducta de las cuerdas y luego del coro, que se expresan por murmullos, como replegados en sí mismos, desarrollando por imitaciones un motivo descendente de cuatro notas. Las sucesivas invocaciones del Kyrie aportan poco a poco un creciente fervor, aunque dentro de dinámicas relativamente suaves. La sección central Christe posee un tono algo más caluroso: un destacado protagonismo tiene al principio el violín solo, cuya ornamentada línea se entremezcla con las intervenciones de los solistas vocales. El coro permanece al principio en un segundo plano, luego participa con creciente intensidad. La última sección Kyrie se mueve entre estados de ánimo ensimismados y otros vigorosos. Aunque en determinados momentos se alcanzan cumbres de notable intensidad, la pieza finaliza en el clima apagado del comienzo.
Otro aire se respira en el arranque jubiloso y ascendente del Gloria. Toda la primera parte es un enorme hervidero sonoro lleno de fervor y exaltación hasta llegar al «Qui tollis», donde el compositor recupera tonos introspectivos. El diseño ascendente de los violines acompaña las intervenciones —ahora afanosas— del coro. Maravilloso es el efecto cambiante que Bruckner logra sobre las palabras «miserere nobis».
El Gloria se termina con una impresionante y grandiosa fuga («in gloria Dei Patris») en donde voces e instrumentos despliegan todo su poderío. El compositor corona aquí el sueño romántico de una música contrapuntística con un pie en el pasado (Palestrina, Bach) y otro en el presente, cuya traducción sonora se alimenta de una robustez sonora sólo al alcance de las plantillas vocales e instrumentales de la segunda mitad del siglo XIX.
El Credo arranca con un fervoroso carácter afirmativo, marcado por golpes del timbal. Un acusado contraste marca la dulzura del amplio «Et incarnatus est», donde de nuevo el violín solista interviene en combinación con el tenor y la viola. A la voz del bajo es encomendado en cambio el «Crucifixus» que dialoga con el coro. El «Et resurrexit» revitaliza el discurso y tiende un gigantesco puente que desembocará, como ya había ocurrido en el Gloria, en una nueva fuga final de esplendoroso relieve. Siendo ésta la sección más amplia de la misa, Bruckner maneja su arquitectura con férreo control. Así, las palabras «Et in Spiritum Sanctum» retoman los compases iniciales del Credo. Las voces solistas tienen su momento de lucimiento en «qui locutus est per prophetas », episodio de estricta observancia polifónica, y reaparecen en los últimos compases antes del apoteósico cierre del tutti.
Al igual que el Kyrie, el arranque del Sanctus vuelve a sorprender por sus acentos delicados, mágicamente transfigurados por las irisaciones del acompañamiento orquestal. El estallido llega a las palabras «Dominus Deus Sabaoth» sobre vigorosos diseños de las cuerdas.
El «Hosanna in excelsis» es una página brillante, donde las invocaciones de la soprano son retomadas por el coro. Un oasis lírico representa el Benedictus, en donde Bruckner escoge el modo mayor. Un pasaje de esta sección será reutilizado por el compositor en el Adagio de su contemporánea Sinfonía Nº 2, lo que no hace sino confirmar la continuidad de fondo entre su producción sacra y sinfónica.
Tradicionalmente asociado con la expresión de un dolor interior, el Agnus Dei retoma el tono doliente e introvertido que había caracterizado ya el Kyrie, del que retoma el diseño descendente de cuatro notas en un contexto de intenso cromatismo armónico. Grandes contrastes de densidad –explosiones del tutti se alternan con pasajes A cappella– y de dinámicas vertebran esta última sección. La reaparición del sujeto de la fuga conclusiva del Gloria y del tema inicial del Credo otorga al Agnus Dei un papel de recapitulación de la Misa entera. Los compases finales finalizan la obra tal como se había abierto: en un silencioso murmullo.

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Bruckner - Sinfonía Nº 5 - Harnoncourt (WPO)

>> viernes, 20 de agosto de 2010


La «catedral sonora»

>>ARTURO REVERTER

Bach, Beethoven y Schubert, con no pocas incrustaciones de Wagner, están, y se ha admitido siempre, en la base musical de las sinfonías de Bruckner, aunque no se pueden negar ciertas influencias de Liszt, sobre todo en lo que respecta a la técnica de la continua variación temática a partir de permanentes efectos de reflexión y refracción del motivo musical. Hay quien ha señalado también, de manera muy pertinente, que en muchos fragmentos se aprecia la impronta de algunas imágenes fantásticas o fantasmagóricas de Berlioz.
Deryck Cooke mantenía que Bruckner hace suyos los valores de la sinfonía clásica aunque dándoles una nueva medida, un estilo propio, «un tipo de experiencia sinfónica que ningún otro compositor ha sido capaz de proporcionarnos». No es ya que amplíe el número de temas –no se atiene nunca a la contraposición entre dos o al desarrollo variado de uno solo, como Haydn o Mozart–, es que practica una organización temática por grupos, por bloques. Ni tampoco es que modifique la estructura básica del esquema sonata –exposición, repetición, desarrollo, reexposición, coda– de los primeros y últimos movimientos; lo que hace es una total reelaboración de tal secuencia, y así, llega a solapar, a mezclar, a fundir el periodo central, la tradicional Durchführung, con el de la correspondiente reexposición; ambos acaban por ser en sus postreras sinfonías uno solo.
Todo lo cual lleva aparejado un aumento de la extensión y una potenciación, multiplicación y complejidad de las relaciones armónicas, una exaltación de procedimientos orquestales de nuevo cuño que dotan a las texturas de un colorido y densidad inesperados, no reñidos con la transparencia o con la delicadeza propia de la música de cámara. A lo que hay que añadir una rítmica de rara agresividad, que recuerda en algunos Scherzi de la última época a determinadas células del joven Stravinski, conectados con esquemas arcaicos provenientes de antiguas danzas, que el autor emplea dentro de los cálidos motivos de ländler (conexión schubertiana).
La Quinta Sinfonía, que es ya obra de madurez, se atiene a la mayoría de estos presupuestos. Es la gran conclusión tras las anteriores y ya vastas obras. En esta «gigantesca catedral sonora», en palabras de Halbreich, se concentra la inconmovible fe del músico, hasta el punto de que la inmensa partitura ha podido ser considerada como un acto espiritual, una demostración de amor a Dios, en tal sentido preludio de la inacabada Novena. Por ello, en ocasiones, teniendo en cuenta también el uso del coral, ha sido bautizada con los nombres de Sinfonía de la Fe o Sinfonía Coral. Comparada con la precedente y exultante númer 4, ésta es más recogida, concentrada, espartana, severa. El compositor hace gala de un estilo contrapuntístico que no se conocía, en la gran orquesta, desde Bach.
La partitura quedó terminada el 4 de enero de 1878 y sobre ella se basan las modernas ediciones auténticas de Haas y Nowak. Bruckner nunca la llegó a conocer pues se encontraba muy enfermo cuando Franz Schalk la dirigió en Graz el 8 de abril de 1894. Este discípulo, aunque de manera bien intencionada, y ante la pasividad habitual del maestro, practicó en la obra sangrantes cortes, que desfiguraban sobre todo el cuarto movimiento. Era necesario abreviar ya que en aquella sesión se incluían asimismo una obertura de Beethoven, el Concierto en Mi menor de Liszt y la obertura de Los maestros cantores de Wagner (¡).
La introducción, única en la producción bruckneriana, es un Adagio en el que figuran en germen los principales motivos y que viene inaugurado por unos pausados y misteriosos pizzicati en corcheas de los violonchelos sobre los que se eleva un tema largo y tranquilo enunciado por violas y violines (típico tenuto del autor). Un arpegio descendente y un tema coral derivado, en blancas, cantado por los trombones y contrapunteado por las trompetas, deja el camino expedito al Allegro y a los grupos temáticos que lo conforman. Iremos al grano en esta sintética descripción. Abre el fuego el tema A en una frase heroica de violas y chelos, inmediatamente retomada a plena orquesta. El grupo B, más lírico —el llamado grupo de canto—, es una nueva versión del Adagio inicial. El grupo C se descompone en dos figuras, la primera en la flauta, la segunda, en ff, en el tutti, ritmada en corcheas punteadas. Tras un viaje por cinco tonalidades distintas, se inicia el desarrollo, que trabaja sobre C y el tema motriz A.
Rotundos contrastes marcan el pasaje. La reexposición, abreviada, que comienza con dos repeticiones del coral, conduce a una coda que maneja dos ostinati: cabeza de A y el arpegio introductorio de la obra. Un solo de oboe, una figura interválica recurrente en Bruckner (cuyas cinco primeras notas reproducen un diseño de las trompas en el coral introductorio), sostenido por pizzicati, conforma el primer tema del Adagio en Re menor, que sigue una estructura clásica de sonata ABABA con la típica peroración final. La figura que abre el Scherzo es idéntica, bien que molto vivace, a la correspondiente del movimiento anterior. El tiempo posee una demoníaca acentuación. Observamos en su curso un ländler ligero y lírico cantado por los arcos y una serie de explosiones de inusitada fuerza rítmica coronadas por una eléctrica coda. El trío tiene un sabor arcaizante y pastoral.
El Finale es un auténtico monumento de vasta complejidad. Sucesivamente, se presentan, a lo largo de sus 635 compases, tres grandes macrogrupos: 1. Introducción, Exposición, Exposición del desarrollo (hasta el compás 222); 2. Fuga (primero simple, después doble), que se extiende a lo largo del desarrollo y de la primera parte de la recapitulación (hasta el compás 397); 3. Desarrollo conclusivo, que cubre el final de la recapitulación y la coda.
Un esquema para el que hemos recurrido a lo establecido por Claude-André Desclouds y que no podemos desarrollar aquí. Simplemente digamos que el Adagio introductorio utiliza la misma música del comienzo de la obra, con la incorporación del clarinete que, por dos veces, expone el inicio —una figura abrupta de seis notas con un silencio de negra en medio— del primer gran tema del movimiento, que será sujeto 1 de la fuga. Enseguida aparece un primer recuerdo del tema A del movimiento de apertura, el leitmotiv de la obra y a continuación una evocación en el oboe del primer tema del Adagio. Estamos en pleno proceso de recuperación beethoveniana, de configuración de una estructura cíclica, que pronto se entremezclará con la de la fuga. Dos grandes temas o grupos de temas, B, lírico y ligero, y C, un gran coral enunciado por los metales en toda su intensidad, irán apareciendo. En el compás 270 da comienzo la doble fuga en la que los dos sujetos se alternan y combinan prodigiosamente y en la que Bruckner juega con sus imitaciones y sus cabezas. Tras la recapitulación, en el compás 548, se edifica sobre A el crescendo que introduce la coda y que da paso al coral C, que incorpora enseguida una majestuosa sección, una inmensa peroración que canta a los cuatro vientos ambos temas en contrapunto. Por último, las trompetas claman un recuerdo del leitmotiv y el tutti se cierra con similares acordes a los que remataban el primer movimiento y con un retumbar de timbales que parecen anunciar el fin del mundo. Bruckner llegó a pensar en la posibilidad de reforzar el conjunto instrumental, aumentar las maderas y ampliar los metales. Los directores actúan habitualmente con bastante libertad. Jochum, por ejemplo, siguiendo el ejemplo de Schalk, partía del compás 583 con 11 instrumentos complementarios: 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones y tuba baja. El discípulo de Bruckner situaba este grupo de refuerzo (al que llamaba «Los 12 Apóstoles», buscando una dimensión falsamente espiritual a la obra), en la parte superior, sobre la tribuna del órgano, a fin de dar un mayor empaque y teatralidad al fragmento. Solución heterodoxa y nada convincente.

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Como ejemplo de la Sinfonía Nº 5 de Bruckner podemos escuchar la peculiar versión de Nikolaus Harnoncourt, al frente de la prestigiosa Wiener Philharmoniker, en un disco doble que ofrece, además, fragmentos de los ensayos previos a esta grabación en vivo (tomada de los conciertos ofrecidos entre el 7 y el 14 de junio de 2004, en el Musikverein de Viena).



Rudolf von Alt: Vista del Stephansdom.

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Bruckner - Sinfonía Nº 2 - Reichert

>> viernes, 30 de abril de 2010



Una Segunda jamás editada en CD


>>JOHN BERKY
Traducción de Fernando G. Toledo


Este disco es una hermosa interpretación de la Sinfonía Nº 2 de Anton Bruckner a cargo de Hubert Reichert y la Westphalian Symphony Orchestra de Recklinghausen.
La grabación salió en un LP Turnabout (TV-34415S), en los años ’70.
Reichert grabó una Sexta de Bruckner con el mismo ensamble orquestal y esa grabación ha aparecido en numerosos CD económicos, pero este registro de la Sinfonía Nº2 jamás fue publicado en CD.

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Bruckner - Sinfonía Nº 8 - Furtwängler (WPO)

>> viernes, 19 de marzo de 2010


Bruckner, a la manera de Furtwängler

Si la Sinfonía Nº 8 de Anton Bruckner es una de las cimas de la historia de la sinfonía, esta interpretación de Wilhelm Furtwängler de la monumental partitura (1954, en vivo) es una de las cimas de la discografía bruckneriana. Una cima sólo equiparable, quizás, a las versiones legadas, con otro pulso, por Bernard Haitink (dos: con la Wiener Philharmoniker y con la Royal Concertgebouw Orchestra) y con la sideral lectura de Sergiu Celibidache al frente de la Münchner Philharmoniker, en el sello EMI.
Furtwängler hace de la Octava de Bruckner, con la Wiener Philharmoniker, un verdadero derrotero hacia el valle de la emoción. Un recorrido emotivo, en el sentido de que su lectura es de a ratos nerviosa, de a ratos contemplativa, en momentos dolorosa: es decir, en esta obra, el director expone como en una cátedra su marca de estilo.
Como hemos hablado ya de esta partitura, no queda más que decir que estamos ante una versión absolutamente referencial de esta obra maestra.

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Bruckner - Sinfonía Nº 9 - Rozhdestvensky (Moscú)

>> martes, 23 de febrero de 2010



La temprana Novena de Rozhdestvensky


>>JOHN BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo

Durante los años 80 del siglo XX, Gennadi Rozhdestvensky grabó un ciclo muy completo de las sinfonías de Bruckner para Melodiya Records, con la Orquesta del Ministerio de Cultura de la Unión Soviética. Ese conjunto de grabaciones ha sido editado pocas veces en CD. Igualmente, Rozhdesdvensky también grabó algunas sinfonías de Bruckner con la Sinfónica de la Radio de Moscú. Algunas de ellas fueron editadas en LP y algunas salieron mucho después en CD de Russian Revelation y Yedang. A pesar de ello, la Sinfonía Nº 9 (registrada en mayo de 1970) nunca ha sido publicada desde cierta edición de sellos europeos y del sello económico estadounidense Westminster Gold. El LP Westminster tiene una arte de portada muy atractivo, pero la imagen de esta descarga proviene de una edición europea mejor impresa.

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Bruckner - Sinfonía Nº 3 «Wagner» - Goehr

>> sábado, 30 de enero de 2010


Ignota grabación de la Sinfonía «Wagner»

«Si hay alguien que tenga ideas sinfónicas después de Beethoven, ése es Bruckner», sentenció, con magnánima autoridad, Richard Wagner. No se puede dudar de que el sentimiento de admiración del autor de Las Valquirias fuera genuino, pero tampoco caben dudas de que la admiración de Anton Bruckner para con Wagner era muchísimo mayor.
El organista de San Florián consideraba a Wagner el genio musical mayor de su tiempo, devoción que le valdría acabar entre los dos fuegos en que se debatía la guerra musical de su tiempo (los años ’60 y ’70 del 1800), es decir, a la antinomia estética entre los partidarios de Johannes Brahms y los de Richard Wagner.
Como fuera, y a pesar del carácter pusilánime de este devoto católico, a Bruckner no le minó en nada la fuerza compositiva esta lucha fútil entre gustos musicales y fue así que en 1873, diez años después de haber entrado en contacto con la música de Wagner al asistir en Linz al estreno de Tannhäuser, Bruckner dedicó su Tercera sinfonía a su admirado autor. Fue precisamente en el año en que el músico de Ansfelden conoció personalmente al creador de Tristán e Isolda (ópera recién estrenada), en una entrevista en que declaró su admiración y hasta tuvo la delicadeza de pedirle autorización para imprimir la dedicatoria en su Sinfonía Nº 3. Por supuesto, Wagner accedió.
Es esa dedicatoria la que autoriza a subtitular esta obra como Sinfonía Wagner, mucho más que la influencia o sonoridad puntual que del compositor alemán pueda percibirse. De hecho, estamos en un momento en que Bruckner está por dar el gran paso hacia la grandeza (la madurez que significará la Sinfonía Nº 4 «Romántica»), y sin embargo podemos apreciar los rasgos personales que marcarían la obra bruckneriana: la tremenda expresividad, la profundidad de su Adagio, la aparición «desde las sombras» del movimiento inicial).
Para disfrutar de esta obra hemos elegido una versión apenas conocida en estos tiempos, y no editada aún en CD, pero que ha puesto a nuestra disposición el especialista en Bruckner John F. Berky.
A él corresponde el salvataje desde el vinilo de esta lectura, registrada 1954 por el efímero sello de la Sociedad de la Sala de Conciertos. Se trata de la edición Raettig de la partitura, a cargo de Orquesta Filarmónica de la Radio de Holanda (la misma del ciclo Mahler por Edo de Waart), dirigida por Walter Goehr.

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Bruckner - Sinfonía Nº 7 - Hindemith

>> jueves, 21 de enero de 2010



>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo

Esta performance de la New York Philharmonic, grabada el 28 de febrero de 1960, fue editada en el sello Baton (LP # 1003). El sello Baton tuvo corta vida (sólo diez discos), pero nos dio un importante documento musical: Paul Hindemith como director de la Séptima de Bruckner. El compositor grabó el primer movimiento con la Chicago Symphony Orchestra, en los estudios de televisión de la cadena WGN, video que está actualmente disponible en DVD. Existe también una excelente grabación de una interpretación de 1955, con la Rundfunk-Sinfonie-Orchester Stuttgart.
En el concierto de la New York Philharmonic, Hindemith hizo una presentación de la obra. Esta presentación, que fue parte del programa, está incluida en este registro [que se puede descargar a continuación].

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Bruckner - Sinfonía Nº 8 y obras para órgano - Jochum (Bamberger) + Kropfreiter

>> domingo, 3 de enero de 2010



>>JOHN F. BERKY
Traducción de Fernando G. Toledo

Lo que ofrecemos proviene esta vez del LP ORF (L 2955), que fuera reeditado a mediados de la década de 1980. Dicho sello proporcionó numerosas grabaciones realizadas con su propia producción en San Florián. El disco incluye la Sinfonía Nº 8 de Anton Bruckner con la Bamberger Symphoniker, dirigida por Eugen Jochum el 12 de junio de 1982, y un extenso recital con música para órgano compuesta por Bruckner e interpretada por Augustinus Franz Kropfreiter en el mismísimo «Brucknerorgel».

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Bruckner - Sinfonía Nº 9 (final Carragan) - Soudant

>> viernes, 6 de noviembre de 2009



>>JOHN F. BERKY
Traducción de Fernando G. Toledo

Con esta descarga estamos ante la primera grabación comercial y estreno europeo de la Sinfonía Nº 9 [de Anton Bruckner] con el Finale preparado por William Carragan. La interpretación tuvo lugar el 16 de abril de 1985, a cargo de la Utrecht Symphony Orchestra dirigida por Hubert Soudant. La grabación fue publicada en dos discos LP en estéreo, editada por la USO y la NCRV (Radio Danesa). Nunca fue editada en CD. Algo para resaltar es que se trata de la primera versión preparada por Carragan. La versión revisada está disponible en un CD Dela dirigida por Akira Naito.
La presente grabación se realizó en el Musiekcentrum Vredenburg (Utrecht) y el LP figura con el sello USO/NCRV LP 6818 498/499.


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Bruckner - Sinfonía en Re menor Die Nullte - Spruit

>> jueves, 22 de octubre de 2009



>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo

A principios de los ’50 del siglo pasado, Concert Hall fue un gran sello para la música de Bruckner. Aquí ofrecemos otras de sus ediciones. Ésta puede ser la primera grabación comercial de la Sinfonía en Re menor completa. Una grabación del Scherzo había salido a la luz en disco de 78 con Fritz Zaun al frente de la Orquesta de la Ópera Estatal de Berlín y Heinz Bongartz hizo una grabación radial en 1950 con la Filarmónica de Dresde, pero esta grabación editada comercialmente por Henk Spruit y la Orquesta del Salón de Conciertos data de 1952. La grabación salió por diferentes sellos en distintos países (Concert Hall Society, Nixa y Music Masterpieces Society), pero el número de catálogo (1142) fue siempre el mismo.
Los datos son, entonces, los siguientes:
Anton Bruckner: Sinfonía en Re menor Die Nullte. Concert Hall Society Orchestra (integrada por miembros de distintas orquestas holandesas), dirigida por Henk Spruit.

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Bruckner - Sinfonía Nº 7 - Sanderling (OSRD)

>> lunes, 10 de agosto de 2009


>>JOHN F. BERKY
Traducción de Fernando G. Toledo

A lo largo de su carrera, Kurt Sanderling hizo de la Sinfonía Nº 7 de Anton Bruckner su especialidad. La interpretó numerosas veces y la grabó otras tantas. Mientras que sus grabaciones han sobrevivido en los catálogos, una de ellas tuvo corta vida y nunca recibió su edición en CD. Hablamos del registro junto a la Orquesta Sinfónica de la Radio Danesa, que fue editado por el sello Unicorn Records en el Reino Unido.
La grabación fue realizada en la Sala de Conciertos de la Radio Danesa el 13 y el 14 de enero de 1977, y publicada como Unicorn RHS-356.

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Bruckner - Sinfonía Nº 8 - Haitink (RCO 120 años)

>> sábado, 1 de agosto de 2009



Haitink, en las cimas de Bruckner

Cuando el gran director holandés Bernard Haitink habla de Anton Bruckner, deja de hacerlo como profesional. Habla como alguien a quien la música del compositor austríaco emociona y deja en segundo plano todo academicismo: «Bruckner me da la impresión de estar en la cima de una montaña, sobre los árboles, en una suerte de paisaje inmenso y una atmósfera muy clara y limpia», ha dicho Haitink alguna vez.
Si se es amante de Bruckner no cabe duda que, al revisar su obra, la Sinfonía Nº 8 emerge con su imponencia, con su carácter ineluctable de cumbre del sinfonismo romántico. Y ha de ser por ello que de Haitink, quien la ha dirigido en numerosos conciertos al frente de las más variadas agrupaciones, contamos con un nutrido número de versiones de la Octava –nada menos que 11 (*)–, algunas de altísimo nivel. Entre estas últimas aparecen las correspondientes a su primera entrega con la Royal Concertgebouw Orchestra y también a la segunda (y más reciente), además de la madura versión junto a la Wiener Philharmoniker. No debe dejarse de lado otra, en vivo y de 2003, con la Staatskapelle Dresden.
Como fuere, se sabe que si Bruckner es una de las pasiones de este a veces parco director neerlandés, y que la orquesta real de Amsterdam una de las que lleva atado para siempre (por su relación histórica), el nombre de Haitink, las versiones que primero van a atraernos serán las que combinen ese terceto de magnitudes acordes a las de esta hermosa partitura de madurez del genial sinfonista.
Pues tenemos aquí nada menos que otra versión para agregar al collar bruckneriano de Haitink, y es la que ha puesto a disposición de los oyentes la RCO por su 120º aniversario. Es, por supuesto, y en muchos aspectos, una versión casi idéntica a la del disco del sello RCO Live (RCO 05003), en ese caso un SACD, con la misma fecha de tomas (de los conciertos del 18 y 20 de febrero de 2005). Estamos pues ante un verdadero lujo sonoro, al punto que la orquesta decidió comercializarla en un formato de mayor calidad.
En esta Octava de madurez de Haitink (como si las otras suyas no lo fueran, sobre todo aquella del sello Philips con la WPO), oímos a un director que, como en otras nuevas versiones suyas de piezas ya grabadas, tiende en la ampliación de los tempi. En este caso, el resultado es de gran altura, pues el director y la orquesta se entienden como si fueran uno solo, y la batuta se permite exprimir las sutilezas que una maquinaria como la de la Royal Concertgebouw es capaz de conseguir: oígase ese inicio desde las brumas, oígase el Scherzo (recordemos que estamos ante la versión Haas de la sinfonía), oígase el devastador Adagio, óiganse los timbales del último para convencerse de ello. Si esta lectura es mejor que la de Viena para Philips es algo para discutir, pero que la versión es capaz de «ponernos en la cima de una montaña», de ello no caben dudas.
La Sinfonía Nº 8 de Bruckner tiene, en la discografía, auténticos hitos, a cargo de batutas como las de Furtwängler, Celibidache, Karajan (con la Filarmónica de Viena) o Sinopoli. Pero hay que oír el Bruckner de Haitink para aceptar que él es, también, uno de los «dueños» por antonomasia de esta obra maestra.
Aquí presento una versión con las portadas originales a la que le he agregado los cortes entre movimientos que no ofrece la descarga de la RCO. El sonido es tan excelso que merece trasladar esta grabación a sendos CD (por la extensión de la obra). Recomiendo no repartir los movimientos mediante una lógica matemática (dos en un disco, dos en el otro), sino seguir la división que hizo la RCO para su edición en SACD: los tres movimientos en el primer disco y el último (con los aplausos), en el segundo. Ello permite una apacible pausa tras el Adagio que deja afrontar con más entereza los acordes del movimiento final.

Bruckner - Sinfonía Nº 8 - Haitink (RCO 120 años)


(*) Según la discografía recopilada por John F. Berky, las versiones de Haitink (sin contar la de este artículo) son las siguientes, según orquesta, año y sello:

  • Concertgebouw Orchestra (1969) Philips
  • Concertgebouw Orchestra (1970) World Music Express
  • Concertgebouw Orchestra (1979) SunJay Classics
  • Concertgebouw Orchestra (1981) Philips
  • European Youth Orchestra (1989) Digital Co.
  • Bayerische Rundfunk Sinfoniorchester (1993) SunJay Classics
  • Wiener Philharmoniker (1995) Philips
  • Boston Symphony Orchestra (1998) Karna Musik
  • Staatskapelle Dresden (2002) Hänssler
  • Royal Concertgebouw Orchestra (feb. 2005) RCO
  • Royal Concertgebouw Orchestra (may. 2005) Karna Musik

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20 años sin Karajan

>> jueves, 16 de julio de 2009


Berlín. (DPA)- A veinte años de su muerte, el 16 de julio de 1989, el legendario director de orquesta austriaco Herbert von Karajan sigue siendo sinónimo de música clásica. Sus discos compactos llenan los estantes de las disquerías y los sellos tienen más de 800 grabaciones en sus catálogos. Karajan sigue siendo un buen negocio.
A la distancia de dos décadas, el director parece pertenecer a otra era y haber sido precursor de nuevos tiempos. Karajan apostó hace mucho tiempo por el efecto pletórico de imagen de sus actuaciones y abrió las puertas de la televisión a la música clásica.
Ojos cerrados, melena plateada, jersey de cuello alto: el maestro atraía las miradas. Fue fundador del culto multimediático a las estrellas de la música erudita de Mozart, R. Strauss, Bach, Beethoven y tantos otros.
Enamorado de la tecnología, descubrió muy pronto las posibilidades de los multimedios. Una grabación de un ensayo de Walkiria de Wagner con la Filarmónica de Berlín catapultó al disco al éxito. El legendario presidente de la Sony Akio Morita no tuvo que convencer mucho a su amigo Karajan para embarcarse en lo que entonces constituía todo un experimento.
La imagen de patriarca de orquesta de Karajan ha quedado un tanto obsoleta. El actual director de la Filarmónica berlinesa, el británico Simon Rattle, adopta más el papel de uno entre iguales.
Aún cuando los críticos recomiendan a todo amante de la música clásica la compra de muchas grabaciones de Karajan, por ejemplo de obras de Brahms o Bruckner, el «sonido de banda ancha» es de una época pasada en la que se creía que había un ideal de sonido más allá de la interpretación de la obra en particular.
La imagen de Karajan se vio empañada tras la muerte del director al conocer el gran público su estrecha relación con el Partido Nacionalsocialista del dictador Adolf Hitler. Karajan se afilió a los 26 años cuando fue nombrado director musical de la orquesta de Aquisgrán, el más joven de Alemania.
Su cercanía a los nazis le sirvió para hacer carrera. En 1937 debutó con Tristán e Isolda en Viena; un año más tarde dirigió Fidelio en Berlín. Ya en aquel entonces, los diarios hablaban del «milagro Karajan».
Los nazis lo respaldaron como contrapeso a Wilhelm Furtwängler, de cuya lealtad desconfiaban. El jerarca nazi Hermann Göring lo adoptó como protegido, mientras que el jefe de propaganda Joseph Goebbels prefería a Furtwängler, a la sazón director de la Filarmónica de Berlín.
El Tercer Reich, que obligó a huir a directores como Erich Kleiber, Fritz Busch y Otto Klemperer, ofreció a Karajan múltiples posibilidades de realización.
Más tarde, el director trataría de relativizar su afiliación a los nazis alegando que había sido la condición para obtener el puesto en Aquisgrán. Tras la guerra los aliados le prohibieron ejercer durante un año.
Karajan partió rumbo al extranjero. Primero fue a Italia y posteriormente a Londres. Allí trabajó junto con la Philarmonia Orchestra, fundada por el productor Walter Legge expresamente para grabar discos.
En 1955 hizo realidad el segundo «milagro» al suceder a Furtwängler en la Filarmónica de Berlín, a la que fue fiel hasta su muerte.
Después llegaron los viajes con la afamada orquesta. En el cénit de su poder se enfrentó a los músicos de la Filarmónica que se rebelaron contra la decisión de imponerles a la clarinetista Sabine Meyer.
Tras un largo tira y afloja, Karajan acabó cediendo y presentando la renuncia. Se retiró a su casa cercana a Salzburgo donde murió a consecuencia de un infarto cardíaco.

A continuación, la última grabación de Karajan: una Séptima de Anton Bruckner que en su momento publicara en su blog nuestro amigo elcuervolopez, con ensayo de Nosthas.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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