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Brahms - Sinfonía Nº 1, Variaciones Haydn - Giulini

>> lunes, 9 de julio de 2012



A Johannes Brahms

Yo, que soy un intruso en los jardines
Que has prodigado a la plural memoria
Del porvenir, quise cantar la gloria
Que hacia el azul erigen tus violines.
He desistido ahora. Para honrarte
No basta esa miseria que la gente
Suele apodar con vacuidad el arte.
Quien te honrare ha de ser claro y valiente.
Soy un cobarde. Soy un triste. Nada
Podrá justificar esta osadía
De cantar la magnífica alegría
–Fuego y cristal– de tu alma enamorada.
Mi servidumbre es la palabra impura,
Vástago de un concepto y de un sonido;
Ni símbolo, ni espejo, ni gemido,
Tuyo es el río que huye y que perdura.  

Jorge Luis Borges
En La moneda de hierro (1976)

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Brahms - Réquiem alemán - Giulini (WPO)

>> sábado, 25 de diciembre de 2010


Una misa para los hombres, no para los dioses

>>VÍCTOR M. BURELL


«Bienaventurados los que lloran
porque ellos serán consolados»
(San Mateo V, 4)

Con estas palabras de San Mateo comienza el Réquiem alemán. Desde la contemplación puramente musical que de la muerte hiciere Mozart, sin omitir los pasajes de la ira divina para los condenados, han pasado bastantes años, hasta que en 1867 ven la luz los tres primeros movimientos de la que terminaría siendo partitura más extensa del compositor de Hamburgo.
Muchos análisis perciben a Johannes Brahms como un hombre hermético. No creo que sea ése el término adecuado. Aquel alemán del norte, que encontró en Viena su verdadera casa, era introspectivo; pero la calidad sentimental y la bonhomía le hacen próximo, con esa proximidad que jamás se resquebraja.
La macroobra es la traducción más directa de aquel carácter transcendente aunque elemental, infantil en muchos de sus presupuestos entre los que destaca la fidelidad. Frente a la carga religiosa de la muerte, que ya había informado otras misas de réquiem desde la fundamental de Guillens, Brahms reafirma el lado humano de la cuestión, su música rubrica la meditación tranquila de los vivos sobre el paso hacia la muerte.
Es cierto que el delicado intimismo, aún sin dolor, vendrá después con la extraordinaria pieza de Fauré; pero ya aquí, la vivencia de lo inmediato (la muerte siempre puede serlo) contiene los elementos de paz y de consuelo que proporciona lo inevitable.
Toda carne es como hierba, y toda gloria del hombre como la flor de la hierba; aquélla se seca y la flor cae... Tened paciencia hasta la venida del Señor. El afecto y la admiración del joven Brahms por Schumann, inmediatamente después de que con veinte años se le acogiera en su casa de Düsseldorf, duró toda la vida. Schumann moría en 1856 y el segundo movimiento del Réquiem data de 1857, por lo que Kalbeck, biógrafo del compositor, sugiere que la obra nace como proyecto de homenaje al amigo. Lo cierto es que el nombre sí sale del Libro de proyectos del creador de Escenas infantiles. El fallecimiento de su madre, con la que no llega a contactar en el momento de su muerte por algunas desavenencias que les tuvieron separados varios meses, precipita la necesidad de acabar la composición ya iniciada. Corría el mes de febrero de 1865. Brahms no componía con facilidad, volvía una y otra vez sobre las obras, de ahí el retraso de su mundo sinfónico, pero al fin, el 18 también de febrero de 1869, se estrena en Leipzig el monumental Réquiem que alcanzaría pronto una veintena de audiciones dentro de Alemania, para no tardar demasiado en saltar a Londres, San Petersburgo y París. Los acentos de dolor se confundían con la fe, propiciando una resignación estoica que seguía la línea de las grandes misas de difuntos alemanas, como la de Schutz o la Cantata núm. 106 (Actus Tragicus) de J. S. Bach.
Cristo no aparece en los textos elegidos (Salmos, Isaías, Evangelios de San Mateo y San Juan, Epístolas de San Pablo a los corintios y a los hebreos, de San Pedro y Santiago y Apocalipsis) que se distribuyen en siete movimientos entre los que el cuarto, con la visión idílica del Paraíso, es el centro sobre el que gira el resto, empezando por «Bienaventurados los que lloran» (ya citado primer movimiento) y terminado por el último (núm. 7) «Bienaventurados los muertos», cerrándose así el ciclo.
Los números segundo y sexto tratan de lo transitorio de la vida terrena y la gloria del más allá, y el tercero y el quinto referencian la paz y el consuelo. En el tercero y sexto aparece el barítono y la soprano en el quinto, añadido más tarde seguramente como mención de la madre desaparecida: Como aquél al que consuela su madre, así os consolaré Yo a vosotros.
La independencia pues del modelo tradicional, procedente del servicio fúnebre latino de la Iglesia Católica, es evidente. La elección de textos alemanes de la Biblia traducida por Lutero, connota el destino del oficio. Se pasa sobre los difuntos amenazados por el Juicio Final hasta nosotros, los vivos, a los que cuando llega el momento último de la existencia se aporta la paz de la bienaventuranza.
Musicalmente hablando, el Réquiem se abre con una discreta orquestación, omitiéndole los sonidos brillantes de violines, clarinetes, trompetas... para que las voces del coro cobren una dimensión aérea, casi desencarnada.
El segundo movimiento contrasta fuertemente con el anterior al utilizarse timbres más brillantes que en el primero. Los violines se dividen en dos secciones, luego se pasa a la sordina y a pianissimos en contrastes de luces y de sombras que devienen finalmente en un himno de alegría.
Es entonces cuando entra el barítono con pujanza para dialogar con la masa coral, coronándose la sección con una fuga orquestal y otra vocal, sempre con tutta forza, que reposan sobre un punto de pedal tónico que las ensambla.
El cuarto movimiento restaura la serenidad, describiendo el Paraíso a través de la ternura dibujada sobre todo por la madera en inversión a las voces que desenvuelven un alegre fugato.
Después de publicada la primera edición, se añadió el quinto movimiento dedicado a la soprano, excelsa participación que se eleva sobre el murmullo del coro como un pájaro celestial. Yo os consolaré como una madre consuela a sus pequeños, así se llega a la transfiguración de la madre en un plano más ideal.
Vuelve el barítono y declama en el número seis tras los cambios de acordes en las voces: «¡He aquí! os digo un misterio»; pero en lugar del horrísono último juicio se transmite un mensaje de juicio por el coro y la orquesta: «Muerte, ¿Dónde está tu aguijón? ¿Dónde ¡oh sepulcro! está tu victoria?», y el movimiento acaba con una doble fuga de auténtica fuerza haendeliana.
El final, cerrando el ciclo perfecto, retorna al principio con textos paralelos y música que vuelve a aquellos concluyentes temas dando unidad a la monumental obra.
«Bienaventurados los muertos que de aquí en adelante mueran en el Señor». «Sí», dice el Espíritu, «descansarán de sus trabajos; pero sus obras continuarán con ellos» (Apocalipsis XIV, 13).

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Para disfrutar de esta obra, proponemos la inspirada versión de Carlo Maria Giulini, al frente de la majestuosa Filarmónica de Viena, junto a los solistas Barbara Bonney (soprano) y Andreas Schmidt (barítono) y la Asociación de Conciertos del Coro de la Ópera de Viena, publicada en 1988 por Polydor.

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Brahms - Concierto para piano Nº 2 - Arrau - Bodmer

>> jueves, 24 de junio de 2010


>>CORSARIO BUENO
Publicado en Aires Chilenos

Bien… Ha pasado un tiempo y les debía el segundo disco de la memorable jornada que diera el maestro en Buenos Aires el 13 de agosto de 1973… A veces me pregunto qué hago publicando estas cosas, si las podría disfrutar en solitario. A todas luces no soy un filántropo, ni mucho menos quiero lucirme con estos inéditos… Además, me importa un carajo eso que llaman «institucionalidad cultural»… mucho menos convertirme en un ente de dicha institucionalidad…
No pocas veces he estado a punto de enclaustrarme y oír de modo secreto y privado los discos que durante más de 20 años he ido atesorando. Nadie me juzgaría y estaría en mi egoísta derecho (apoyado además por un marco legal que prohíbe difundir música por estos medios). La razón de convertirme en un ciudadano al margen de la ley de la propiedad intelectual, creo que es simple: la gran música le da sentido a la vida, quizá sea de las pocas cosas que le dan sentido. Como decía Dostoiewsky, la belleza nos prepara para la muerte y es la pura verdad. No cualquier gran música logra eso: de que caigamos en la cuenta de que todo esto es transitorio. Solamente aquella música en que confluye una obra maestra con una interpretación que nos sacude nos devuelve como en espejo nuestra mortalidad.
Cuando abro un nuevo disco busco precisamente que mi vida cambie y a veces un par de veces por año mi vida cambia y veo –como San Pablo– directamente más allá del espejo… ¿Y qué es lo que hace que una lectura nos sacuda y nos haga decir «esto es así»?... Es esta sacudida, esta «violencia» vital, esta certeza de la incerteza la que pretendo compartir, la que me lleva a tener este blog…
Ciertamente, para lograr la visión en el oyente no basta la pulcritud técnica… Ahora escucho el Andante de este Concierto Nº 2 con Claudio Arrau y Jacques Bodmer en el límite de la emoción y estas líneas apenas pueden ser percibidas por su escribiente… Jamás he oído algo más arrebatado, más desolado y sentido, y eso que la orquesta pifia y su sonido es rústico, pero hacen música. Si alguien de ustedes estuvo ese día en el Teatro Coliseo, créame que presenció un acto real de creación, una manifestación única del espíritu. Ese día la vida debió de haberle cambiado a varios. Varios salieron más preparados para la muerte. A ver si hacemos que le cambie a otros…
No soy un generoso melómano. Únicamente he descubierto que moriremos algún día y deseo que todos compartan este descubrimiento, que no es para nada terrible. De pasada el mundo puede mejorar un poco dejando de lado tanta promesa de eternidad plástica y eclesiástica... escuchemos a los maestros de la muerte que nos liberan mediante la belleza.
Digamos que en este Segundo de Brahms, Arrau nos entrega su lectura más rapsódica y libre, sin la perfección de su lectura en Moscú, le gana no obstante a ésta en fantasía y en arrebato emocional. Bodmer dirige con inspiración inaudita y una grandeza contagiosa, aunque la orquesta se le va varias veces (vaya patinazo entre los 9:50 -10:00 del primer movimiento y esa trompeta entre los 4:55-5:00 del segundo movimiento), pero no importa. Los maestros del Colón arrojan llamaradas y cuentan con solistas notables (primer corno, cello, maderas en general), están todos poseídos por el espíritu de Arrau, por el espíritu de Brahms.
No es el 2 de Brahms más perfecto, pero sí –creo modestamente– es el más emotivo y arrojado del maestro Arrau.

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Brahms - Concierto para piano Nº 1 - Arrau - Bodmer

>> domingo, 6 de junio de 2010



>>CORSARIO BUENO
Publicado en Aires Chilenos

Claudio Arrau en Buenos Aires. Año 1973. En el Teatro Coliseo, el maestro abordaría los dos conciertos de Brahms en una sola sesión. La proeza no era nueva, ya lo había hecho en la URSS. Los profesores del Teatro Colón se juntaban fuera de su temporada habitual para formar una orquesta para la ocasión. Los dirigiría el experimentado Jacques Bodmer. Lo que pasó ese día es mito y este testimonio discográfico lo entrega por primera vez al mundo. El 13 de agosto de 1973, Buenos Aires ardió en la fría llama germana de Brahms.
Este registro fue cedido por un gentil amigo argentino y solamente se difunde sabiendo que el maestro Bodmer ya recibió su copia y que su publicación es con fines estrictamente educativos. Cualquier comercialización está prohibida y si existe alguna oposición de cualquier particular, el link se retirará de inmediato.
El registro master presentaba una calidad suficiente, con mucha sequedad acústica. Lo que acá se difunde es mi remasterización casera que otorgó mayor profundidad de bajos, reverberancia y claridad al piano. El resultado creo que es muy bueno y permite apreciar con justicia la magnitud de lo que sucedió en el Teatro Coliseo.
El maestro Bodmer dirige con pulso seguro la introducción. La orquesta luce un sonido rústico de conjunto, pero con solistas de mucho fuste y con una entrega general muy destacable. Se nota que tocan con lo que tienen. La entrada de Arrau es simplemente apabullante. Como solía suceder en vivo, el maestro chileno parece que toca en trance. Su efusividad es casi insoportable. Cada nota pesa, se desgrana y su fraseo es de una imaginación y grandeza absolutas. Al contrario de sus registros en estudio (Giulini, Haitink, por ejemplo), acá Arrau es menos marmóreo y pareciera que improvisara furtwanglerianamente. Las escalas nos dejan atónitos, mientras Bodmer, dando cuenta de su gran calidad, lo sigue en sus rubatos imposibles y le aguanta el pulso hacia el final cuando las zarpas de Arrau intentan frenar la orquesta con acordes furiosos.
El aire se galvaniza en el Teatro Coliseo. Entonces Arrau acomete el Adagio con una profundidad conceptual y belleza tonal casi irreales. Pocas veces lo oiremos de ese modo tan reconcentrado y lírico. En el Rondó final, Arrau enciende los cohetes y Bodmer le sigue casi de modo rabioso. Oigan, por favor, cómo ralentiza Arrau las frases más líricas, mientras Bodmer y sus profesores ya no se pueden bajar del carro celeste en que se ha transformado el Rondó.
Lo que viene es titánico, una coda simplemente delirante que acaba en un último acorde estirado que el público del Coliseo no espera a que culmine. La ovación atrona mientras la orquesta se niega a ponerle fin a una lectura única. Oigo y oigo este registro. Sí, señores, creo que es uno de los dos mejores 1º de Brahms de la historia. El otro es del mismo Arrau con Kubelik, pero ese lo conocen.

Ficha:
Claudio Arrau: piano
Orquesta Sinfónica de la Sociedad Wagneriana de Conciertos Argentina (Orquesta del Teatro Colón)
Jacques Bodmer, director
Teatro Coliseo, Buenos Aires, 13 de agosto de 1973.

Brahms: Concierto para piano Nº 1

1. Maestoso. Poco piu moderato (22:52)
2. Adagio (15:38)
3. Rondó: Allegro non troppo (13:16)

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Brahms - Sinfonía Nº 1 - Abendroth

>> sábado, 24 de abril de 2010


El Brahms de Hermann Abendroth

En el marco de un interesantísimo intercambio de grabaciones de la Primera sinfonía de Johannes Brahms que venimos sosteniendo en petit comité un grupo de melómanos más o menos desquiciados, han surgido las evidentes oposiciones de estilos y formas de abordar esta obra. Quien escribe pensó que en algún momento debía parar esta locura por lo que sugerí una versión honorífica que pudiera cerrar con broche de platino esta experiencia.
En lo personal nunca había escuchado tantas primeras como lo he hecho ahora, y ya tenía algunas pendientes antes de empezar esta febril serie de entregas, viendo que hay muchas más de lo que alguna vez me hubiera imaginado. Hacía tiempo que buscaba alguna que me dijera algo diferente a lo que suelo encontrar en el promedio. Me pongo a ver y no hay muchas grabaciones que se puedan tildar de deleznables en esta obra, por el contrario, quitando a la muy particular idiosincrasia de Furtwängler ó de Toscanini, hay en el resto bastante homogeneidad en la forma de interpretar y se puede decir que está bastante bien servida en cuanto a grabaciones que la engalanan. Había estado por mucho tiempo esperando por una versión que marcara especial distinción y creo que por fin la he conseguido.
Hermann Abendroth (1883-1956) fue un director alemán activo en la primera mitad del siglo XX, y para sorpresa de muchos, una de las más grandes batutas de ese siglo. Desafortunadamente para muchos oídos aun es poco conocido, pues aparte de haber sufrido las consecuencias por haber pertenecido al partido nazi, luego fue execrado por haber decidido quedarse en la Alemania comunista y haber sido el primer director alemán en aceptar invitaciones a dirigir en la URSS. Después de la caida del nazismo, el nuevo villano, el nuevo Imperio del Mal era el comunismo soviético y esto le valió un veto automático al director por razones políticas, lo que le impidió poder grabar con los grandes sellos disqueros, mientras por el contrario Furtwängler, Knappertsbusch, Böhm Schuricht y Karajan, con igual pasado político no del todo impolutos, sí pudieron obrar mas o menos a sus anchas. Es por esto que Abendroth solo pudo grabar para sellos de segunda, que nunca serían competencia para gigantes como EMI ó London-Decca.
No todo fue malo, pues esta decisión del director permitió el renacimiento de grandes orquestas como la Gewandhaus de Leipzig, ó la RSO Berlin las cuales vivieron una de las eras más brillantes de toda su historia. Luego de la caída del nazismo se crearon orquestas nuevas, entre ellas la famosa Sinfónica de la Radio de Leipzig, que fue estrenada por Hermann Abendroth, su primer titular.
La especialidad de Abendroth era el repertorio romántico alemán, Beethoven, Brahms, Bruckner, Schumann, de los cuales dejó formidables grabaciones, usualmente de conciertos en vivo. De Brahms, con quien el director tuvo siempre una muy particular y extraordinaria afinidad, es de lo que más hay disponible en discografía de Abendroth. Se puede apreciar a través de la misma en sus diferentes eras, circunstancias y orquestas, la uniformidad y la misma visión básica que siempre mantuvo a través de lecturas de intensa pasión, pulcra sonoridad, ataques incisivos y extremidad en los tiempos, que compartiendo similitudes con Furtwängler, sin embargo sus derroteros finales eran harto diferentes. Hacia el final de su carrera artística Abendroth dispuso de un ciclo completo que incluye sus conciertos y las cuatro sinfonías, de entre las cuales destaca una mercurial, erudita y heterodoxa interpretación de la Primera, grabación que nos enorgullece compartirles.
Probablemente no sea del gusto o aprobación de todos, pero lo que escuchareis a continuacion es una forma de interpretar a Brahms que ya ha muerto y que probablemente no volverá. Desde la primera explosión volcánica y ominosa que abre el primer movimiento nos damos cuenta de que se nos viene encima algo fuera de serie, y esta tensión se mantiene durante toda la ejecución, con un movimiento final controversial pero para nada rutinario y en todo momento excitante. Como detalle adicional, se trata de grabaciones que cuentan con un magnífico e incluso increíble sonido, tomando en cuenta que son monoaurales de entre los años 1953-56 (ninguna de las Primera con Furtwängler suena así). Todo un tesoro a tener en sus colecciones y del que se recomienda no escuchar luego por mucho tiempo otras versiones «para no descontaminarse».

La Primera de Brahms, entonces, con Abendroth al mando de la Rundfunk-Sinfonieorchester Leipzig.

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Brahms - Sinfonía Nº 4 - Haitink (LSO)

>> domingo, 29 de noviembre de 2009


El reciente artículo dedicado a los 80 años de Bernard Haitink nos resultó una invitación para escuchar su muy reciente interpretación de la Sinfonía Nº 4 de Johannes Brahms. Un compositor que el maestro holandés ha abordado, y mucho, y puede considerarse también uno de sus autores recurrentes, junto a otros nombres como Mahler, Bruckner y Shostakovich.
Haitink al frente de la London Symphony Orchestra, entonces, en ripeo de Carlos Quintero-M.
Las palabras sobran.

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Brahms - Rapsodia para contralto - Gardiner

>> domingo, 15 de noviembre de 2009



>>CALUM MCDONALD (*)
Traducción de Fernando G. Toledo

Johannes Brahms: Rapsodia para contralto (op. 53). Orchestre Révolutionnaire et Romantique. Nathalie Stutzmann (contralto). John Eliot Gardiner (director).

Desde el primer sforzando que introducen los chelos y los contrabajos, y la lúgubre e invernal respuesta del toque de las trompas con los tremolandos de violas y violines, es obvio que esto será una tremenda performance de la Rapsodia para contralto. Y desde la primera entrada de Natalie Stutzmann queda claro que tiene la voz ideal para la obra, exquisitamente oscura –la serena intensidad sepulcral que consigue en «die Öde verschlingt ihn» me eriza los pelos de la nuca– y aun así con un equilibrio y una nobleza clásicas, casi como la estática Ifigenia pintada por Anselm Feuerbach y que Brahms tanto admiraba. Ella no es perfecta –tampoco lo es la de Feuerbach–: tiende a llevar las notas ligeramente por debajo de la afinación, pero paradójicamente esto incrementa en muchas ocasiones el patetismo.
John Eliot Gardiner no hace los tempi particularmente lentos, pero aun así son amplios, relajados, lo cual otorga a cada detalle su máximo peso expresivo, subrayando el sentido total de la pieza.
Es una versión maravillosa.

(*) Fragmento de su crítica en la International Record Review al disco que incluye también la Sinfonía Nº 2 de Brahms y obras de Schubert orquestadas por Brahms.

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Brahms - Sinfonía Nº 2 - Karajan

>> miércoles, 22 de julio de 2009



La presentación de la Sinfonía Nº 2 de Johannes Brahms, a cargo de Ernesto Nosthas, dejó bien en claro no sólo el valor y la belleza de esta obra, sino que la versión preferida por nuestro comentarista es la que grabó su director favorito: Herbert von Karajan.
Para no aplazarle el disfrute de esta lectura a quienes no la conocen, aquí llega esta Segunda de Brahms por el director austríaco, al frente de la Berliner Philharmoniker.

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Brahms - Sinfonía Nº 2 (dos versiones)

>> martes, 21 de julio de 2009



La Segunda de Brahms

La semana pasada tuvo lugar en la capital de El Salvador, San Salvador (cuidad en donde resido), el séptimo concierto de la Temporada 2009, en cuyo programa se incluyó bajo dirección de Irving Ramírez la Segunda sinfonía de Johannes Brahms, una obra que pertenece al grupo de mis obras favoritas, y para la cual mi máximo ideal son las lecturas que nos legó el maestro Herbert von Karajan.
Al maestro Karajan celebramos en el centenario de nacimiento el año pasado y su vigésimo aniversario luctuoso recién recordamos hace sólo cuatro días, para lo cual aprovecho para invitar al lector a visitar mi artículo sobre la vida del maestro Karajan y su sobredimensionada vinculación nazista en el blog de elcuervolopez.
El concierto de San Salvador fue, en mi calificación personal, uno de los mejores que se han tenido de la temporada y con una obra que no es nada fácil de interpretar, particularmente en su amplia variedad de imágenes sonoras que se pintan en su partitura, que evolucionan de imágenes líricas y bucólicas en sus dos primeros movimientos hasta las visiones más fuertes y dinámicas que se incluyen en el último movimiento. Por ello la invitación de Fernando es más que oportuna para visitar esta obra.
La génesis de esta obra maestra es muy particular… Fue concebida durante el verano de 1877 en los Alpes austríacos, tomó menos de tres meses su composición y fue estrenada al final de ese mismo año, con Hans Richter dirigiendo la Filarmónica de Viena. Lo que demandó es casi escandalosamente breve, si tomamos como base los 15 años que le tomó a Brahms escribir la Primera sinfonía. Los contrastes además son muy notables… de lo sombrío y dramático (enfatizado sobre todo por la clave de la Primera: Do menor) al espíritu alegre y bucólico que se respira en esta Segunda sinfonía.
Me gustan sobremanera la forma en que el primer tema es expuesto en el primer movimiento entre los chelos, bajos y luego es pasado a los cornos, para luego presentarse en su forma principal desde una evolución inicial en las maderas que concluye en un fortísimo en pleno. El movimiento entero está básicamente construido a partir de las exposiciones, variaciones y reiteraciones de este primer tema, en contraste con un segundo tema en Fa sostenido menor expuesto hacia los cuatro minutos de iniciada la obra.
El segundo movimiento expresa la parte más sombría de toda obra, pero para nada es comparable de los abismos dramáticos a los que se llega en la Primera sinfonía. La tensión de los registros bajos de la orquesta (particularmente en los chelos y fagotes) deja sin embargo, momentos en los cuales Brahms introduce variaciones bellísimas en los violines y las maderas: la sensación general es como que si se nos quiere evocar el cielo en el atardecer de verano en los Alpes… a veces nublado, con retazos de sol, pero aun en ello, se brinda al escucha una notable sensación de paz interior.
En este movimiento, así como en el resto de la obra, Brahms alterna evoluciones drásticas de compás: en esta sección de la obra, los cambios van de un 4/4 hacia un 12/8 a la mitad con una sección mixta que evoluciona nuevamente hasta 12/8 en la parte final… un poco fuera de lo común para un movimiento lento, sin embargo, nos anticipa el frenesí del movimiento final.
El tercer movimiento es una simpática construcción de ritmos danzantes, los cuales son presentados de forma muy simplificada y con una orquestación más básica… los bronces casi desaparecen de la paleta, dando énfasis a los violines y los registros altos de las maderas, en particular de las flautas. Su desarrollo me recuerda lo etéreo de la Segunda Suite para Orquesta de Bach.
En este contexto, el Finale rebosa entusiasmo y luminosidad, tiene elementos que nos recuerdan la energía del último movimiento de la Séptima sinfonía de Beethoven, con notables cambios de ritmos y un frenesí incontenible en la que los grupos instrumentales compiten por ser protagonistas, incluso con superposiciones temáticas. En ello, la construcción general alienta el entusiasmo e introduce «frenazos» notables en pro de accelerandos delirantes que subrayan la intensidad de los temas hacia una explosión final que cada vez me hace saltar del asiento, cuando la escucho.
Aquí tendrán dos oportunidades de apreciar esta obra (ambas en registros en vivo), una, de gran valor histórico corresponde a la Colección Especial de la Royal Concertgebouw de Amsterdam (fruto de la colección de don Fernando), la mejor orquesta del mundo según el polémico ranking de la Gramophone, de la mano de su director actual, el letón Mariss Jansons; y una segunda grabación (con todo mi aprecio desde mi colección personal) en la onda de «instrumentos de la época» con John Eliot Gairdner y su orquesta de especialistas del Siglo XVIII (la Orquesta Revolucionaria y Romántica), que en su edición original trae en oferta varias obras poco conocidas de Brahms y Schubert de ribete.
No quiero prejuzgar al auditorio, pero sigo con mi ideal en Karajan, para lo cual recomiendo visitar a nuestro querido amigo elcuervolopez para obtenerlas. Otra integral para comparar, el espléndido ciclo que nos dejo Celibidache con la Orquesta de la Radio de Stugttgart, pero… dejemos algo para otros post futuros.
Jansons me parece que no es capaz de hacer el contraste entre el inicio bucólico de la obra y su tempestuoso final, mantiene casi un mismo tono, timbre y énfasis en toda la obra, lo cual no contribuye a expresar todo lo que la obra nos ofrece. En el otro extremo, la lectura de Gardiner es más impulsiva e intensa, pero en ello atropella algunos momentos de la belleza del primer movimiento y los matices del segundo, sin embargo… ¡por Dios que su Finale me hace saltar del asiento! Comparen con el Maestro Karajan y de paso visiten a elcuervolopez. Hasta la próxima.


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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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