Mostrando entradas con la etiqueta Pettersson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pettersson. Mostrar todas las entradas

Pettersson - Barfotasånger (Canciones descalzas) -

>> domingo, 17 de abril de 2011


Las canciones descalzas

«A todos aquellos para quienes
la melodía más sencilla
es una fuente de inefable belleza
y de placer duradero»

Como ya había apuntado en la primera entrega de esta serie de Oído Fino dedicada a Allan Pettersson, en la elaboración de canciones por parte del compositor no solo se refleja la exposición de sus pensamientos y preferencias poéticas, sino también algunos de los motivos, ya no solo melódicos, sino también estructurales, como fuente de inspiración, o bien como agregados temáticos en algunas de sus obras sinfónicas. Posiblemente, la vinculación entre canción-sinfonía sea mucho más esquiva de lo que podría ser la relación entre las canciones y las sinfonías en otros compositores, como es el caso de Gustav Mahler.
En la línea del anterior párrafo, al escuchar las canciones por vez primera, es difícil encontrar vinculación directa con sus trabajos orquestales. Pero el compositor regresa esporádicamente a estas canciones, las cuales utiliza como fuente de material estilístico. Además, algunos de los dispositivos armónicos empleados en algunas de ellas aparecen también reflejados en obras posteriores.
Pettersson escribió estas canciones entre 1943 y 1945, mientras formaba parte de la sección de violín de lo que hoy es la Real Orquesta Filarmónica de Estocolmo. Como también he mencionado en anteriores entregas, la literatura formó una parte muy importante de su vida y de su obra. Pero fue sobre todo la poesía su mayor caldo de cultivo. Pettersson escribió más de cien poemas, a los cuales pretendía poner música. Finalmente solo veinticuatro de ellos terminaron como canciones. La mayoría de estos poemas son de corte autobiográfico, siendo su perspectiva general el sentir y la necesidad de transmitir su malestar por la situación social en la que se encontraba la clase proletaria en su querida Suecia. Aun así, al igual que en otros compositores importantes, fue la naturaleza circundante una de las principales fuentes de inspiración, y sobre todo constituyó un aspecto importante para delinear y reflejar el temperamento característico de su tierra.
El nombre que da título a sus veinticuatro canciones, las Barfotasånger (Canciones descalzas), proviene de uno de los poemas que conforma el grupo de canciones, el cual establece la visión, no solo física sino también ideológica, de una imagen que le impactó profundamente mientras daba un largo paseo por los alrededores de su vecindario: se trataba de una niña de extracción social muy pobre que caminaba y correteaba descalza, ya habituada, sobre una explanada repleta de punzantes ortigas.
Las Barfotasånger conducen, de un modo mucho más sencillo y musicalmente habitual (me refiero a que están desprovistas de las disonancias y los lapsus atonales que acompañan sus obras sinfónicas) a esa particular sensación petterssoniana de ansiedad y esperanza.
Las canciones fueron previstas originalmente para ser interpretadas por voz y piano. Aunque existen algunas versiones orquestadas, no fue Pettersson el encargado de dicha transformación, por lo que se debe considerar la modalidad de dúo como la forma auténtica y original de interpretación.
Las canciones son sencillas musicalmente hablando, rozando lo folclórico, por lo que tampoco demandan grandes habilidades técnicas para su interpretación. Generalmente no suelen tener una duración mayor de tres minutos. Sin embargo es lícito hacer una advertencia al respecto: a pesar de la aparente simplicidad, cada canción conforma una pieza del puzzle crítico y emocional petterssoniano. No en vano el compositor se refería en repetidas ocasiones a ellas como «la canción una vez cantada por el alma». En el contexto de la época en la cual se compusieron las canciones, se puede deducir que éstas servían probablemente como medio de expresión ideal para un violinista profesional ocupado, mientras que también aprovechaba la oportunidad de desarrollar su propia voz compositiva.
En su generalidad el grupo de canciones no posee una gran uniformidad entre las partes. Tampoco poseen ese extremismo dinámico particular de la obra más avanzada del compositor, ni contrastes entre la expresión y el tempo. Los acompañamientos del piano resultan sensibles y por lo general remiten el mayor peso a la sección vocal. Armónicamente predominan las relaciones mayor-menor y la voz cromática clara en contextos tonales. La líneas vocales son sencillas y de modulaciones cortas, evidentemente caracterizadas por la propia modulación idiomática.
La mayoría de las canciones son de belleza frágil y cristalina, aunque en ocasiones también afloran rasgos mordaces e irónicos. Algunas son de carácter nostálgico , lo cual contrasta con la dureza hiperrealista con la que Pettersson intenta expresar aspectos crueles de una sociedad y del sentir de una clase social claramente desfavorecida.
Generalmente no soy partidario de dar muchas opiniones personales sobre obras y versiones, ya que considero que cada interpretación debe ser recibida por parte del oyente con la menor de las influencias externas posibles, para permitir que la música aflore por sí misma de un modo espontáneo. De este modo, queridos petterssonianos de Oído Fino, vuelvo a dejar en vuestras manos la labor, o mejor dicho, el privilegio del goce, del deleite y de la satisfacción que solo la música es capaz de transmitir.
Para finalizar, es válido aclarar que posteriormente se subirá la versión orquestal de ocho de las canciones, aquéllas incluidas en el disco que corresponderá al apartado de los Conciertos para orquesta de cuerda.

Próxima entrega: Allan Pettersson. Seven Sonatas for Two Violins. Duo Gelland (BIS)

Read more...

Centenarios

>> lunes, 28 de febrero de 2011

Recordemos que en este año no solo se celebran los 100 años de la muerte de Gustav Mahler, también se celebrarán los 100 años del nacimiento del gran compositor sueco Allan Pettersson.



En breve, más Mahler y la tercera entrega de la «Serie Pettersson» en Oído Fino.

Read more...

Pettersson - Su vida y su obra - La primera obra sinfónica: Sinfonía Nº 2

>> miércoles, 1 de diciembre de 2010



La inexistente Primera y una madura Segunda Sinfonía

Antes de adentrarme en el corpus sinfónico de Allan Pettersson quiero puntualizar, para el resto de las entregas que se irán sucediendo en blog Oído Fino, que debido a la estructura en la que están compuestos algunos de los pocos discos existentes de la obra de cámara del compositor sueco, iniciaremos este viaje con su Primera y Segunda sinfonía para luego, a medio camino, publicar sus obras de cámara las cuales se ubican repartidas a modo cronológico en diversos puntos de la vida creativa de Pettersson. Así mismo, al final de cada una de las entregas de este recorrido que pretende mostrar toda la creación del compositor, se apuntarán las obras y las versiones que saldrán publicados en el próximo número.
Ya entrando de lleno en lo que se refiere a la Primera sinfonía escrita por Pettersson, resulta difícil determinar con exactitud lo ocurrido con esa partitura sinfónica, primera obra de carácter sinfónico apartando su Primer concierto para orquesta de cuerdas, el cual abordaré en posteriores entregas junto a sus otros dos hermanos. Según los datos reales, la obra fue escrita en 1951, cuando el compositor contaba con 40 años de edad. En aquel momento Pettersson se encontraba estudiando en París con Leibowitz y Honneger, ya teniendo en su haber composiciones importantes como sus 24 canciones descalzas, su Primer concierto para orquesta de cuerdas y su Primer concierto para violín, este último el cual, en realidad, forma parte de su música de cámara ya que, aun siendo un concierto para violín en el uso estricto de la palabra, se trata de una formación integrada por el instrumento solista acompañado este por un cuarteto de cuerdas.
Por alguna razón, aun no muy clara, Pettersson se negó a publicar su primera sinfonía. A día de hoy no se ha encontrado la partitura completa, sino que se cuenta con pocos fragmentos de la misma, por lo que sigue siendo inédita e inejecutable. Durante algunos años se sostuvo que el compositor y director de orquesta alemán Peter Ruzicka había preparado una edición o «versión ejecutable» de la Sinfonía Nº 1, sin embargo a día de hoy no se ha interpretado. Esto es lo que se sabe hasta nuestros días, al menos la información veraz con la que contamos los aficionados del compositor sueco.
Por otra parte, ya desde la confabulación, al parecer el compositor sueco quemó personalmente la totalidad del manuscrito de esa Primera sinfonía, debido, según opiniones no constatadas, a su bajo nivel de calidad. Lo cierto del caso es que la Primera a día de hoy se encuentra inexistente.
De este modo, atendiendo a la posible voluntad del mismo compositor, se podría entender su Segunda sinfonía como punto de partida de su largo y no sencillo viaje sinfónico.
En la Segunda ya el nivel, en cuanto a habilidad compositiva, se presenta realmente alto, representando uno de los estrenos sinfónicos más sorprendentes de la segunda mitad del siglo XX. No es casualidad que especialistas y musicólogos converjan en la opinión de que se trata, sin lugar a dudas, de una obra maestra. Compuesta entre 1952 y 1953, la Segunda sinfonía de Pettersson fue dedicada «con el más cálido agradecimiento del compositor» al director de orquesta sueco Tor Mann, que ya había estrenado su Primer concierto para orquesta de cuerdas, y que estrenó la nueva sinfonía el 9 de mayo de 1954 al frente de la Sinfónica de la Radio de Suecia.
Lo cierto es que ya, en la obra con la cual se inicia el viaje sinfónico del compositor, la existencia de lo que podríamos llamar «estilo Pettersson» ha sido completamente planteado y plasmado en la partitura, será este el camino elegido, o tal vez sería mejor decir, que es este modelo el que aflora desde lo más adentro de su ser.
Se trata de un único y compacto movimiento de casi 47 minutos, con secciones internas reconocibles y esquematizadas de la siguiente forma:

a. (Bar1) Introduzione. Allegro
b. (Bar59) Allegro
c. (Bar 382) Allegretto
d. (Bar 595) Tempo 1
e. (Bar 766) Allegro frenetico
f. (Bar 1023) Allegretto con malinconia


La obra se caracteriza por contrastes extremadamente violentos entre familias de instrumentos, con un lenguaje tonal que resulta complejo, lleno de disonancias y apuntes politonales. Estructuralmente, y esto es una de sus características más personales, la obra de Pettersson se basa en numerosas células motívicas, las cuales teniendo unidades propias reconocibles parecen interactuar creando en diversos momentos ciertos «tejidos» del entramado estructural, para luego disolverse y crear continuamente otros tantos, como si se tratase, tal cual, de un organismo multicelular.
Es curioso como ya, desde aquel momento, la esencia de la música de Pettersson resulta oscura y brutal, aun no habiendo pasado el compositor por los duros golpes que le esperaban en el trascurrir de su atormentada vida. De este modo, se hace patente que su estilo, aunque variaría relativamente con el pasar de los años, muestra una personalidad y una identidad ya sólidas.
Ya pasando al tema meramente discográfico, de la obra se han editado dos versiones, la primera dirigida por Stig Westerberg con la Sinfónica de la Radio de Suecia, grabada en 1966. Y una segunda mucho más reciente, publicada por el sello CPO y dirigida por el galés Alun Francis junto con la BBC Scottish Symphony Orchestra, grabada en junio de 1994.
Así pues, queridos lectores de Oído Fino, pongo a vuestra disposición, para que juzguen ustedes mismos, la versión de Alun Francis de 1994, con la premisa de que estoy haciendo todo lo posible por conseguir esa primera versión dirigida por Westerberg que en la actualidad, y ya desde hace algunos años, se encuentra fuera de catálogo, siendo este disco uno de los pocos que me faltan para completar la total discografía del compositor sueco. En el momento que pueda hacerme con la versión se la enviaré de ipso facto a Fernando G. Toledo para su publicación.


En la próxima entrega: Allan Pettersson complete Songs (CPO); Eight Barefoot Songs (BIS)

Read more...

Pettersson - Su vida y su obra - Presentación

>> jueves, 28 de octubre de 2010


Allan Pettersson: vida y obra
Presentación

«La música que conforma mi trabajo es mi propia vida,
sus bendiciones, sus maldiciones: con el fin de
redescubrir la canción una vez cantada por el alma».
Allan Pettersson


Escribir sobre Allan Pettersson, escribir sobre su música, es una tarea personalmente difícil y que toca la profundidad de mi fibra, ya no solo musical, sino humana. Emprendo este arduo proyecto, el de presentar su vida y la totalidad de su obra, con el mayor entusiasmo y la mayor dedicación posible, agradeciendo de antemano la posibilidad que me ha dado Fernando G. Toledo de utilizar su excelente blog como trampolín para mi personal misión, que no es más que acercar la obra del brillante, del mayor compositor sueco como dicen algunos especialistas, a todas las personas que nos leen, a todos aquellos que con voluntad propia quieran emprender este viaje sin retorno que representa la música de un individuo realmente atípico, verdaderamente particular, en la historia de la composición musical.

El compositor
Haciendo una breve introducción para los que aún no le conozcan, al referirme a Allan Pettersson describo a un compositor como la copa de un pino, nacido en Västra Ryd, en la provincia de Uppland, Suecia, el 19 de septiembre de 1911; la provincia o el landskap de Uppland se halla en la costa este de Suecia, al norte de la capital Estocolmo, y linda con el lago Mälaren y el mar Báltico. Västra Ryd es un pueblo del llamado Uppland-Bro, a medio camino entre Estocolmo y Upsala, y era –aun hoy lo sigue siendo– una de las zonas más pobres del país. Se le ha considerado por muchos como el «Shostakovich sueco», incluso se le ha identificado en ciertos pasajes de su obra con Mahler, tal vez por su profundo y desgarrador dramatismo, o muy posiblemente debido al común hecho de componer grupos de canciones, en el caso de Pettersson, principalmente sus 24 Barfotasänger (24 Canciones Descalzas), que luego eran utilizadas como base temática para algunas de sus sucesivas sinfonías. También guarda posible relación con estos dos grandes compositores el hecho de que su obra está impregnada de una profunda dosis autobiográfica, o no sé si es mejor decir que sus experiencias vitales son expuestas a través de su música, en definitiva, todo lo que se escucha refleja la aventura que le tocó vivir.
Desde un punto meramente cronológico, Pettersson estudió entre los años 1930 y 1939 violín y viola en el Conservatorio Real de Música de Estocolmo, durante los años ’40 ocupó un puesto en la sección de violas de la Orquesta de la Sociedad de Conciertos de Estocolmo, ciudad donde vivió casi toda su vida. Pero interesado en componer estudió con Karl-Birger Blomdahl, Otto Olsson, René Leibowitz y Arthur Honegger, a partir de los años ’50 abandonó la interpretación y se dedicó a la composición profesionalmente. Hay que tener en cuenta que parte de sus estudios sobre composición los desarrolló en Francia, en París, en un periodo en el que la capital francesa era epicentro de las técnicas compositivas atonales.
Su vida fue en muchos aspecto miserable, con una infancia muy pobre: de allí su temperamento oscuro el cual ha sido siempre uno del los ejes de su música. Pero fue sobre todo con la artritis reumatoide, incurable y progresiva, en los años ’60, con la que su música adquirió ese sonido tan oscuro que le caracteriza. Aun así, no todo en él es oscuro. En esto radica uno de los atractivos de su legado, lo hermoso de su música converge en la existencia de ventanas de luz por donde penetra la vida, el amor, la pasión por la música, una pasión profunda y prístina.
Siempre vivió en él la preocupación por los pobres, por la experiencia de su infancia. Expresó en su música, 16 sinfonías, tres conciertos para solista y orquesta, tres conciertos para orquesta, dos ciclos de canciones y música de cámara, la rabia de la vida de los oprimidos y las personas anónimas, y la compasión por su misma vida. Es interesante recalcar su insaciable pasión por la literatura y especialmente por la poesía, en especial por uno de sus poetas preferidos, Pablo Neruda, del cual utilizó algunos versos.
Así pues, nos encontramos en frente de un colosal corpus sinfónico, en el cual Pettersson para su creación no hizo una elección estricta sobre vías tonales o atonales, simplemente utilizó todos los recursos a su alcance. Aunque su música suena extremadamente «moderna» por el uso frecuente de disonancias y procedimientos atonales, nunca se adscribió al dodecafonismo o al serialismo y su estilo de composición es sumamente personal e inclasificable.
En sus últimos años vivió como un autentico ermitaño, acompañado solo de su esposa Gudrun, la cual permaneció a su lado desde 1948 hasta su muerte, el 20 de junio de 1980. La decisión de prohibir la interpretación de su obra en los últimos años de su vida le llevó a un aislamiento aun mayor si se puede.
La idea de este proyecto en el que me embarco a partir de hoy es el de mostrar toda su obra, toda la discografía existente de su legado, en capítulos que se irán sucediendo con regularidad. El dilema que me ha acompañado en estos días es el de decidir con qué obra y con cuál interpretación comenzar este extraordinario viaje. He pensado comenzar con su primera obra, o tal vez con su grupo de 24 Barfotasänger (24 Canciones Descalzas), o que sería mejor hacerlo con su Segunda sinfonía (que corresponde a la primera, la cual destruyó). En fin, he decidido abrir esta aventura con su sinfonía más emblemática, la que según todas las personas que conozco ha servido de espectacular introducción a su obra: me refiero a su Séptima sinfonía, la supuesta mejor carta de presentación a la música del compositor. Así pues, haré una excepción al comenzar, ya que luego intentaré seguir una vía cronológica e iré presentando una a una toda su discografía.
Sobre la Séptima (sinfonía en un solo movimiento) prefiero no pronunciarme, ya tocará a su debido tiempo hacerlo en su oportuno espacio cronológico, solo les pido concentración y sobre todo paciencia, mucha paciencia, con la promesa de que luego de ese aparentemente eterno y macabro ostinato, casi hipnótico, se abrirá ante ustedes el corazón de un grandísimo compositor. Aquí se trata, sobre todo para los principiantes en la música del compositor sueco, de escuchar, escuchar con atención y paciencia, o morir en el intento. La recompensa será infinita.

Esta versión
La versión que les traigo hoy es una de las cuatro Séptimas que existen en el mercado discográfico. Luego les avanzaré a modo crítico mi preferida, solo adelanto que la versión más antigua que existe actualmente en disco fue la interpretada por el celebre Antal Doráti. Todas ellas serán presentadas en el turno referente a la Séptima sinfonía, incluyendo evidentemente la histórica de Doráti. Hoy les adelanto la versión que se encuentra a medio camino entre una gran objetividad y una pasión desbordante. Transparente, equilibrada y compacta: Allan Pettersson: Sinfonía No.7. Philharmonischer Hamburg, dirigida por Gerd Albrecht.

Read more...

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

  © Blogger templates Sunset by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP