Pettersson - Su vida y su obra - La primera obra sinfónica: Sinfonía Nº 2

>> miércoles, 1 de diciembre de 2010



La inexistente Primera y una madura Segunda Sinfonía

Antes de adentrarme en el corpus sinfónico de Allan Pettersson quiero puntualizar, para el resto de las entregas que se irán sucediendo en blog Oído Fino, que debido a la estructura en la que están compuestos algunos de los pocos discos existentes de la obra de cámara del compositor sueco, iniciaremos este viaje con su Primera y Segunda sinfonía para luego, a medio camino, publicar sus obras de cámara las cuales se ubican repartidas a modo cronológico en diversos puntos de la vida creativa de Pettersson. Así mismo, al final de cada una de las entregas de este recorrido que pretende mostrar toda la creación del compositor, se apuntarán las obras y las versiones que saldrán publicados en el próximo número.
Ya entrando de lleno en lo que se refiere a la Primera sinfonía escrita por Pettersson, resulta difícil determinar con exactitud lo ocurrido con esa partitura sinfónica, primera obra de carácter sinfónico apartando su Primer concierto para orquesta de cuerdas, el cual abordaré en posteriores entregas junto a sus otros dos hermanos. Según los datos reales, la obra fue escrita en 1951, cuando el compositor contaba con 40 años de edad. En aquel momento Pettersson se encontraba estudiando en París con Leibowitz y Honneger, ya teniendo en su haber composiciones importantes como sus 24 canciones descalzas, su Primer concierto para orquesta de cuerdas y su Primer concierto para violín, este último el cual, en realidad, forma parte de su música de cámara ya que, aun siendo un concierto para violín en el uso estricto de la palabra, se trata de una formación integrada por el instrumento solista acompañado este por un cuarteto de cuerdas.
Por alguna razón, aun no muy clara, Pettersson se negó a publicar su primera sinfonía. A día de hoy no se ha encontrado la partitura completa, sino que se cuenta con pocos fragmentos de la misma, por lo que sigue siendo inédita e inejecutable. Durante algunos años se sostuvo que el compositor y director de orquesta alemán Peter Ruzicka había preparado una edición o «versión ejecutable» de la Sinfonía Nº 1, sin embargo a día de hoy no se ha interpretado. Esto es lo que se sabe hasta nuestros días, al menos la información veraz con la que contamos los aficionados del compositor sueco.
Por otra parte, ya desde la confabulación, al parecer el compositor sueco quemó personalmente la totalidad del manuscrito de esa Primera sinfonía, debido, según opiniones no constatadas, a su bajo nivel de calidad. Lo cierto del caso es que la Primera a día de hoy se encuentra inexistente.
De este modo, atendiendo a la posible voluntad del mismo compositor, se podría entender su Segunda sinfonía como punto de partida de su largo y no sencillo viaje sinfónico.
En la Segunda ya el nivel, en cuanto a habilidad compositiva, se presenta realmente alto, representando uno de los estrenos sinfónicos más sorprendentes de la segunda mitad del siglo XX. No es casualidad que especialistas y musicólogos converjan en la opinión de que se trata, sin lugar a dudas, de una obra maestra. Compuesta entre 1952 y 1953, la Segunda sinfonía de Pettersson fue dedicada «con el más cálido agradecimiento del compositor» al director de orquesta sueco Tor Mann, que ya había estrenado su Primer concierto para orquesta de cuerdas, y que estrenó la nueva sinfonía el 9 de mayo de 1954 al frente de la Sinfónica de la Radio de Suecia.
Lo cierto es que ya, en la obra con la cual se inicia el viaje sinfónico del compositor, la existencia de lo que podríamos llamar «estilo Pettersson» ha sido completamente planteado y plasmado en la partitura, será este el camino elegido, o tal vez sería mejor decir, que es este modelo el que aflora desde lo más adentro de su ser.
Se trata de un único y compacto movimiento de casi 47 minutos, con secciones internas reconocibles y esquematizadas de la siguiente forma:

a. (Bar1) Introduzione. Allegro
b. (Bar59) Allegro
c. (Bar 382) Allegretto
d. (Bar 595) Tempo 1
e. (Bar 766) Allegro frenetico
f. (Bar 1023) Allegretto con malinconia


La obra se caracteriza por contrastes extremadamente violentos entre familias de instrumentos, con un lenguaje tonal que resulta complejo, lleno de disonancias y apuntes politonales. Estructuralmente, y esto es una de sus características más personales, la obra de Pettersson se basa en numerosas células motívicas, las cuales teniendo unidades propias reconocibles parecen interactuar creando en diversos momentos ciertos «tejidos» del entramado estructural, para luego disolverse y crear continuamente otros tantos, como si se tratase, tal cual, de un organismo multicelular.
Es curioso como ya, desde aquel momento, la esencia de la música de Pettersson resulta oscura y brutal, aun no habiendo pasado el compositor por los duros golpes que le esperaban en el trascurrir de su atormentada vida. De este modo, se hace patente que su estilo, aunque variaría relativamente con el pasar de los años, muestra una personalidad y una identidad ya sólidas.
Ya pasando al tema meramente discográfico, de la obra se han editado dos versiones, la primera dirigida por Stig Westerberg con la Sinfónica de la Radio de Suecia, grabada en 1966. Y una segunda mucho más reciente, publicada por el sello CPO y dirigida por el galés Alun Francis junto con la BBC Scottish Symphony Orchestra, grabada en junio de 1994.
Así pues, queridos lectores de Oído Fino, pongo a vuestra disposición, para que juzguen ustedes mismos, la versión de Alun Francis de 1994, con la premisa de que estoy haciendo todo lo posible por conseguir esa primera versión dirigida por Westerberg que en la actualidad, y ya desde hace algunos años, se encuentra fuera de catálogo, siendo este disco uno de los pocos que me faltan para completar la total discografía del compositor sueco. En el momento que pueda hacerme con la versión se la enviaré de ipso facto a Fernando G. Toledo para su publicación.


En la próxima entrega: Allan Pettersson complete Songs (CPO); Eight Barefoot Songs (BIS)

5 comentarios:

HaTu 1 de diciembre de 2010, 22:09  

Esto que estan subiendo al blog es de lujo, la obra de Petterson de la cual poco se sabe. Se agradece el articulo y la musica que ya estoy descargando, muchas gracias en serio ! Saludos desde Chile.

Euterpe 2 de diciembre de 2010, 8:03  

Saludos. Les incluyo un enlace a mi blog musical que espero que les interese. Muchas gracias y sigan disfrutando de la música, que es muy sano. :-)

Ponfe 9 de diciembre de 2010, 17:02  

Muy importante tratar de divulgar la obra del considerado "Shostakovich sueco". Aconsejo la lectura de un artículo sobre Pettersson, del gran musicólogo español José Luis Pérez de Arteaga en el siguiente link http://www.diverdi.com/portal/detalle.aspx?id=18836
Os sigo desde que estaba el Cuervo. Gracias por el esfuerzo.

PD: una pregunta inocente ¿por qué no subís en lossless? Sólo lo hacéis en contadas ocasiones. No os parece que el mp3 se queda "cojo" para grabar un disco.

Carlos Alberto 24 de diciembre de 2010, 15:37  

Amigo Moreno. El hombre es al hombre lo que la cultura y los hechos que vive lo convierte. Y Pettersson es el exponente de un momento preciso, de un determinado lugar, que nos expresa como nadie ese instante, ese acontecimiento, esa situación, que se da en un instante y por única vez. Iniciandome en su obra por tus comentarios en el foro de Mahler, y ahora gracias tus escritos en la página de otro amigo FGT, me he lanzado con la 7ma de Doráti, que me produjo una gran impresión desde la primera escucha. Los cambios sonoros a lo largo de la obra, con tantos diferentes matices y momentos, efectivamente nos muestran paisajes, situaciones, vivires, de oscuridad y nacimiento profundos, estimulándome en todo momento a buscar otras horas compuestas en otros momentos por el compositor. Acá como nunca Pettersson nos habla con las estrofas musicales contándonos ese hecho vivido por el hombre al que aducía al principio. Ahora iremos a esa segunda que mencionas, y paso a paso iremos descorchando cada obra en el momento justo. Mis saludos y congratylaciones por tu trabajo, Carlos Pareja Obregón

Anónimo 12 de marzo de 2011, 18:30  

Rolando, aun cuando no participo activamente en este sitio, con frecuencia lo visito y me ha dado mucho gusto el reconocimiento que aquí se dá a este gran compositor que yo realmento admiro.

Ciertamente la extensión de sus obras, lo nada repetitivo y sus largas líneas de desarrollo, no hacen fácil su asimilación para quien no tenga el interés de adentrarse y descubrir su muy íntimo y profundo lenguaje.

Yo también tengo prácticamente todas las grabaciones que existen de su música, incluyendo esa grabación de Westerberg que mencionas de la segunda sinfonía.

Saludos,

Leopoldo - México

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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