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Bach, Mozart, Schubert, Chopin - El último concierto - Lipatti

>> jueves, 20 de septiembre de 2012



Memoria de un concierto de Dinu Lipatti


La fría autoridad de sus dedos destilaba todas las aventuras posibles del teclado,
la fisiología de sus manos oyendo a Debussy.
Hasta que arrojado de la clamorosa oscuridad
un ramo de rosas caía a los pies del piano
pidiendo clemencia en nombre de la naturaleza.


Joaquín O. Giannuzzi
En Señales de una causa personal (1977)

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Schubert - Quinteto «La trucha» - Beaux Arts Trio

>> viernes, 17 de agosto de 2012



(La trucha de Schubert)
 

La trucha de Schubert
no nada ahora por un río de Austria sino por la acequia medianera
con la elegancia sugerida del que está
y ya no está: una adivinación sin datos.
Su razón suprema es la forma: forma de revelación: sucedáneo del mundo elaborado a fuerza de luminosidad.

No se sabe qué la induce o aconseja: deriva entre helechos y mariposas griegas, el nexo entre un relincho y el solazo que quema al mundo;
pero una melodía tiene que servir a los provenires que nos buscan: tomar un trago entre amigos, leer o no leer un poema, olfatear la tormenta,
y el soplo del conjunto dice que Schubert tiene razón cuando su música queda al descubierto
con estas palabras que forman parte del silencio.

Santiago Sylvester
En La palabra y (2010)

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Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber

>> martes, 25 de enero de 2011



Entrevista a Bruno Gelber
Publicada en Diario UNO de Mendoza el 28 de agosto de 2010


Acaso no todos lo sepan, pero para una provincia con programaciones loables pero modestas de música clásica, que Bruno Gelber pulse las teclas de un piano en estas tierras es un verdadero honor. Y en tiempos de conciertos interrumpidos y óperas truncas, ese honor se magnifica.
El gran pianista argentino, que el mundo elogia y aplaude desde hace 40 años, llegará para tocar en el piano del teatro Independencia el bello Concierto para piano Nº1 de Fryderyk Chopin, justo en el año en que se festeja el bicentenario del nacimiento de este compositor cuya obra está dedicada enteramente al piano. Con la Filarmónica de Mendoza (que tocará también la Sinfonía Nº 3 de Schumann), comandada por su titular, Ligia Amadio, Gelber intentará repetir la hermosa noche de hace dos años, cuando con Beethoven como excusa ofreció una velada inolvidable.
–Hay un gran recuerdo de la visita que hizo a Mendoza en 2008. ¿Cuáles son sus sensaciones al volver?
–La sensación es la de regresar a una ciudad que adoro y encontrar el público que conozco desde hace decenas de años. Disfruto cada vez que voy a Mendoza por la calidad y la calidez del público. Tienen una gran virtud y es que saben escuchar y que saben aplaudir, porque a veces los públicos que aplauden mucho son ruidosos y los que escuchan con mucha atención son poco cariñosos. Ustedes tienen las dos virtudes.
–Usted va a interpretar el Concierto para piano Nº1 de Chopin, ¿qué significa para usted esta obra?
–Es un concierto magnífico, como todo lo que escribió Chopin, y cuando uno tiene un gran director, como pasa con Ligia Amadio, todo es mejor. ¿Sabe cuál es el drama de este concierto?
–¿Cuál?
–Que la orquesta tiene una tarea aparentemente secundaria, de sostén armónico, para permitir el lucimiento pianístico. Pero si no está bien hecho ¡se oye todo! Por eso tiene que haber un buen director, para aceptar ese rol secundario aparente y hacerlo bien.
–¿Y qué significa para usted este compositor, cuya obra es eminentemente pianística?
–No hay pianista que no adore tocar Chopin, porque es un compositor que, aparte de lo fantástico y lo bello que es, tiene una significación pianística enorme. Es uno de los primeros que compone estudios virtuosísticos para el piano. Pero Chopin, por más difícil que sean sus obras, siempre es «pianístico», no crea problemas fundamentales para la ejecución si uno tiene talento.
–Se han hecho muchos intentos por describir el arte de Bruno Gelber. ¿Cuáles diría usted que son sus virtudes?
–Creo que soy un buen artista. Creo que tengo la sensibilidad necesaria para compenetrarme en lo que quiso decir el compositor. Soy un buen intérprete en el sentido de que no trato de lucirme, sino de ser fiel a quien estoy interpretando, como un buen actor que deja que se luzca el texto. Creo que tengo calor interpretativo, soy vehemente pero fiel a mi interpretación. Nosotros interpretamos a los genios en momentos de inspiración divina. Si uno está dotado desde la sensibilidad, es una tarea magnífica, porque uno trata en esos momentos con los genios.

Talento argentino
–Los argentinos orgullosos de nuestros músicos tenemos a otro gran pianista como Daniel Barenboim dirigiendo en la Argentina. ¿Qué siente usted cuando toca en su país?
–Nuestro país fue hecho por tantas nacionalidades y razas distintas que realmente ha formado grandes pianistas. Y tenemos público fantástico en todas partes. Aunque yo vivo desde los 19 años fuera de la Argentina, siempre he guardado relación con este país y he tocado en varias ciudades, no sólo en Buenos Aires, y he recibido realmente el testimonio de públicos que consiguen convencerme de que les gusto y entienden lo que estoy haciendo. Tenemos un gran país al que le gusta la música y que le importa mucho el hecho de tener intérpretes que han recorrido el mundo, como en nuestro caso, y hemos llevado el nombre de la Argentina a toda la geografía.
–¿En qué cosas se siente argentino o qué cosas extraña de su tierra?
–Cuando uno se vuelve ciudadano del mundo no puede decir que se llore pensando en la calle Corrientes (risas). Pero sí tengo presente al ser humano argentino, que es fantástico, la gente amiga, la gente que quiero.
–¿Ha pensando en su retiro?
–(rápidamente) No, no tengo la edad para pensar en el retiro. Creo que hay muchas cosas que con la madurez pueden hacerse. Sigo recorriendo el mundo y no hay nada que me guste más que el hecho de dar lecciones. Me encanta ver a la gente joven de todas partes del mundo acercarse a la música. A mí me interesa mucho despertar el amor a la música en los demás. El día que tenga la cola menos móvil (risas)… con gran placer continuaré en esa faz de educador.
–Más allá de eso, con tanto tiempo dedicado a los conciertos, ¿le queda tiempo para su vida personal?
–Los que hacemos esta vida es como si nos hubiéramos dedicado a una religión. Es una vida al servicio de nuestros conciertos y viajes. Ser un artista internacional conlleva muchas cosas: es un continuo cambiar de hotel, de idioma, de comida, de gente. Y si uno está de repente feliz en un lugar, de golpe ¡pum! hay que subirse a un avión e irse. Hay que aprender a no atarse demasiado a las cosas y llevar la vida así. ¿Sabe cuál es la base en nuestra vida, por lo menos para mí? Tener conciencia de que el que tiene talento, que Dios ha repartido de forma poco democrática, sólo es digno de ese talento si lo sabe dar a los demás.
–Si hay alguien que le ha sido fiel en su vida, ésa ha sido la música…
–Mi maestro Vicente Scaramuzza siempre me decía: «Tu mejor amigo va a ser el piano, nunca te va a decepcionar. Ese señor de cola negra y dientes blancos va a ser tu constante» (risas).

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Sirva esta entrevista como invitación para escuchar a Bruno Gelber, en esta ocasión en un disco titulado Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber, álbum doble en el que interpreta obras para piano solo de Ludwig van Beethoven, Robert Schumann, Franz Liszt, Franz Schubert y, por supuesto, Fryderyk Chopin.


Gracias a quien subió este disco a la red. No recuerdo su nombre

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Schubert - La guerra doméstica - Spering

>> domingo, 19 de diciembre de 2010


>>SERGI VILA

Dentro de la paupérrima discografía operística de Franz Schubert, uno de los títulos más visitados ha sido esta Häusliche Krieg, amable comedia en un acto compuesta por su autor entre marzo y abril de 1823, en plena depresión provocada por la enfermedad que finalmente acabaría con su vida. Es el mismo año que ven la luz partituraas tan importantes como Fierabrás, Romamunda o La bella molinera con las que guarda ciertos rasgos comunes que no dejan traslucir el drama íntimo de su creador. La trama de este singspiel es una original transposición al tiempo de las cruzadas de Lisístrata y La asamblea de las mujeres de Aristófanes realizada con un precursos tono offenbachiano por Ignaz Castelli. La ópera, que consta de 11 números (sin contar la obertura recuperada en el siglo XX por Fritz Racek) no fue estrenada en vida de su creador, teniendo que esperar hasta 1861 para que viera la luz en el Konzertverein de Viena dirigida por Johann Herbeck.
Dramáticamente es una de las más conseguidas óperas de Schubert, que conectó con la alegría algo cándida del libreto de Castelli, y supo llenar de referencias burlescas su música que repasa paródicamente el género operístico de la época: referencias mozartianas (aria de Barbarina en el número 2, ecos de Don Juan en la escena de la conspiración), citas de El cazador furtivo, ecos de Beethoven (número 5) e incluso de Cherubini y Spontini, reyes por entonces de la ópera seria.
Al margen de alguna que otra grabación live, la única versión oficial en estudio de la ópera data de 1978, es decir, del año en que se conmemoraban los 150 años de su muerte. EMI decidió entonces llevar a los estudios de grabación gran parte de la producción lírica del maestro y aparecieron por vez primera Alfonso y Estrella, Los hermanos gemelos, Cuatro años en el puesto de guardia y La guerra doméstica. Esta última reunió por entonces un magnífico elenco de cantantes encabezados por Edda Moser y Kurt Moll en los papeles de Ludmilla y Heribert, dirigidos todos por el eficaz Heinz Wallberg. Por desgracia todas estas referencias no han sido trasladadas al disco compacto.
El presente registro de Christoph Spering viene a mitigar en parte estas lamentables ausencias. Spering, jovencísimo especialista en obras corales románticas como el Paulus de Mendelssohn o la Messe solemne de Rossini, ha vuelto a congregar a su habitual equipo vocal (Isokoski, Lika, Georg) y a la Neues Orchester, para ofrecernos de nuevo un disco de referencia. La claridad orquestal y la variedad de matices que encuentra Spering, sin apartarse de la estética del singspiel, dista bastante de la bienintencionada pero rutinaria versión de Wallberg. Spering rescata, además, la obertura completada en 1964 por Racek, que no figura en la versión de EMI y que es una pequeña obra maestra.
Peter Lika y la finlandesa Soile Isokoski componen una pareja de protagonistas ideal aunque queden en el recuerdo Moll y Moser. Por fortuna se ha optado por una mezzosoprano para el personaje del paje Udolin, masacrado en la versión del ’78 por Adolf Dallapozza y exquisito en la voz de Mechthild Georg. Menos favorable resulta la comparación entre el Astolf de Rodrigo Orrego y el de Martin Finke. Orrego, de voz pequeña y poco atractiva se muestra además inseguro en su pequeño papel. Lisa Larsson sabe perfectamente que su romanza (nº 2) es un auténtico Lied, y obra en consecuencia con notables resultados. La óptima prestación de Chorus Musicus redondea un registro que se coloca a la cabeza de las grabaciones de ópera de Schubert y que recomiendo como una estupenda manera de celebrar el bicentenario.

Publicada en la revista CD Compact, marzo de 1997.

Gracias, Scarabou

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Schubert - Impromptus - Jandó

>> sábado, 27 de noviembre de 2010


Dosis justas

He leído en ocasiones que el genio de Franz Schubert, que tanta huella dejó en su corta vida, tiene en los Impromptus para piano su faceta paradigmática. Es difícil no estar de acuerdo. Y es que este conjunto de piezas condensan a la perfección el lenguaje de Schubert como si se tratara de la esencia que un perfumista guarda para sí como un secreto, como un tesoro.
Declaradamente románticas, misteriosas y a la vez luminosas, estas piezas surgidas nada menos que de la improvisación del compositor (no por nada las llamó «impromptus»: surgidas súbitamente, de pronto), pueden ser colocadas, sin atisbo de duda, entre las grandes piezas para piano de todos los tiempos.
Las obras de Schubert encuentran en Jenö Jandó un intérprete excelente. Sutil, reconcentrado, pero a la vez fresco y cristalino, el pianista húngaro propone piezas que él, como buen schubertiano, no está dispuesto a disgregar y exhibir, como en un ejercicio de disección: más bien, lo que hace es aportar las dosis justas de claridad al digitar, de pasión al construir los climas y de precisión en las partes más complejas (por ejemplo, en las secciones rápidas del segundo y el quinto de los Impromptus).
Todo ello, sumado a un sonido eficiente, como es costumbre en Naxos, hacen de éste un disco para recomendar sin reservas.

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Schubert - Sinfonía Nº 8 «Inconclusa» - Harnoncourt (RCO edición especial)

>> domingo, 26 de julio de 2009


Harnoncourt: Schubert en Amsterdam

Nikolaus Harnoncourt es, dicen, de esos directores a los que se los ama o se los odia. No me cuento entre ninguno de los dos bandos: de él tengo oída la mejor Novena de Beethoven, nada menos que una obra en la que la competencia es abrumadora. Con la Chamber Orchestra of Europe, y en una particular «versión intermedia» de su enfoque «historicista», el músico redujo el número de cuerdas y mantuvo los instrumentos modernos, ofreciendo una reveladora sonoridad de esa obra maestra, de las más excelsas jamás compuestas.
Otro tanto puede decirse de su Bruckner con la Filarmónica de Viena (estoy pensando en la Séptima, pero también en la Quinta y la Novena): el director alemán ocupa el podio como un hilandera que saca lo más sedoso de la célebre orquesta para una versión de tal lejano lirismo que aunque resulta apasionante conviene oírla después de algún otro registro de referencia.
Harnoncourt grabó con la Royal Concertgebouw Orchestra de Amsterdam una integral de las sinfonías de Schubert que no he tenido la suerte de oír. Sí puedo decir que el conductor eligió las partituras originales (sin correcciones) y en esa línea, sin instrumentos «de época» sino con esta monumental orquesta moderna, ofreció versiones que buscaban ser lo más fieles posibles a lo que se supone eran las intenciones del compositor.
La presente versión de la Sinfonía Nº 8 «Inconclusa», ofrecida por la RCO como parte de los regalos por su 120º aniversario, es una toma en vivo de 1997, más o menos la época en que se realizaron algunas grabaciones de la integral publicada por el sello Teldec.
El resultado es muy particular. Primero, no puede decirse que el sonido sea perfecto: el público parece haber querido responder con toses y carraspeos a la orquesta en todo momento (¿será la época del año?). Segundo, la lectura de Harnoncourt es tremendamente particular y ni siquiera la orquesta parece cómoda al tocarla. Ello hace que excepto en algunos momentos (en especial del segundo movimiento), la maquinaria comience encajar de a poco, hasta concluir, ya avanzada la obra, en una inspirada y novedosa versión, que ilumina aspectos desconocidos en lecturas más convencionales.
Para amar, odiar o simplemente seguir con interés los caminos de este gran conductor, sírvase entonces esta grabación de la «Inconclusa», que se presenta aquí con los cortes en los tracks y la eliminación del murmullo, los estornudos y las carrasperas de las pausas.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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