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Tchaikovsky - Sinfonía Nº 1 - Muti

>> lunes, 13 de junio de 2011



Sinfonía apoteótica


>>MARTÍN ZUBIRÍA

[La Sinfonía Nº 1 op. 13 en sol menor, de Piotr I. Chaikovsky] Se estrenó en 1868 en Moscú, bajo la dirección de Nikolai Rubinstein. Chaikovsky tenía ya en su haber algunas obras sinfónicas menores –tres oberturas– cuando emprendió la composición de esta sinfonía, que le costó un enorme trabajo y puso en aprietos su salud. Además, un par de músicos había criticado la primera redacción de la obra y el compositor se vio llevado a introducir en ella varias modificaciones.
La acogida del público fue calurosa, pero Chaikovsky trabajó de nuevo sobre la partitura en 1874, introdujo cambios importantes en tres de los cuatro movimientos, y esa versión pasó a ser la definitiva.
El subtítulo de «Sueños de invierno» no alude al período en que fue compuesta, sino a reminiscencias del paisaje nórdico, contemplado por el compositor en sus frecuentes viajes entre Moscú y San Petersburgo, y donde veía reflejada la melancolía de su propio carácter.
El primer movimiento, «Allegro tranquillo: Sueños durante un viaje de invierno» (sólo los dos primeros movimientos poseen una indicación extramusical), está compuesto a partir de dos temas principales: uno, lírico y animado a la vez, es expuesto por las flautas y los fagotes a la octava. El segundo es una melodía elegíaca a cargo del clarinete y aparece luego de un primer fortísimo, que hace pensar en la visión de una borrasca coronada por los sones de los instrumentos de metal y de madera.
El segundo movimiento, «Adagio cantabile ma non tanto: comarca lúgubre, comarca brumosa» está dominado por una intensa nostalgia y un lirismo típicamente nórdico. Después de la introducción a cargo de las cuerdas, el oboe canta una larga melodía de un innegable color ruso y en la parte central del movimiento –«pochissimo più mosso»– resuena, primero en las violas y violines y luego en los violonchelos, una vibrante cantilena. Como en el movimiento anterior, la coda consiste en una repetición de los primeros compases.
El siguiente «Scherzo. Allegro scherzando», presenta la forma A-B-A. Se basa en la repetición de una célula rítmica cuya grácil ligereza queda subrayada por la finura de la instrumentación. Posee un carácter inquieto y casi irreal, que, en la sección B, se vuelve una suerte de vals lento.
El cuarto movimiento, «Finale-Andante lugubre-Allegro moderato» es de una gran envergadura y resulta bastante complejo. Se abre con una introducción sombría, a cargo de las maderas, basada en una canción popular. Desde el modo menor se pasa luego al modo mayor, al comienzo del «Allegro», para desembocar en un nuevo motivo, lleno de energía, con una amplia participación de los metales. El segundo tema, confiado al fagot, posee también un marcado carácter folclórico. Si la vuelta del «Andante lugubre» suspende bruscamente la tensión dinámica, pronto comprendemos que lo hace para poder extenderse en una apoteosis grande y radiante, en sol mayor, de rico colorido.

Texto incluido en el programa de un concierto de la Sinfónica UNCUyo.

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Esta versión fue transmitida por radio satelital y compartida en la red por Ariosto1. Está a cargo de la Philharmonia Orchestra, dirigida por Riccardo Muti, sin que consten datos sobre el año de su interpretación.
La portada es cortesía de la casa.

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Tchaikovsky - Sinfonía Nº 6 «Patética» - Pletnev

>> viernes, 18 de marzo de 2011


>>MARTÍN ZUBIRÍA

La Sinfonía nº6 Op.74 en Si menor «Patética» fue compuesta entre los meses de febrero y agosto de 1893. El compositor dirigió el estreno, en San Petersburgo, el 28 de octubre de ese mismo año.
El título de «Patética» no es el propio Tchaikovski; fue sugerido por su hermano y la palabra rusa que utilizó fue «patetichesky», que más significa «apasionado» o «emotivo» que «lamentable» o «patético». La obra ha provocado los comentarios más diversos, también por razones que no son estrictamente musicales, puesto que una semana después del estreno el compositor se vio llevado al suicidio por un escándalo en su vida privada. La interpretación más plausible habla de una retrospectiva autobiográfica que desemboca en un «réquiem» para sí mismo, resultante de una premonición que el compositor habría tenido de su próximo fin.
En el análisis sumario que sigue nos atenemos a la autoridad del musicólogo A. Lischké.
Como una de las sinfonías anteriores de Tchaikovski, la Quinta, también la «Patética» comienza con una introducción en tempo Adagio. El fagot expone un tema decididamente lúgubre, a partir del cual el «Allegro» inicia después una carrera anhelante. El contraste con el segundo tema es total: tocado por los violines, en modo mayor, es una de las melodías más abiertamente sentimentales que Tchaikovski haya escrito y que muere, en un largo diminuendo interrumpido bruscamente por un choque orquestal de una terrible violencia. El desarrollo, verdadera tragedia musical, alcanza varias cumbres sonoras, entre las cuales resuena en los trombones, en un momento de reflujo de la intensidad, el fragmento de un coral procedente del Réquiem ortodoxo: «Que repose entre los santos».
El segundo movimiento, «Allegro con grazia», aporta una distensión indispensable. Es un vals de una melodía suave y elegante, con la particularidad de estar escrito en un ritmo de cinco tiempos. Sin embargo, al oírlo, no sentimos en absoluto la asimetría. Se trata de un logro extraordinario de Tchaikovski. Son pocas las composiciones con cinco tiempos por compás que suenan de un modo tan natural. Esto se debe en parte a que la estructura de las frases es obstinadamente regular, como para compensar la irregularidad continua de los compases divididos en mitades desiguales (2+3). Hay una sección de trío en el medio, y también está en ritmo de 5/4. Este trío es notable por su pulso continuo sobre la nota Re en los fagotes, bajos de cuerdas y timbales.
Después del Tchaikovski angustiado ante el destino y del hombre amable y elegante, pero siempre con un fondo pesimista, al llegar al tercer movimiento estamos ante el ser de fuego que deja estallar, por última vez, su prodigiosa carga de verbo y de vitalidad. Este «scherzo» es un movimiento dionisíaco, de un impulso continuo, sin un instante de reposo y, por una única vez, con una ausencia total de contrastes. Todos los esfuerzos van dirigidos hacia una intensificación progresiva del volumen sonoro y de la escansión rítmica.
El último movimiento, «Adagio lamentoso» es el testimonio de la próxima destrucción de sí mismo, que Tchaikovski había presentido. Comienza con un tema desgarrador en los violines seguido de una respuesta que aporta un poco de recogimiento religioso. En la parte central, un segundo tema en modo mayor tiene una resignación dulce y triste; impregnado de pesar, llega hasta el paroxismo en su tensión dolorosa. La coda es introducida por un grave coral a cargo de los metales. Un recuerdo del segundo tema, en modo menor, se borra al descender hacia el extremo grave de las cuerdas; la música se hace más lenta y más baja, con lo que la sinfonía llega a un clima sonoro semejante al de la Introducción y muere, por así decir, en las profundidades de donde surgió.

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Para escuchar esta obra maestra, que tanto influiría en Mahler para la composición de su Sinfonía Nº9, proponemos la que acaso es la mejor versión moderna de esta partitura. Está a cargo de la Orquesta Nacional Rusa y su titular y fundador, Mikhail Pletnev, prestigiosa batuta que ha debido afrontar el año pasado graves acusaciones de las que poco se ha sabido luego de la publicación de las mismas.
En este magnífico disco, imprescindible para todo el que quiera asomarse a la Patética, se acompaña la genial sinfonía de Tchaikovsky con la bella Fantasía-obertura Romeo y Julieta, del mismo compositor y por los mismos intérpretes.

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Schumann - Tchaikovsky - Conciertos para piano - Barenboim - Celibidache

>> jueves, 18 de noviembre de 2010


Concierto de un hombre devastado

Cuando los románticos quieren hablar de Robert Schumann, nos dicen que fue un compositor sólido, hábil y respetado por sus contemporáneos. Nos dicen también que vivió cerca de quince años de feliz matrimonio con Clara Wieck, y que sus trabajos como crítico y analista musical le dieron una fama que perdura hasta nuestros días.
Cuando son los realistas quienes hablan de Schumann, nos recuerdan que al inutilizarse accidentalmente dos dedos tuvo que abandonar para siempre su deseo de convertirse en un gran pianista. Nos dicen que también fracasó en su intento de llegar a ser abogado y que fue expulsado de la Universidad de Heidelberg por su afición a la bebida. Además, tuvo que luchar a brazo partido para obtener a Clara en matrimonio, ya que Friedrich Wieck, quien había sido su maestro de piano, no lo quería como yerno.
De estas dos visiones más o menos contradictorias de la vida de Schumann se puede sintetizar, quizá, el conflicto que lo llevó a terminar su vida internado en un asilo para enfermos mentales, añadiendo su nombre a la lista de compositores (Chabrier, Donizetti, Gurney, Perosi, Smetana, Thomas, Vanhal, Wesley, Wolf ) que perdieron la razón.
El último acto de Schumann antes de ser internado en el asilo fue intentar ahogarse en el río Rhin, siendo una de las causas probables de ello las violentas críticas que recibió por su incompetencia como director de la Orquesta de Düsseldorf. A pesar del triste fin de Schumann, la historia parece confirmar el hecho de que la salud mental le duró algunos años más que lo previsible gracias a la presencia en su vida de Clara Wieck, a quien la historia, casi siempre escrita por hombres, conoce como Clara Schumann.
Esta notable mujer fue una de las mejores pianistas de su tiempo, y una buena parte de la obra pianística de Robert Schumann le debe su inspiración. Clara sobrevivió a su esposo por 40 años, y durante todo ese tiempo se dedicó incansablemente a tocar y promover la música de su esposo por toda Europa, tal y como lo había hecho en vida de él.
En el año de 1841, a instancias de Clara, Schumann hizo una breve pausa en su pensamiento pianístico para volver los oídos hacia la orquesta. Fue así como nació su Primera sinfonía, que inmediatamente después de ser terminada fue estrenada por Felix Mendelssohn con la famosa Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig. Poco después, sin embargo, Schumann volvió al piano y escribió una pieza en un movimiento, para piano y orquesta, a la que tituló Fantasía, y que fue tocada por Clara en ese mismo año de 1841. En los años siguientes, Robert y Clara realizaron juntos algunas giras de conciertos por Europa, giras en las que Schumann era considerado generalmente como el esposo de la gran pianista, cosa que aumentó su depresión y lo hizo refugiarse continuamente en la bebida.
Llegó así el año de 1845 y Schumann decidió que ya era tiempo de componer un concierto para piano. Retomó entonces la Fantasía que había escrito en 1841 y la convirtió en el primer movimiento de su nuevo concierto. Los otros dos movimientos fueron terminados en 1845 y la obra se estrenó en Dresde el 4 de diciembre de ese año, con Clara en el piano y Ferdinand Hiller, amigo del compositor, al frente de la orquesta.
Este concierto, considerado como una de las obras más importantes de Schumann, fue publicado en 1846 con una dedicatoria a Hiller.
Pocas semanas después, Clara tocó la obra en Leipzig con la Orquesta de la Gewandhaus dirigida por Mendelssohn, y al igual que en el estreno, el concierto fue recibido con frialdad. Fue muy poco a poco que esta pieza adquirió la merecida popularidad de la que hoy goza, como uno de los conciertos para piano más evocativos del espíritu romántico. Sin embargo, años más tarde, el Concierto para piano puso a Schumann en el centro de uno de los conflictos más violentos de su vida. El 17 de mayo de 1856 apareció en un periódico de Londres una crítica firmada por H.F. Chorley, que decía así:

La principal novedad de la noche fue la ejecución de Madame Schumann del Concierto en la menor del Dr. Schumann, que fue recibida con una calidez bien merecida por la interpretación de la dama. Como no podemos imaginar que este concierto sea adoptado por ningún pianista de Londres, nos abstendremos de hablar más de esta composición.


Una vez más, Schumann era considerado simplemente como «el marido de Clara Wieck», y no como un personaje musical por derecho propio. Dos meses después de la aparición de esta crítica, Robert Schumann murió, loco, en un asilo privado de la ciudad de Endenich, cerca de Bonn.

Allegro affettuoso
Intermezzo: Andantino grazioso
Allegro vivace



Texto del programa para la temporada 2010 de la Orquesta Sinfónica de Minería (México)

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Para disfrutar de esta obra fundamental del repertorio del concierto pianístico, proponemos una versión que reúne a dos de los músicos más importantes del siglo XX: el recordado Sergiu Celibidache (para algunos, el director más grande de la historia) y el genial pianista argentino Daniel Barenboim. Junto a la Filarmónica de Munich, en tomas en vivo de 1991, ofrecen una mágica versión del concierto de Schumann. El disco está acompañado por una no menos brillante interpretación del Concierto para piano Nº 1 de P. I. Chaikovsky.

Gracias a quien originalmente puso este disco en la red.

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Tchaikovsky - Sinfonía Nº 5 - Celibidache (MP)

>> martes, 17 de agosto de 2010


>>MARTÍN ZUBIRÍA

Tchaikovski
(1840-1893) se acercaba a los 50 años cuando compuso su Quinta Sinfonía, durante la primavera y el verano de 1888. Y si poco después del estreno, a fines de ese mismo año en San Petersburgo y en Praga, bajo la batuta del propio compositor, él se sintió profundamente insatisfecho con su obra, al compararla con la Cuarta, escrita 10 años antes, lo cierto es que el mayor talento de Tchaikovski era su don para la melodía y que ese talento en ninguna otra obra resulta tan evidente como en la Quinta. En ella el principio cíclico observado en la Cuarta Sinfonía se generaliza: un mismo tema, el del Destino, se presenta bajo diversos aspectos en los cuatro movimientos.
La sinfonía se abre precisamente con ese tema. Primero se lo oye en dos clarinetes bajos y en el registro grave de la cuerda. Se amplía hasta llegar a un estallido de fanfarrias de metal. La sección principal del primer movimiento es más meditativa que lírica y más triunfante que íntima, pero ya en el Segundo, «Andante cantabile con alcuna licenza» nos encontramos con tres grandes melodías románticas. La primera, noble y patética, se oye al comienzo en el corno, un instrumento que se destaca a lo largo de todo el movimiento. Antes de que transcurra mucho tiempo se hace oír el oboe con una segunda melodía de igual belleza. La tercera está a cargo de las cuerdas que la cantan con verdadera pasión.
Las cuidadosas indicaciones relativas al tempo, al carácter, al fraseo, escritas por el compositor a lo largo de la partitura para señalar el modo exacto de interpretar esos temas en cada una de sus apariciones sucesivas –dolce molto espressivo, sostenuto, con noblezza, con desiderio, cantabile, con anima, con desiderio e passione, con tutta forza, dolcissimo– revelan a las claras que los consideraba hondamente expresivos.
El tercer movimiento, un vals elegante y sin prisas, que recuerda la música para ballet escrita por Tchaikovski, lleva el lirismo del movimiento anterior hacia un ámbito diferente; la sección media descansa sobre un tema contrastante y vivaz. El motivo del Destino reaparece justo antes del final, sin ningún brillo, en los clarinetes bajos y fagotes, pero igualmente impresionante dentro de su contenida tristeza.
En el último movimiento ese motivo ya no está simplemente citado, sino que impregna la música. La introducción lenta se basa en él y luego reaparece continuamente. Cuando se lo oye en la exposición (y nuevamente en la recapitulación) no interrumpe los temas principales sino que, por el contrario, los complementa. Después de un dramático final falso, la coda «maestosa» concluye el movimiento de manera triunfal con el motivo del Destino en modo mayor.
Si el final peca de una cierta desproporción de forma, que el propio Tchaikovski reconocía, también es notable por la riqueza de invención y por la intensidad expresiva.

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Para escuchar esta de por sí muy difundida Sinfonía Nº 5, proponemos una versión muy particular. El legendario Sergiu Celibidache, en una hondísima lectura de esta obra de Tchaikovsky junto a la Münchner Philharmoniker, en vivo, en la etapa final de la vida del conductor.

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Tchaikovsky - Sinfonía Nº 2 + Serenata para cuerdas - Svetlanov

>> lunes, 19 de octubre de 2009


Un Tchaikovsky de excepción

Ponemos hoy el foco sobre Piotr I. Tchaikovsky, y en especial sobre la etapa creativa correspondiente a su Sinfonía Nº2, subtitulada «Pequeña Rusia» y escrita en los momentos en que el compositor comenzaba a gozar del primer prestigio ganado por sus obras, sobre todo el Concierto para piano nº 1.
Pero en lugar de hablar de las características de la obra (en la que ya se aprecia plenamente el talento de Tchaikovsky para expresar las emociones más claras, como buen romántico), quisiera resaltar que me interesa mejor presentar una grabación de excepción, pues se trata de la versión del legendario director ruso Evgeni Svetlanov, quien supo registrar la integral sinfónica de Tchaikovsky (sus sinfonías numeradas además de la Manfredo) y otras de sus composiciones.
Junto a la Orquesta Sinfónica de la URSS, esta obra (y la que la acompaña, la extraordinariamente romántica Serenata para cuerdas) suena con una fuerza y una claridad tales que es imposible no querer escucharla una y otra vez. Sepan que están ante un verdadero documento sonoro, una joya discográfica.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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