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Elgar - Concierto para chelo - Gabetta - Venzago (y otras obras)

>> lunes, 25 de octubre de 2010



Sol Gabetta interpreta el Concierto para violonchelo de Elgar y obras breves de Dvorák, Respighi y Vasks

Entre los clásicos en el género concertante para violonchelo, el de Edward Elgar es quizás mi gran favorito, en un podio que comparte con el de Boccherini en si bemol mayor y el de Dvorák, junto con el par de conciertos que nos legó el gran Shostakovich.

Antecedentes
Fue precisamente con el Segundo concierto de Shostakovich que tuve la primera noticia de la joven chelista argentina Sol Gabetta, y he de declarar que, aparte de la maravillosa versión que nos grabo Mstislav Slava Rostropovich con Evgeni Svetlanov en 1968, la lectura de esta cordobesa es la que más me ha impresionado, muy por encima, por ejemplo, de la de Maisky/Previn. Mis agradecimientos a nuestro anfitrión, Fernando G. Toledo, por compartirla con todos nosotros a través de Oído Fino.
A partir de ese primer encuentro me quedó el interés por conocer más de ella, y cuando salió a la luz este disco con obras de Elgar, Dvorák, Respighi y Vasks, me apuré a obtenerlo y evaluarlo lo más pronto posible con Fernando, para compartirlo como una nota de seguimiento en el blog. A la fecha ya poseo la colección completa de grabaciones de Sol Gabetta, así que poco a poco las iremos compartiendo con ustedes en Oído Fino.
He de comentar que este nuevo CD es una movida riesgosa de Sol Gabetta en el repertorio, al enfrentar sin titubeos la obra cumbre de este repertorio (en mi modesta opinión), teniendo siempre en mente que el estándar de interpretación es la maravillosa y trágicamente mítica grabación de Jacqueline Du Pré y Sir John Barbirolli con la Orquesta Sinfónica de Londres de 1965 (junto con las otras tres grabaciones de la misma Du Pré con Sir Malcolm Sargent y dos con su esposo Daniel Barenboim). Esta grabación ha sido acogida universalmente como la interpretación definitiva, por encima de notables como las de Casals y Rostropovich (quien al escuchar esta grabación, decidió voluntariamente retirar el concierto de Elgar de su repertorio).
Luego de la grabación de Du Pré, quizás la mejor grabación sea la que hizo Yehudi Mehuhin como director y el chelista Julian Lloyd Webber en 1986, la cual recibió en 1987 el Brit Award como la mejor grabación de dicho año. En ese mismo concierto otros no han sido tan afortunados como Maisky (con Sinopoli), Watkins (con Bělohlávek para los BBC Proms), Yo-Yo Ma (con Previn) y, más recientemente, Natalie Clein (con Handley).
Sobre la coincidencia entre la serena nostalgia del concierto de Elgar y la trágica vida de su mejor intérprete, redacté un artículo en el blog de nuestro inolvidable amigo E Cuervo López, el cual invito a los lectores a visitar haciendo clic aquí.
Aclaro al lector que no entré a evaluar el disco de Sol Gabetta que hoy les comparto con ese estándar en la mente: aunque la referencia es obligada, traté de concentrarme en la música exclusivamente y, para mi sorpresa, lo que escuché me entusiasmó muchísimo. Y con dos, tres escuchas más… me enamoré más del tono solemnemente melancólico del chelo de la cordobesa… En justicia, no desbanca del pináculo absoluto a Jacqueline Du Pré, pero sin duda es la grabación que más me ha gustado, por encima de todas las que mencioné previamente, con excepción de las de Du Pré (creo que esto queda claro y sobra).

La artista
Sol Gabetta es una joven chelista, nacida en 1981 en la bella ciudad de Villa María (Córdoba, Argentina), de padres de origen italiano, francés y ruso. Estudió violonchelo, piano y canto en Córdoba, perfeccionándose como chelista en Buenos Aires con Leo Viola y en Madrid mediante una importante Beca para la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Posteriormente inició sus cursos de violonchelo con Iván Monighetti en la Academia de Música de Basilea (Suiza), y, después de haber obtenido el diploma de solista en 2001, prosiguió sus estudios de chelo en Berlín con David Geringas.
Ha recibido muchos premios en su joven trayectoria, empezando desde muy joven: a la edad de diez años obtuvo dos primeros premios en concursos musicales de Córdoba y Buenos Aires. En 1995 obtuvo el primer premio en el Concurso de la Radio de la Suisse Romande en Ginebra, Suiza, la máxima distinción en el Concurso Internacional de Lausana, Suiza, y el premio a la mejor interpretación musical en el Concurso Tchaikovsky de Moscú, en 1998.
Sol Gabetta ha sido huésped de importantes festivales, como el de Lockenhaus y Davos, en la serie «Jóvenes Artistas en Concierto», y en el festival de Lucerna. Fue invitada a tocar con las orquestas Sinfónica de Basilea, la Orquesta Nacional de Francia, la Orquesta de Cámara de Stuttgart, la Orquesta de la Radio de Baviera, la Filarmónica de San Petersburgo, y en abril de 2003 participó, a solicitud de Gidon Kremer, de una serie de conciertos en Italia con su Kremerata Báltica. El mismo Kremer, director artístico del Festival de Basilea MuseumsMusikWoche, la presentó como solista en el concierto inaugural del 9 de abril de 2003, con la Orquesta de Cámara de Basilea.
Algunos de sus conciertos fueron grabados y luego transmitidos en los programas de Espace 2 en Francia, la DSR (Radio de la Suiza Alemana), la SWR (Radio del Sudeste Alemán), y en la Classic Radio de Alemania. En estos momentos Sol Gabetta tiene su propia cátedra de chelo en la Academia de Basilea y desde 2005 está organizando su propio festival en Suiza: el «Solsberg Festival», en la pintoresca ciudad de Olsberg (en la periferia de Basilea donde reside). Según Gabetta su propósito es «invitar cada año a un compositor residente a que componga una obra específica para mí. Mi sueño es que dentro de 20 años pueda tener un repertorio original, creado para mí, en Solsberg Festival».
Al inicio de su carrera Sol Gabetta interpretaba su música para muchos de sus recitales y conciertos públicos en un chelo Guadagnini de 1759, que pertenece a la colección privada de Hans K. Rahn. Ahora, usa un violonchelo original del más famoso de los lutieres franceses, un J. B. Vuillaume de 1867, el cual le ha sido cedido gracias a los auspicios de la compañía suiza Crossair Airlines.
El disco que hoy compartimos es el sexto y más reciente de su repertorio. Previamente ha publicado:

• Tchaikovsky, Saint-Saëns and Ginastera: Su álbum debut, con la Munich Radio Orchestra, bajo la dirección de Ari Rasilainen
• Il Progetto Vivaldi, con la más prestigiosa de las orquestas autenticistas italianas, los Sonatori de la Gioiosa Marca
• Shostakovich Concerto Nº 2 con la Filarmónica de Munich dirigida por Gerd Albrecht (este CD fue presentado en Oído Fino).
Cantabile: un CD maravillosamente compilado de obras operáticas para voz humana, transcritas para chelo. Acá Sol es acompañada por la Prague Philharmonic, bajo la dirección del maestro Charles Olivieri-Munroe
Obras para chelo de Hofmann, Haydn, Mozart (adaptación para chelo del Segundo concierto para flauta), con la Orquesta de Cámara de Basilea dirigida por Sergio Ciomei.


Las obras
En el artículo previamente citado, publicado en el blog de El Cuervo López, encontrará el lector muchas referencias a las circunstancias que rodearon la escritura del maravilloso Concierto para chelo de Elgar, su última obra importante antes de caer en el aislamiento y la depresión que marcaron sus últimos quince años de vida, debido a la enfermedad y muerte de su amada esposa Alice. Durante sus años postreros, Elgar no fue capaz de escribir nada significativo. Adicionalmente, en aquella nota, hago una referencia a la trágica vida de Du Pré y a la divina iluminación que hizo de su interpretación con Barbirolli el maravilloso e inalcanzable estándar definitivo para interpretar la obra.
En este CD Sol Gabetta interpreta el Concierto para chelo de Elgar, más un ramillete de obras concertantes breves para chelo y orquesta, así como una enigmática obra para chelo solo de Pēteris Vasks. En la interpretación, Gabetta es acompañada magistralmente de la Orquesta Sinfónica Nacional Danesa (la orquesta tradicionalmente más importante de Dinamarca, heredera de una gran tradición que incluye al legendario Nikolai Malko y Herbert Blomstedt) bajo la dirección de Mario Venzago.
Las miniaturas concertantes de Elgar incluidas en el CD, son obras adaptadas para chelo y orquesta por Søren Barfoed. Dos de dichas obras –Salut d’Amour y La Capricieuse– corresponden a la primera etapa de la vida de Elgar, anterior al éxito que marcaron sus Variaciones Enigma en 1899. Una de ellas es especialmente significativa: se trata de Salut d’Amour, escrita para Alice, el amor de su vida, en respuesta a un poema que ella le había escrito. En el diario personal de Elgar y en la primera edición de la obra, Elgar anotó: «para la mujer que me ha aceptado…». Sospiri fue escrito en 1914, unos días antes de que iniciara la Primera Guerra Mundial, como una miniatura orquestal para arpa, órgano (o en su defecto armonio) y orquesta de cuerdas.
El programa incluye dos obras de cámara de Antonín Dvorák, luego orquestadas para chelo y orquesta por el mismo compositor tras ser utilizadas en su «gira de despedida» de su natal Bohemia en 1892 junto con el violinista Ferdinand Lachner y el chelista Hanus Wihan, antes de partir a América para tomar el puesto del Conservatorio Musical de New York (Jeannette Thurber, fundadora del Conservatorio de Nueva York le ofreció especialmente el puesto, a condición que se trasladase a vivir a Estados Unidos).
Ambas obras, pero en especial el Rondó op. 94, anticipan la grandeza y lirismo que posteriormente caracterizara su hermoso Concierto para chelo. En esta obra, rápidos arpegios en el chelo dan paso a citas textuales de melodías originales de su natal Moravia. Esas obras fueron usadas como complementos para la obra que caracterizó esa gira artística: el nuevo Trío Dumky.
Ottorino Respighi es el primer gran compositor sinfónico italiano del siglo XX, un valiente que se distanció a sí mismo de la notable estirpe italiana verista, para dedicarse a la composición orquestal con un lenguaje propio y personal: lejos del modernismo del siglo XX, pero reinventando un lenguaje orquestal rico y exuberante. El Adagio y (nueve) variaciones para chelo y orquesta fue compuesto en 1924, y es una obra concertante para chelo que hace un balance armónico entre el solista y pasajes de gran belleza orquestal.
Finalmente, el álbum cierra con una obra sorprendente, y que fue lanzada como un CD corto independiente: el Grāmata čellam o El libro para el chelo solo del compositor latvio Pēteris Vasks (*). A mi juicio, es junto a la lectura de Elgar, un tesoro digno de apreciar: una obra para chelo solo en dos partes, de gran belleza y dificultad técnica, alterna pasajes de íntimos silencios y fuertes contrastes rítmicos, en donde el autor pide al solista que refuerce la lectura cantando-vocalizando con su propia voz una serie de compases (acá, particularmente, Sol Gabetta saca ventaja de su preciosa voz y de los estudios de canto que tuvo en su infancia). La interpretación de la cordobesa es sencillamente genial, un fiero dominio técnico (prestar especial atención a los momentos de gran intensidad con dobles y triples saltos de ritmo, crescendos o diminuendos alternando pasajes de arco, col-legno y pizzicatos) alternando con momentos de gran lirismo.

Valoración final
Realmente, es un disco maravilloso. Elgar es interpretado con intensidad, fuerza y mucha emoción. Y en especial los dos últimos cortes –Respighi y Vasks– hacen del programa del CD un verdadero tesoro interpretativo. Lo recomiendo enormemente. ¡Disfrútenlo!

Próxima parada: Il Progetto Vivaldi

(*) Importante hacer notar que con el lanzamiento del disco de Elgar que hoy estamos comentando, la obra de Vasks fue incluida en el paquete integral del CD. El CD se comercializa como CD doble, pero toda la música (Elgar, Dvorák y Respighi más la obra de Vasks, puede ser grabada en un solo CD).

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Dvorák - Concierto para chelo y otras obras - Vogler - Robertson

>> sábado, 15 de mayo de 2010


Los secretos del Concierto para chelo

>>MICHAEL BECKERMAN

Traducción de Fernando G. Toledo

El Concierto para chelo y orquesta de Antonin Dvorák es una de sus obras maestras y un poderoso ingrediente para el repertorio contemporáneo. (…) El género y la elección del instrumento elegido se inspiran en el Concierto para chelo de Victor Herbert, que el compositor escuchó en Nueva York en 1894, pero el nervio expresivo del Concierto para chelo de Dvorák está íntimamente relacionado con la vida y la muerte de su cuñada, Josefina Kounicova. Son particularmente misteriosas dos citas de la canción de Dvorák Lasst mich allein (Déjame solo), que aparecen en el segundo y tercer movimientos, sugiriendo que allí puede estar, después de todo, el programa secreto de esta obra. Después de todo, la obra a gran escala previa de Dvorák fue la sinfonía Nuevo mundo, inspirada en parte por la Canción de Hiawatha de Longfellow. Su siguiente obra orquestal fue el poema sinfónico de 1895 Vodnik (El fantasma del lago), basado en una balada de K.J. Erben (una especie de Stephen King checo). (…) Este disco incluye dos versiones del Lasst mich allein de Dvorák, rodeando el Concierto para chelo: una vocal y otra transcripta para chelo (…)."

>>JAN VOGLER
Traducción de Fernando G. Toledo

El biógrafo de Dvorák, Otakar Sourek, ha escrito sobre la relación entre Josefina y el Concierto para chelo sólo en la tercera edición de su libro. Él nos cuenta dos cosas que son importantes para el concierto: primero, que Dvorák se enamoró de Josefina a mediados de 1860, antes de casarse con su hermana; y segundo, que Lasst mich allein, una de sus Canciones de amor, op. 82, era una de sus canciones favoritas. No hay manera, en este punto, de probar o refutar este testimonio. No hay una fuente externa a la familia donde se haya publicado esa información, donde quizá era un secreto a voces. (…) No me siento capaz de ofrecer ninguna explicación para la historia compositiva y los detalles de la pieza que no incluyan a Josefina, aunque pueda existir. Dvorák citó su propia canción de amor, introducida por una marcha funeral en el movimiento, a poco de haber recibido una carta de ella acerca de que había caído enferma, a finales de 1894. Y él agregó además la coda, citando otra vez la canción después de la muerte de ella, en la primavera de 1895. Pero por otra parte, es probablemente un error tomar a los compositores tan literalmente. ¿Escribió Dvorák el concierto para Josefina o en su memoria? ¿O la usó como una musa, para evocar una especie de escena en la que Scarlett O’Hara conoce a Tristán, y una vez inventada, cobró vida en su obra? (…).

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Estas magníficas interpretaciones tienen a Jan Volger como solista en violonchelo, Angelika Kirchshlager como mezzo soprano, Helmuth Deutsch en piano y la New York Philharmonic, dirigida por David Robertson.

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Dvorák - Stabat Mater - Sinopoli

>> martes, 14 de julio de 2009


El opus último de Sinopoli


Recordamos especialmente el trabajo conjunto que hicimos con elcuervolopez en el ciclo de las sinfonías y los conciertos del dolor. En esa docena de entregas exploramos intensamente ese vinculamiento entre la condición humana de un compositor y sus obras, especialmente cuando sus obras se vuelven un desahogo de una situación dolorosa o de alegría. En este post, volveremos a visitar un caso triste, esta vez con Dvorák, con una obra que en menos de dos años, se volvió la última grabación en vida de dos grandes directores: Robert Shaw y Giuseppe Sinopoli. Dvorák, el compositor bohemio más representativo junto con Smetana y Fibich, nació en una pequeña villa en las afueras de Praga, en las riveras del mítico río Vltava en 1841. Sus inicios musicales no fueron para nada cosmopolitas: estudió hasta los 11 años, luego dejó los estudios para ser aprendiz de carnicero. Al año siguiente, para facilitar la continuación de su educación, su padre lo envió a Zlovice a aprender alemán, y allí obtuvo sus primeras experiencias musicales al empezar a estudiar violín, órgano y piano. A partir de ese momento, se interesó en estudiar formalmente música en la Escuela Nacional de Órgano de Praga y luego de sus estudios consiguió una plaza de violinista en la Orquesta del Teatro de la misma ciudad.
El desarrollo de la carrera como compositor siguió posteriormente, animado por sus primeros triunfos con la interpretación de sus obras y el conocimiento que fue adquiriendo del mundo musical europeo, especialmente Schumann y Wagner.
Entre 1876 y 1878 se dio un conjunto importante de obras, entre ellas su Cuarta y Quinta Sinfonías y empezó a bosquejar las ideas básicas de lo que sería una de sus obras más representativas: su Stabat Mater para solistas coros y orquesta, cuyo primer manuscrito está fechado en febrero de 1876.

Música para Semana Santa
Este tipo de obra coral está asociada al período de la Semana Santa, en especial el viernes Santo, cuando los cristianos recuerdan la crucifixión de Jesucristo. Una semana antes suelen presentarse en el mundo entero diversas versiones del Stabat Mater que han sido compuestas desde la época barroca hasta nuestros días. Sobresale ante todas, la composición del joven compositor italiano Pergolesi (que falleció prematuramente a los 26 años), la lírica composición de Vivaldi y la sublime creación de Palestrina. Entre los clásicos y románticos, destaca especialmente la composición de Antonín Dvorák entre los casos de Haydn, Mozart, Schubert y Rossini. Ya en la modernidad, destacan los de Poulenc y Penderecki.
Conceptualmente, el Stabat Mater es una obra coral religiosa que expresa la compasión con el sufrimiento de Jesucristo y su madre María. Los textos en los que se inspira la obra corresponden a un texto medieval del siglo XIII, cuyo autor es probablemente el poeta italiano Jacopone da Todi o San Bonaventura.

La tragedia de un artista
En esta obra, en el caso particular de Dvorák, entra en juego también el dolor del mismo compositor por la muerte de sus propios hijos. Dvorák empezó a componer su Stabat Mater a los 35 años de edad, en la primavera de 1876, previo a una crisis familiar muy intensa derivada de que en septiembre de 1875 murió su hija Josefa, tan sólo dos días después de su nacimiento. Lleno de tristeza y añoranza por la niña, Dvorák transmitió su dolor a las notas musicales. En mayo de 1876 interrumpió el trabajo dedicándose a otros proyectos. Un año después, en agosto, su hija Ruzena, de 11 meses de edad, se envenenó con fósforo utilizado para la fabricación de cerillas. Apenas un mes más tarde, el 8 de septiembre 1877, día del cumpleaños del compositor, murió de viruela el tercer hijo de Dvorák, Otík, quien solo contaba tres años de edad.
Como si buscara alivio en su dolor, Dvorák volvió al Stabat Mater y lo acabó el 13 de noviembre del mismo año. Fue estrenado en diciembre de 1880 en Praga. Desde su estreno, ha sido una obra recibida con muchísimo fervor y entusiasmo por agrupaciones corales de todo el mundo. En vida del compositor, le abrió a Dvorák las puertas de Londres en 1884 y durante su época en EEUU, le proporcionó la popularidad que dio lugar a la invitación para dirigir el National Conservatory of Music in New York en 1891 y que, desde entonces nunca ha dejado de estar en repertorio.

El uso del Fa sostenido
La obra inicia con una portentosa introducción, la más larga y compleja de las diez secciones en que se divide la obra. Dvorák empieza la obra en Fa sostenido menor como una melodía que inician los violines en una escala cromática descendente que luego se transmite a otros grupos orquestales. Es un lamento en medio de los últimos momentos de Cristo y la referencia a las lágrimas de la Virgen María. Este desarrollo lleva a un potente clímax que luego se desvanece dando entrada al coro que clama con resignación «Stabat Mater lacrimosa…» («La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba»). En ese momento, no puedo menos que enjugar las lágrimas, y para que no nos quede duda, Dvorak acentúa la palabra «lacrimosa» con un fuerte acento en la orquesta recapitulando el lamento inicial expuesto por los violines, con la clara intención de invocar y compartir en nosotros su dolor… Pocas obras pueden tocar la conciencia de la humanidad como esta primera sección de esta magna obra.
Acá conviene destacar que el uso de Fa sostenido es intencionado. Dvorák, al igual que muchos barrocos (véase por ejemplo el inicio de los Stabat Mater de Pergolesi y Vivaldi y la portentosa Misa en Si menor y las Pasiones de Bach), solían empezar sus obras religiosas corales con introducciones en tonalidades en sostenido, dado que la representación musical de la acotación de «sostenido» se representa con el símbolo #, el cual en la notación medieval, también representaba la Cruz de Cristo.
A partir de esta poderosa introducción, Dvorák juega con los conceptos de dolor, serenidad y resignación a lo largo de la obra, usando el texto en latín para pintar un ambiente soberbio de su propia condición humana golpeada por la muerte de todos sus hijos, sobreponiéndose al dolor y usando la música como el bálsamo que cura y restaura su alma y de paso sus excepcionales poderes creativos.
Esta obra sin duda, es la razón para que tengamos las maravillosas obras posteriores de Dvorák: fue el eslabón que le permitió seguir creando.

Temor ante la muerte
Invito a los lectores a navegar por esta obra, y usen la versión del poema en la sublime traducción de Lope de Vega y recreen una expresión clara del dolor y la resignación de María con la presencia del solo de oboe inglés que introduce la pregunta existencial del «Quis est homo, qui non fleret, Matrem Christi si videret, in tanto supplicio…?» («Y, ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara, de Cristo en tanto dolor?») desarrollada por el cuarteto de solistas en el segundo movimiento o la tenebrosa expresión de temor ante la muerte que se reproduce con la oscura marcha fantasmagórica entre coros y orquesta que se da en el tercer movimiento.
Destaco la importancia del cuarto movimiento, ya que en él Dvorák cae en lo más profundo del abismo de su dolor y pena con el recitativo del bajo frente a la orquesta, el cual es particularmente obscuro y desolador («in amando Christum Deum»: «Y que, por mi Cristo amado»), sólo para que posteriormente en el mismo cuarto movimiento, se dé una de las transiciones más sublimes hechas en la música, cuando las voces femeninas, cual coro de ángeles, nos levanta con las palabras «Sancta Mater, istud agas» («¡Oh Santa Madre fuente de amor!»).
Hacia el final, Dvorák nos lleva al final y repite en parte la figura inicial siempre en Fa sostenido menor, con una evolución del tema del primer movimiento, solo que ahora la exposición nos transporta del dolor de la muerte hacia la alegría de la resurrección y la visión de la vida eterna, para la cual ahora Dvorak reinvierte el tema inicial subrayando la palabra «Paradisi», ahora en Sol mayor… una evocación radiante y sublime dentro del texto «Fac me cruce custodiri, Morte Christi Praemuniri ,Quando Corpus morietur, Fac ut animate donetur, Paradisi gloria, Amen» («Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén porque cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén»).

El loco divino
No puedo dejar de mencionar el hecho que tanta importancia tiene el mensaje sublime de la obra, como la portentosa lectura de la misma que hoy les presento, de la mano del «loco divino», el inmortal Giuseppe Sinopoli, y la que fue su última grabación en vida. El Stabat Mater cruzó los caminos de Sinopoli en muchas oportunidades, pero ninguna de ellas tiene la significación de este registro. Esta grabación se hizo un par de semanas antes de su repentina muerte, en un febril trabajo con DG en varias grabaciones simultáneas con la Staatskapelle de Dresde: de Richard Strauss Ariadne auf Naxos y Friedenstag y finalmente el Stabat Mater de Dvorák.
Sinopoli fue un director polémico, amado por unos, odiado por otros, mucho de su carrera la paso en Inglaterra al frente de la Philhamonia y en su última etapa, dirigió desde 1994 la gloriosa Staatskapelle de Dresde (La Orquesta Estatal Sajona de Dresde, del alemán Sächsische Staatskapelle Dresden, también conocida simplemente como Staatskapelle Dresden) la orquesta más antigua de Europa, con casi 500 años de historia desde su fundación en 1548.
Como diría nuestro amigo elcuervolopez, Sinopoli murió con las botas puestas, su prematura muerte acaeció a los 54 años en el podio de la Ópera de Berlín, a mitad de la interpretación de Aida de Verdi, el 20 de abril de 2001, irónicamente con la misma obra con el que había debutado en la ópera un cuarto de siglo atrás.
Esta grabación que hoy compartimos es, por tanto, su testamento musical para todos nosotros. En ello es importante también destacar que esta lectura fue objeto de una nominación en 2001 como mejor grabación coral.
Mariana Zvetkova, soprano, Ruxandra Donose, mezzo-soprano, Johan Botha, tenor y Roberto Scandiuzzi, bajo, El Coro de la Ópera Sajona Estatal de Dresde y la Staatskapelle de Dresde, bajo la conduccion de Giuseppe Sinopoli (grabación realizada en vivo).


Stabat Mater
Traducción española de Lope de Vega

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Y su alma triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.


¡Oh cuán triste y afligida

se vio la Madre escogida

de tantos tormentos llena

cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena!


Y, ¿cuál hombre no llorara,

si a la Madre contemplara,

de Cristo en tanto dolor?

Y, ¿quién no se entristeciera

piadosa Madre, si os viera

sujeta a tanto rigor?


Por los pecados del mundo

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Y muriendo al Hijo amado,

que rindió desesperado,

el espíritu a su Padre.


¡Oh Madre fuente de amor!

Hazme sentir tu dolor,

Para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

Mi corazón abrasado,

más viva en él que conmigo.


¡Madre del Amor sublime!

En mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.


Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo;

porque acompañar deseo

en la Cruz, donde le veo,

tu corazón compasivo.


Virgen de vírgenes santa,

llore yo con ansia tanta,

que el llanto dulce me sea,

porque su pasión y muerte

tenga en mi alma, de suerte

que siempre sus penas vea.


Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more,

de mi fe y amor indicio,

porque me inflame y me encienda

y contigo me defienda

en el gran día del juicio.


Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén

porque cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria. Amén.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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