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Bach, Mozart, Schubert, Chopin - El último concierto - Lipatti

>> jueves, 20 de septiembre de 2012



Memoria de un concierto de Dinu Lipatti


La fría autoridad de sus dedos destilaba todas las aventuras posibles del teclado,
la fisiología de sus manos oyendo a Debussy.
Hasta que arrojado de la clamorosa oscuridad
un ramo de rosas caía a los pies del piano
pidiendo clemencia en nombre de la naturaleza.


Joaquín O. Giannuzzi
En Señales de una causa personal (1977)

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Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber

>> martes, 25 de enero de 2011



Entrevista a Bruno Gelber
Publicada en Diario UNO de Mendoza el 28 de agosto de 2010


Acaso no todos lo sepan, pero para una provincia con programaciones loables pero modestas de música clásica, que Bruno Gelber pulse las teclas de un piano en estas tierras es un verdadero honor. Y en tiempos de conciertos interrumpidos y óperas truncas, ese honor se magnifica.
El gran pianista argentino, que el mundo elogia y aplaude desde hace 40 años, llegará para tocar en el piano del teatro Independencia el bello Concierto para piano Nº1 de Fryderyk Chopin, justo en el año en que se festeja el bicentenario del nacimiento de este compositor cuya obra está dedicada enteramente al piano. Con la Filarmónica de Mendoza (que tocará también la Sinfonía Nº 3 de Schumann), comandada por su titular, Ligia Amadio, Gelber intentará repetir la hermosa noche de hace dos años, cuando con Beethoven como excusa ofreció una velada inolvidable.
–Hay un gran recuerdo de la visita que hizo a Mendoza en 2008. ¿Cuáles son sus sensaciones al volver?
–La sensación es la de regresar a una ciudad que adoro y encontrar el público que conozco desde hace decenas de años. Disfruto cada vez que voy a Mendoza por la calidad y la calidez del público. Tienen una gran virtud y es que saben escuchar y que saben aplaudir, porque a veces los públicos que aplauden mucho son ruidosos y los que escuchan con mucha atención son poco cariñosos. Ustedes tienen las dos virtudes.
–Usted va a interpretar el Concierto para piano Nº1 de Chopin, ¿qué significa para usted esta obra?
–Es un concierto magnífico, como todo lo que escribió Chopin, y cuando uno tiene un gran director, como pasa con Ligia Amadio, todo es mejor. ¿Sabe cuál es el drama de este concierto?
–¿Cuál?
–Que la orquesta tiene una tarea aparentemente secundaria, de sostén armónico, para permitir el lucimiento pianístico. Pero si no está bien hecho ¡se oye todo! Por eso tiene que haber un buen director, para aceptar ese rol secundario aparente y hacerlo bien.
–¿Y qué significa para usted este compositor, cuya obra es eminentemente pianística?
–No hay pianista que no adore tocar Chopin, porque es un compositor que, aparte de lo fantástico y lo bello que es, tiene una significación pianística enorme. Es uno de los primeros que compone estudios virtuosísticos para el piano. Pero Chopin, por más difícil que sean sus obras, siempre es «pianístico», no crea problemas fundamentales para la ejecución si uno tiene talento.
–Se han hecho muchos intentos por describir el arte de Bruno Gelber. ¿Cuáles diría usted que son sus virtudes?
–Creo que soy un buen artista. Creo que tengo la sensibilidad necesaria para compenetrarme en lo que quiso decir el compositor. Soy un buen intérprete en el sentido de que no trato de lucirme, sino de ser fiel a quien estoy interpretando, como un buen actor que deja que se luzca el texto. Creo que tengo calor interpretativo, soy vehemente pero fiel a mi interpretación. Nosotros interpretamos a los genios en momentos de inspiración divina. Si uno está dotado desde la sensibilidad, es una tarea magnífica, porque uno trata en esos momentos con los genios.

Talento argentino
–Los argentinos orgullosos de nuestros músicos tenemos a otro gran pianista como Daniel Barenboim dirigiendo en la Argentina. ¿Qué siente usted cuando toca en su país?
–Nuestro país fue hecho por tantas nacionalidades y razas distintas que realmente ha formado grandes pianistas. Y tenemos público fantástico en todas partes. Aunque yo vivo desde los 19 años fuera de la Argentina, siempre he guardado relación con este país y he tocado en varias ciudades, no sólo en Buenos Aires, y he recibido realmente el testimonio de públicos que consiguen convencerme de que les gusto y entienden lo que estoy haciendo. Tenemos un gran país al que le gusta la música y que le importa mucho el hecho de tener intérpretes que han recorrido el mundo, como en nuestro caso, y hemos llevado el nombre de la Argentina a toda la geografía.
–¿En qué cosas se siente argentino o qué cosas extraña de su tierra?
–Cuando uno se vuelve ciudadano del mundo no puede decir que se llore pensando en la calle Corrientes (risas). Pero sí tengo presente al ser humano argentino, que es fantástico, la gente amiga, la gente que quiero.
–¿Ha pensando en su retiro?
–(rápidamente) No, no tengo la edad para pensar en el retiro. Creo que hay muchas cosas que con la madurez pueden hacerse. Sigo recorriendo el mundo y no hay nada que me guste más que el hecho de dar lecciones. Me encanta ver a la gente joven de todas partes del mundo acercarse a la música. A mí me interesa mucho despertar el amor a la música en los demás. El día que tenga la cola menos móvil (risas)… con gran placer continuaré en esa faz de educador.
–Más allá de eso, con tanto tiempo dedicado a los conciertos, ¿le queda tiempo para su vida personal?
–Los que hacemos esta vida es como si nos hubiéramos dedicado a una religión. Es una vida al servicio de nuestros conciertos y viajes. Ser un artista internacional conlleva muchas cosas: es un continuo cambiar de hotel, de idioma, de comida, de gente. Y si uno está de repente feliz en un lugar, de golpe ¡pum! hay que subirse a un avión e irse. Hay que aprender a no atarse demasiado a las cosas y llevar la vida así. ¿Sabe cuál es la base en nuestra vida, por lo menos para mí? Tener conciencia de que el que tiene talento, que Dios ha repartido de forma poco democrática, sólo es digno de ese talento si lo sabe dar a los demás.
–Si hay alguien que le ha sido fiel en su vida, ésa ha sido la música…
–Mi maestro Vicente Scaramuzza siempre me decía: «Tu mejor amigo va a ser el piano, nunca te va a decepcionar. Ese señor de cola negra y dientes blancos va a ser tu constante» (risas).

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Sirva esta entrevista como invitación para escuchar a Bruno Gelber, en esta ocasión en un disco titulado Les rarissimes de Bruno Leonardo Gelber, álbum doble en el que interpreta obras para piano solo de Ludwig van Beethoven, Robert Schumann, Franz Liszt, Franz Schubert y, por supuesto, Fryderyk Chopin.


Gracias a quien subió este disco a la red. No recuerdo su nombre

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Chopin - Piezas para piano - Argerich

>> lunes, 15 de noviembre de 2010


Chopin, en su año

El «año Chopin», es decir, este año, en que se recuerda el bicentenario del nacimiento del compositor franco-polaco Frédéric Chopin (1810-1849) ha estado dedicado no sólo a su música sino también a la reivindicación, por parte de Polonia, del origen de este músico.
Varsovia, por ejemplo, inauguró a principios de año un museo de cuatro plantas dedicado a la trayectoria y a la vida del compositor.
«La música de Chopin sigue viva», aseguró, por entonces, durante la inauguración el presidente polaco, Lech Kaczynski, quien afirmó que pese a que el músico fue «medio francés, medio polaco», su música fue «definitivamente polaca».
Polonia ha reivindicado a Chopin como patrimonio nacional, pese a que desde Francia se recuerda que fue hijo de un francés y que vivió una etapa crucial de su vida en París.
Para el ministro polaco de cultura, Bogdan Zdrojewski, el nuevo museo «biográfico» dedicado a Chopin es el «más moderno de Europa».
El museo muestra la mayor colección de piezas reunidas sobre la vida y la obra de Chopin, incluido el piano en el que compuso en sus últimos años.
A lo largo de las cuatro plantas del nuevo edificio, el museo repasarán la infancia del compositor en Varsovia, su vida en Francia a partir de 1830, sus viajes por el extranjero y sus últimos años.
El nuevo museo de Varsovia permite además al visitante sucumbir al aroma de las violetas –la flor favorita del compositor– y escuchar el trino de los pájaros del que Chopin disfrutaba durante sus vacaciones en Nohant (centro de Francia) con la novelista George Sand -pseudónimo de Aurore Dudevant-.
En la última sala del museo se exhibirá la máscara mortuoria del músico, que falleció en París, un 17 de octubre de 1849.
El museo dedicado al compositor sive de punto de partida para la «Ruta de Chopin», el itinerario turístico a través de los paisajes que inspiraron sus composiciones. El museo se enfrenta al reto de acercar al público algo «efusivo pero intangible, algo que cada uno percibe de su propia y única manera», según la comisaria de la muestra, Alicja Knast.
Las instalaciones se ubican en un antiguo palacio barroco del centro de Varsovia, y han tenido un coste de más de 80 millones de zloty (unos 20 millones de euros, 27 millones de dólares).
Los historiadores se dividen entre quienes afirman que Chopin nació el 22 de febrero y los que sostienen que fue el 1 de marzo de 1810, la tesis defendida por la mayoría y la que Polonia eligió finalmente para acoger los actos principales del bicentenario.


Texto adaptado de un cable de la agencia Efe.

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Para recordar a este músico, epítome del compositor para piano, proponemos esta selección de grandes piezas a cargo de una de sus mejores intépretes: la brillante pianista argentina Martha Argerich. Se trata de versiones rescatadas de conciertos para radios alemanas (Berlín y Colonia), en 1959 y 1963. Un verdadero documento del talento de la intérprete a la hora de tocar a uno de sus compositores preferidos.

Gracias, TVHD.

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Ravel, Chopin - Conciertos para piano - Argerich - Dutoit - Martin

>> martes, 12 de enero de 2010


Siempre Martha

Ésta es una buena ocasión para escuchar a la genial pianista argentina Martha Argerich en dos grabaciones no muy difundidas, rescatadas por el sello argentino Irco, de los estudios Cosentino. Estamos ante el Concierto para piano y orquesta en Sol Mayor, de Maurice Ravel, con la Orquesta de Cámara de Lausanne dirigida por Charles Dutoit (actual director de la Philadelphia Orchestra, y quien fuera esposo de Argerich). No se consigna, lamentablemente, ni año ni lugar de la grabación. El disco también ofrece la concentrada interpretación de la Argerich del Concierto para piano y orquesta Nº 1 de Frédéric Chopin, con la Orquesta de la Suisse Romande y Louis Martin en el podio. De esta toma sí figura la información: fue registrada el 25 de setiembre de 1959, en el Victoria Hall de Ginebra (Suiza).

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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