Barraquero - Adolescencia, Olvido - Barraquero y otros
>> lunes, 2 de noviembre de 2009
Carlos Washington Barraquero y dos obras poco difundidas

Hoy queremos difundir una pieza de cámara, para soprano, clarinete y piano, que nuestro amigo Barraquero compusiera en 1980. Un día, en nuestra casa, el querido y recordado compositor y director nos pidió algún poema nuestro, porque quería musicalizarlo. Le dimos dos: uno, muy breve, que convirtió en una canción para coro, Olvido, y otro, Adolescencia, que utilizó para una especie de canción con acompañamiento instrumental.
La obra se estrenó ese mismo año 1980, en el salón de conciertos de la vieja bodega Arizu, en Godoy Cruz, y la dirigió el propio Barraquero. A mí me pidió que recitara el poema antes de la interpretación, y luego se oyó la pieza, cantada por Felicia Malgioglio de Cangemi (Pepita Cangemi, una maravillosa soprano, maestra —y madre— de talentosas cantantes), con la intervención de Atilio Cascone, en clarinete, y Dora De Marinis, en piano.
Esta grabación me la dio hace años el propio Barraquero. La atesoro en mi discoteca, y hoy quiero compartirla, para recordar al amigo y mostrar las bellezas que podía componer.
La obra demuestra que Barraquero no era solamente el compositor de estéticas anteriores a su tiempo, y que no se había quedado en el lenguaje impresionista —que, cuando quería, sabía manejar tan bien—, sino que podía incursionar en los vericuetos de la música de ese final del siglo XX que tan despistados tuvo a los críticos y a los artistas, que por una parte querían seguir haciendo lo que su naturaleza les dictaba, y por otra no deseaban apartarse del gran camino de la creación contemporánea.
Deseo contarles que siempre entendí que esta pieza nació de la amistad, de Carlos hacia Pepita, hacia Atilio, hacia Dora y hacia mí. Carlos era así: un amigo de los que se daban a sí mismos, en sus obras, en sus acciones, en la belleza de su vida.
El poema mío que sirvió de texto a la obra es el siguiente:
Adolescencia
Trashuman vientos de aloe,
hierven nubes de metal,
y en los trasiegos de marzo
bulle la sangre cordial.
Dudas en ristre, los ojos
ríen risas de cristal.
Los labios maduran pétalos
de azúcar sin madurar.
El paso pantera y tigre
se conforma elemental,
paso con fuerzas de astros
y de órbita sideral.
Blanca mirada en la nube
de estirpe azul celestial.
Brote de frescas naranjas,
de mangos y de ananás.
Ondulaciones de música
de onda sinusoidal,
con un retumbo inaudible
de un vago son en pedal.
Explosión de la galaxia,
de supernova y quasar;
tormenta en el mar de Mármara,
con candidez vegetal.
Trashuman vientos de ozono,
hierven lagos de coral,
y en los vasos de septiembre
arde la sangre cordial.
Ofrecemos, además, la obra Olvido, en dos versiones:
La segunda versión es la del Coro de Cámara de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigido por Carlos Wáshington Barraquero, en el Salón Auditorio de la Municipalidad de Guaymallén, en 1978.
Aquí el poema:
Olvido
Un grano de maíz
ha quedado olvidado en el granero,
y en tanto sus hermanos,
dichosos, florecieron.
Y sueña, solo y diminuto,
que le sonríe al sol de enero.
Mas lentamente va muriendo,
pues floreció sólo en sus sueños.
Un grano de maíz
ha quedado olvidado en el granero.
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