Wagner - El anillo del nibelungo (4/5): Sigfrido

>> viernes, 30 de julio de 2010


Sigfrido


Sigfrido, asimismo con libreto y música del propio Richard Wagner, es la tercera de las cuatro óperas que componen el ciclo El anillo del nibelungo y la segunda jornada del mismo, tras el prólogo que representa El oro del Rin y la primera jornada de La valquiria.
Está basada, como las precedentes, en las leyendas de los nibelungos, y se estrenó en el Teatro del Festival de Bayreuth el 16 de agosto de 1876 como parte de la primera representación completa de la saga de El anillo del nibelungo. En el reparto de aquella velada se encontraban Georg Unger como Sigfrido, Max Schlosser en el papel de Mime, Franz Betz como el peregrino (Wotan), Karl Hill como Alberich y Amalie Materna en el papel Brunilda.
Por aquí, precisamente, fue por donde Wagner comenzó la composición de El anillo del nibelungo, pero luego interrumpió su trabajo durante mucho tiempo, para retomarlo más tarde, desarrollando la idea y completando la Tetralogía.

Sinopsis (tomada de la Wikipedia)

Fanfarria de Bayreuth 2008 para Sigfrido



Acto I
Mime, hermano de Alberich, se encuentra forjando una espada dentro de su cueva, en el bosque. El enano nibelungo planea recuperar el anillo Andvarinaut (el anillo mágico) para sí mismo, habiendo criado a Sigfrido para que pueda acabar con Fafner y cumplir su deseo. Mime necesita crear una espada para Sigfrido, pero el joven ha destruido todas las armas que se le han dado.
Sigfrido regresa de su paseo por el bosque y pide que se le revele el estado de sus padres. Mime se ve obligado a explicar que él tuvo que cuidar de Siglinda mientras daba a luz pero al final ella murió. Mime muestra los restos de la espada Nothung y Sigfrido le pide que la repare.
Sigfrido sale de la cueva y Mime entra en un estado de desesperación, ya que las habilidades del enano no son lo suficientemente buenas como para reparar la legendaria espada. Un anciano peregrino (que realmente es Wotan disfrazado) aparece repentinamente. El peregrino ofrece un concurso de acertijos en el cual cada uno presentará tres y aquel que pierda dicha prueba perderá su vida. Mime acepta el reto, con el propósito de deshacerse del invitado no deseado.
El enano pregunta el nombre de las razas que viven bajo la tierra, sobre ella y en el firmamento. Wotan responde que son los nibelungos, los gigantes y los dioses. Luego el peregrino hace sus tres preguntas: «¿Cuál es la raza más amada por Wotan pero la peor tratada?»; «¿cómo se llama la espada que puede derrotar a Fafner?»; «¿quién puede forjar tal espada?». Mime contesta que la raza es la de los welsungos y la espada es Nothung. Sin embargo, Mime no sabe contestar a la última pregunta, pero Wotan le perdona la vida y le revela que «sólo aquel que no conoce el miedo» podrá reparar la espada, y agrega que, además, dicha persona tomará la vida de Mime.



Escenografía de Josef Hoffmann para Sigfrido en el Festspielhaus de Bayreuth en su inauguración en la temporada de 1876


Sigfrido regresa y se molesta por la falta de progreso de Mime en el arreglo de la espada. Éste recuerda que lo único que nunca enseñó a Sigfrido fue el miedo, entonces el joven se muestra ansioso por conocer dicha emoción, el enano le promete llevarlo ante Fafner, el dragón. Como Mime no puede forjar Nothung nuevamente, Sigfrido decide intentarlo por cuenta propia y tiene éxito. Mientras tanto, Mime prepara un veneno que usará para matar a Sigfrido en cuanto el joven haya derrotado al dragón.

Acto II
El peregrino (Wotan) aparece ante la entrada a la cueva de Fafner, donde Alberich también se ha sentado a la espera del dragón. Ambos se reconocen mutuamente y Alberich declara sus planes de dominar el mundo una vez el anillo le sea devuelto. Wotan afirma que su intención no es recuperar el anillo.
Sorpresivamente Wotan despierta a Fafner y le comunica que un héroe se aproxima para luchar contra el dragón. Fafner no le da mucha importancia y rehúsa a entregar el anillo a Alberich y termina durmiéndose nuevamente. Wotan y Alberich se retiran.
Sigfrido y Mime llegan a la cueva al amanecer. Mime decide mantenerse a distancia mientras Sigfrido se acerca a la entrada de la cueva. Mientras el guerrero espera que el dragón aparezca, ve un ave reposando sobre un árbol. Sigfrido juguetea con el pájaro e intenta reproducir su canto utilizando una flauta, pero le resulta imposible. Luego el héroe toca una balada utilizando su cuerno, con lo que despierta a Fafner. Después de una breve conversación, Sigfrido y Fafner luchan, el joven termina por clavarle la legendaria espada, Nothung, en el corazón a Fafner.
En el último momento de su vida Fafner advierte a Sigfrido de una traición. Cuando Sigfrido se prepara a retirar su espada del cuerpo del dragón, se quema con la sangre y por instinto pone su mano sobre su boca. Al probar la sangre de su contrincante, descubre que puede entender lo que el ave está cantando. Sigfrido sigue las instrucciones del pájaro del bosque y así adquiere el Andvarinaut (anillo mágico) y el Tarnhelm (yelmo mágico) de entre el tesoro de Fafner.


Mime reaparece y Sigfrido se queja de que aún no sabe lo qué es el miedo. Mime no deja de aprovechar la oportunidad y ofrece una bebida envenenada al héroe. Sin embargo, la sangre del dragón permite que Sigfrido lea los pensamientos del nibelungo y, por lo tanto, el guerrero acaba con la vida de Mime.
El pájaro canta de nuevo contando una historia sobre una mujer que yace sobre una roca, rodeada por una llama mágica. Sigfrido decide buscar a la mujer para ver si ella le puede enseñar algo sobre el miedo.

Acto III
El peregrino (Wotan) se encuentra en el camino que va hacia la roca sobre la cual yace Brunilda, invoca a Erda, diosa de la tierra, y ésta aparece un tanto confundida, y no sabe qué decir. Él le informa que ya no teme el fin de los dioses y que es algo que ahora añora. Su legado quedará en Sigfrido, los welsungos y en Brunilda. Dicha raza y los dos héroes trabajarán juntos para mejorar el mundo. Erda se retira.
Sigfrido llega adonde se halla el vagabundo y el dios le interroga. Sigfrido no reconoce a su abuelo (Wotan es el padre de los padres de Sigfrido, Sigmundo y Siglinda) y sus respuestas son un tanto insolentes. El héroe decide continuar su marcha hacia Brunilda y el peregrino bloquea su paso. Sigfrido destruye la lanza de Wotan con un golpe de la legendaria Nothung. Wotan recoge las piezas de su lanza y desaparece.
Sigfrido atraviesa el aro de fuego y se postra frente a Brunilda. Inicialmente cree que la figura corresponde a un hombre, pero una vez le quita la armadura, descubre que es una mujer. Sigfrido no sabe qué hacer y, por fin, este sentimiento de duda le provoca miedo y sin saberlo acaba besando a Brunilda, lo cual la despierta. El amor por Sigfrido acaba de apoderarse de la valquiria, quien renuncia a todo lo relacionado al mundo de los dioses. Juntos, Sigfrido y Brunilda proclaman que compartirán su amor para siempre.


Momentos musicales de Sigfrido

En la segunda jornada la acción se desarrolla bajo la frondosidad misteriosa y oscura del inmenso bosque y abandona las altas montañas y las profundidades, hogares éstos de dioses y de gnomos, para trasladarse a la tierra de los hombres. El majestuoso Wotan ya no se presenta en su esplendor de dios sobrehumano, debido al dolor por la pérdida de sus hijos Sigmundo y Brunilda: ahora recorre el mundo vestido como un caminante más y se presenta como «el peregrino».
Mime, el herrero hermano de Alberich, vive en el bosque con Sigfrido. Incluso Alberich aparece en esta jornada sentado a la puerta de la caverna de Fafner. Los personajes mitológicos se humanizan, el plano de desarrollo se iguala, como presintiendo la nueva condición humana que Brunilda adquirirá al despertar al final del relato.
De la misma manera, los elementos de la naturaleza se incorporan a la acción; así, Sigfrido lucha contra un dragón que no es otro que Fafner; un pájaro del bosque se convierte en aliado de Sigfrido contra las torcidas maquinaciones de Mime. Incluso Erda, la protomadre tierra, invocada por Wotan, asume su confusión y reconoce no tener respuesta ante el destino que aguardan al mundo que antes pertenecía a los dioses.
Encarnados en la audacia del joven Sigfrido, los poderes de la naturaleza se oponen a las decadentes estructuras arcaicas de poder encarnadas en los tres viejos contra los que se encara Sigfrido; el poder de las acciones interesadas (Mime), el poder económico (Fafner) y el poder político (Wotan). Los impulsos de su naturaleza llevan al joven héroe a reunirse con sus semejantes representados en Brunilda, la valquiria que despierta mujer tras el beso de Sigfrido.
La humanización del ambiente la patentiza Wagner en la radicalización del formato escénico. Esta ópera, podrá comprobarlo el lector, dispone de un reducido plantel de personajes. No existe ni un solo coro; más aún, en la totalidad de las escenas solo aparecen dos personajes, salvo el trío en el que dialogan el nibelungo, el dragón y el caminante. Este intimismo permite que las pasiones se ofrezcan desprovistas de todo adorno; que los dioses, los dragones, los gnomos, etc., expongan sus sentimientos humanos, desciendan, en fin, al plano del hombre.
Muchos son los fragmentos musicales destacables en esta ópera. Una corta obertura, pero que concentra en ella motivos importantes, la forja de la espada con el impactante efecto final de partir con ella el propio yunque; el diálogo-concurso entre Mime y el peregrino; las conversaciones, a cara descubierta, sobre el anillo entre Alberich, Wotan y Fafner; las cavilaciones de Sigfrido con los murmullos del bosque; la muerte del dragón; las revelaciones del pájaro del bosque; la muerte de Mime y el parlamento de Erda.
Pero, claramente, destaca por su sin par belleza, el final, el idilio de Sigfrido y Brunilda, base del precioso motivo de la escalera que regaló Wagner a su esposa Cosima por el nacimiento de su hijo Sigfrido. Algún musicólogo ha declarado que, ante el hipotético dilema de salvar una –sólo una– página de la tetralogía, ésta sería la elegida.



La versión ofrecida

Ofrecemos Sigfrido en la grabación de la función ofrecida en el Bayreuther Festspielhaus el 15 de agosto de 1956. Como en las jornadas anteriores, Hans Knapperstbusch dirige la Orquesta del Festival de Bayreuth y al siguiente elenco:


Siegfried - Wolfgang Windgassen
Mime - Paul Kuen
Wotan - Hans Hotter
Alberich - Gustav Neidlinger
Fafner - Arnold van Mill
Erda - Jean Madeira
Brünnhilde - Astrid Varnay
Vogel - Ilse Hollweg



Hans Hotter

Pasado mañana domingo, 1 de agosto, volveremos con todos ustedes con El ocaso de los dioses, y también en la versión de Knappertsbusch, y en la temporada de Bayreuth en 1956, para terminar por este año con nuestro ciclo.
Aquí les esperamos.
¡Salud, paz, sonrisas, cordiales saludos, y a disfrutar!

4 comentarios:

Anónimo 30 de julio de 2010, 9:45  

Fantastico. Me encanta Wagner, pero nunca me habia encarado a la ooprtunidad de escuchar integramente el ciclo del anillo. Lastima que estoy lejos de casa, lo que me imposibilita escuchar la version recomendada. Pero los articulos publicados, me han resultado impresionantes. muchas gracias, Fernando Leon y El Gato.
Att:Fernando (desde Medellin, Antioquia)

Barullo 19 de diciembre de 2012, 15:42  

Hmmmmm... se me hace que es un poquitín tarde, pero ¡falta el primer archivo!

Ain Dan 7 de abril de 2013, 19:19  

Si podrian resubir el primer archivo de esta obra se los agradeceria enormemente :)

Manuel Gonzalez 16 de enero de 2017, 22:58  

Siempre he leído que esta jornada es la menos comprendida por los aficionados, la menos hermosa de las tres y ciertamente he de decir que es a mí la tercera jornada - Siegfried - la que más me gusta por la ambientación que tiene.
Yo no sé si se puede comparar en calidad las jornadas entre sí.
Un momento dramáticamente encantador y espectacular es el duo entre Mime y Alberich o la muerte de Mime. Siempre ponemos el idilio de Siegfried con Brunilda pero y ¿éstas escenas?

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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