Dvorák - Stabat Mater - Sinopoli

>> martes, 14 de julio de 2009


El opus último de Sinopoli


Recordamos especialmente el trabajo conjunto que hicimos con elcuervolopez en el ciclo de las sinfonías y los conciertos del dolor. En esa docena de entregas exploramos intensamente ese vinculamiento entre la condición humana de un compositor y sus obras, especialmente cuando sus obras se vuelven un desahogo de una situación dolorosa o de alegría. En este post, volveremos a visitar un caso triste, esta vez con Dvorák, con una obra que en menos de dos años, se volvió la última grabación en vida de dos grandes directores: Robert Shaw y Giuseppe Sinopoli. Dvorák, el compositor bohemio más representativo junto con Smetana y Fibich, nació en una pequeña villa en las afueras de Praga, en las riveras del mítico río Vltava en 1841. Sus inicios musicales no fueron para nada cosmopolitas: estudió hasta los 11 años, luego dejó los estudios para ser aprendiz de carnicero. Al año siguiente, para facilitar la continuación de su educación, su padre lo envió a Zlovice a aprender alemán, y allí obtuvo sus primeras experiencias musicales al empezar a estudiar violín, órgano y piano. A partir de ese momento, se interesó en estudiar formalmente música en la Escuela Nacional de Órgano de Praga y luego de sus estudios consiguió una plaza de violinista en la Orquesta del Teatro de la misma ciudad.
El desarrollo de la carrera como compositor siguió posteriormente, animado por sus primeros triunfos con la interpretación de sus obras y el conocimiento que fue adquiriendo del mundo musical europeo, especialmente Schumann y Wagner.
Entre 1876 y 1878 se dio un conjunto importante de obras, entre ellas su Cuarta y Quinta Sinfonías y empezó a bosquejar las ideas básicas de lo que sería una de sus obras más representativas: su Stabat Mater para solistas coros y orquesta, cuyo primer manuscrito está fechado en febrero de 1876.

Música para Semana Santa
Este tipo de obra coral está asociada al período de la Semana Santa, en especial el viernes Santo, cuando los cristianos recuerdan la crucifixión de Jesucristo. Una semana antes suelen presentarse en el mundo entero diversas versiones del Stabat Mater que han sido compuestas desde la época barroca hasta nuestros días. Sobresale ante todas, la composición del joven compositor italiano Pergolesi (que falleció prematuramente a los 26 años), la lírica composición de Vivaldi y la sublime creación de Palestrina. Entre los clásicos y románticos, destaca especialmente la composición de Antonín Dvorák entre los casos de Haydn, Mozart, Schubert y Rossini. Ya en la modernidad, destacan los de Poulenc y Penderecki.
Conceptualmente, el Stabat Mater es una obra coral religiosa que expresa la compasión con el sufrimiento de Jesucristo y su madre María. Los textos en los que se inspira la obra corresponden a un texto medieval del siglo XIII, cuyo autor es probablemente el poeta italiano Jacopone da Todi o San Bonaventura.

La tragedia de un artista
En esta obra, en el caso particular de Dvorák, entra en juego también el dolor del mismo compositor por la muerte de sus propios hijos. Dvorák empezó a componer su Stabat Mater a los 35 años de edad, en la primavera de 1876, previo a una crisis familiar muy intensa derivada de que en septiembre de 1875 murió su hija Josefa, tan sólo dos días después de su nacimiento. Lleno de tristeza y añoranza por la niña, Dvorák transmitió su dolor a las notas musicales. En mayo de 1876 interrumpió el trabajo dedicándose a otros proyectos. Un año después, en agosto, su hija Ruzena, de 11 meses de edad, se envenenó con fósforo utilizado para la fabricación de cerillas. Apenas un mes más tarde, el 8 de septiembre 1877, día del cumpleaños del compositor, murió de viruela el tercer hijo de Dvorák, Otík, quien solo contaba tres años de edad.
Como si buscara alivio en su dolor, Dvorák volvió al Stabat Mater y lo acabó el 13 de noviembre del mismo año. Fue estrenado en diciembre de 1880 en Praga. Desde su estreno, ha sido una obra recibida con muchísimo fervor y entusiasmo por agrupaciones corales de todo el mundo. En vida del compositor, le abrió a Dvorák las puertas de Londres en 1884 y durante su época en EEUU, le proporcionó la popularidad que dio lugar a la invitación para dirigir el National Conservatory of Music in New York en 1891 y que, desde entonces nunca ha dejado de estar en repertorio.

El uso del Fa sostenido
La obra inicia con una portentosa introducción, la más larga y compleja de las diez secciones en que se divide la obra. Dvorák empieza la obra en Fa sostenido menor como una melodía que inician los violines en una escala cromática descendente que luego se transmite a otros grupos orquestales. Es un lamento en medio de los últimos momentos de Cristo y la referencia a las lágrimas de la Virgen María. Este desarrollo lleva a un potente clímax que luego se desvanece dando entrada al coro que clama con resignación «Stabat Mater lacrimosa…» («La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba»). En ese momento, no puedo menos que enjugar las lágrimas, y para que no nos quede duda, Dvorak acentúa la palabra «lacrimosa» con un fuerte acento en la orquesta recapitulando el lamento inicial expuesto por los violines, con la clara intención de invocar y compartir en nosotros su dolor… Pocas obras pueden tocar la conciencia de la humanidad como esta primera sección de esta magna obra.
Acá conviene destacar que el uso de Fa sostenido es intencionado. Dvorák, al igual que muchos barrocos (véase por ejemplo el inicio de los Stabat Mater de Pergolesi y Vivaldi y la portentosa Misa en Si menor y las Pasiones de Bach), solían empezar sus obras religiosas corales con introducciones en tonalidades en sostenido, dado que la representación musical de la acotación de «sostenido» se representa con el símbolo #, el cual en la notación medieval, también representaba la Cruz de Cristo.
A partir de esta poderosa introducción, Dvorák juega con los conceptos de dolor, serenidad y resignación a lo largo de la obra, usando el texto en latín para pintar un ambiente soberbio de su propia condición humana golpeada por la muerte de todos sus hijos, sobreponiéndose al dolor y usando la música como el bálsamo que cura y restaura su alma y de paso sus excepcionales poderes creativos.
Esta obra sin duda, es la razón para que tengamos las maravillosas obras posteriores de Dvorák: fue el eslabón que le permitió seguir creando.

Temor ante la muerte
Invito a los lectores a navegar por esta obra, y usen la versión del poema en la sublime traducción de Lope de Vega y recreen una expresión clara del dolor y la resignación de María con la presencia del solo de oboe inglés que introduce la pregunta existencial del «Quis est homo, qui non fleret, Matrem Christi si videret, in tanto supplicio…?» («Y, ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara, de Cristo en tanto dolor?») desarrollada por el cuarteto de solistas en el segundo movimiento o la tenebrosa expresión de temor ante la muerte que se reproduce con la oscura marcha fantasmagórica entre coros y orquesta que se da en el tercer movimiento.
Destaco la importancia del cuarto movimiento, ya que en él Dvorák cae en lo más profundo del abismo de su dolor y pena con el recitativo del bajo frente a la orquesta, el cual es particularmente obscuro y desolador («in amando Christum Deum»: «Y que, por mi Cristo amado»), sólo para que posteriormente en el mismo cuarto movimiento, se dé una de las transiciones más sublimes hechas en la música, cuando las voces femeninas, cual coro de ángeles, nos levanta con las palabras «Sancta Mater, istud agas» («¡Oh Santa Madre fuente de amor!»).
Hacia el final, Dvorák nos lleva al final y repite en parte la figura inicial siempre en Fa sostenido menor, con una evolución del tema del primer movimiento, solo que ahora la exposición nos transporta del dolor de la muerte hacia la alegría de la resurrección y la visión de la vida eterna, para la cual ahora Dvorak reinvierte el tema inicial subrayando la palabra «Paradisi», ahora en Sol mayor… una evocación radiante y sublime dentro del texto «Fac me cruce custodiri, Morte Christi Praemuniri ,Quando Corpus morietur, Fac ut animate donetur, Paradisi gloria, Amen» («Haz que me ampare la muerte de Cristo, cuando en tan fuerte trance vida y alma estén porque cuando quede en calma el cuerpo, vaya mi alma a su eterna gloria. Amén»).

El loco divino
No puedo dejar de mencionar el hecho que tanta importancia tiene el mensaje sublime de la obra, como la portentosa lectura de la misma que hoy les presento, de la mano del «loco divino», el inmortal Giuseppe Sinopoli, y la que fue su última grabación en vida. El Stabat Mater cruzó los caminos de Sinopoli en muchas oportunidades, pero ninguna de ellas tiene la significación de este registro. Esta grabación se hizo un par de semanas antes de su repentina muerte, en un febril trabajo con DG en varias grabaciones simultáneas con la Staatskapelle de Dresde: de Richard Strauss Ariadne auf Naxos y Friedenstag y finalmente el Stabat Mater de Dvorák.
Sinopoli fue un director polémico, amado por unos, odiado por otros, mucho de su carrera la paso en Inglaterra al frente de la Philhamonia y en su última etapa, dirigió desde 1994 la gloriosa Staatskapelle de Dresde (La Orquesta Estatal Sajona de Dresde, del alemán Sächsische Staatskapelle Dresden, también conocida simplemente como Staatskapelle Dresden) la orquesta más antigua de Europa, con casi 500 años de historia desde su fundación en 1548.
Como diría nuestro amigo elcuervolopez, Sinopoli murió con las botas puestas, su prematura muerte acaeció a los 54 años en el podio de la Ópera de Berlín, a mitad de la interpretación de Aida de Verdi, el 20 de abril de 2001, irónicamente con la misma obra con el que había debutado en la ópera un cuarto de siglo atrás.
Esta grabación que hoy compartimos es, por tanto, su testamento musical para todos nosotros. En ello es importante también destacar que esta lectura fue objeto de una nominación en 2001 como mejor grabación coral.
Mariana Zvetkova, soprano, Ruxandra Donose, mezzo-soprano, Johan Botha, tenor y Roberto Scandiuzzi, bajo, El Coro de la Ópera Sajona Estatal de Dresde y la Staatskapelle de Dresde, bajo la conduccion de Giuseppe Sinopoli (grabación realizada en vivo).


Stabat Mater
Traducción española de Lope de Vega

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía.

Y su alma triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.


¡Oh cuán triste y afligida

se vio la Madre escogida

de tantos tormentos llena

cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena!


Y, ¿cuál hombre no llorara,

si a la Madre contemplara,

de Cristo en tanto dolor?

Y, ¿quién no se entristeciera

piadosa Madre, si os viera

sujeta a tanto rigor?


Por los pecados del mundo

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Y muriendo al Hijo amado,

que rindió desesperado,

el espíritu a su Padre.


¡Oh Madre fuente de amor!

Hazme sentir tu dolor,

Para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

Mi corazón abrasado,

más viva en él que conmigo.


¡Madre del Amor sublime!

En mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.


Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo;

porque acompañar deseo

en la Cruz, donde le veo,

tu corazón compasivo.


Virgen de vírgenes santa,

llore yo con ansia tanta,

que el llanto dulce me sea,

porque su pasión y muerte

tenga en mi alma, de suerte

que siempre sus penas vea.


Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more,

de mi fe y amor indicio,

porque me inflame y me encienda

y contigo me defienda

en el gran día del juicio.


Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén

porque cuando quede en calma

el cuerpo, vaya mi alma

a su eterna gloria. Amén.

7 comentarios:

Fernando G. Toledo 14 de julio de 2009, 7:14  

El enlace será reemplazado en breve.

.:*:. Ferípula .:*:. 14 de julio de 2009, 14:31  

Gracias Fernando.
Todavía se me aprieta la garganta de sólo pensar...

Me alegra que no hayas cerrado el blog del cuervo. Éramos amigos.

Un abrazo

quebrantapájaros 14 de julio de 2009, 19:25  

Fernando: te felicito por este proyecto que te tiene de oído, voz y dedos tecleando a lo loco. Por si nos faltaban cosas por hacer con tanto blog de poesía y ateísmo.

Un abrazo.

Mahlerite-Shosta 15 de julio de 2009, 21:00  

Esta grabación de Sinopoli, director al que siempre he admirado, ha sido uno de mis pendientes, me alegra poder conocerlo en lo que lo pueda
escuchar.

Saludos.-

M-S.

Fernando G. Toledo 16 de julio de 2009, 7:57  

Me alegra que este blog comience a ser útil para encontrar lo antes buscado y descubrir lo impensado.

cuidador 24 de agosto de 2009, 11:23  

Hola amigos, soy hombre de 74 años, titulado en mineria, y ahora jubilado. Por casualidad he cono- cido el blog de "Elcuervolopez". Desde el primer instante quede fascinado por su idea y regalos, y me habria satisfecho enormemente conocer a la generosidad en perso- na.
Desde este humilde comentario, quiero dar mi mejor, mas sincero y afectivo ADIOS a tan gran ciudada- no del mundo, y desear que,desde donde este, nos inculque la idea de la generosidad para con los de- mas.
Os envio mi mas caluroso agradeci- miento por vuestra labor, y os ruego me indiqueis como debo de suscribirme al blog que habeis abierto. Con todo mi afecto, Juan Manuel aarys@hotmail.com

Enrique Arias Valencia 18 de abril de 2011, 22:54  

Excelente fuente de reflexión sobre una obra indispensable.

Gracias por compartir.

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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