King Crimson - Red

>> miércoles, 12 de agosto de 2015



La roja estocada de King Crimson



King Crimson ya era una banda mayúscula cuando, en 1974, Red salió a la calle. Con su debut (In The Court Of Crimson King), el grupo londinense se había ganado un lugar en la inmortalidad, pero sus aportes continuaron con una seguidilla impresionante de piezas maestras.

 Versátil como pocos, el guitarrista Robert Fripp (alma máter del grupo) soportó el recambio constante de las formaciones y ahora tenía a su lado al cantante y bajista John Wetton y al ex baterista de Yes Bill Bruford, quienes junto al violinista David Cross y ocasionales invitados habían grabado dos placas fundamentales como Lark’s Tongues In Aspic y Starless and Bible Black. Pero de pronto, y mientras más afiatada sonaba esta formación, Fripp se decide a dar un golpe de timón: reduce el grupo a un power-trío, pone a Cross como convidado y convoca a algunos músicos de discos anteriores para dar una estocada última antes de disolver el grupo. El final no sería tal, claro (seis años más tardes, King Crimson volvió al ruedo), pero Red acabó siendo un disco extraordinario, con cinco composiciones que engalanaron una discografía admirable y que todavía hoy encandila con su brillo.

Repasar el disco en palabras es una delicia y, a la vez, una injusticia. Pero el esfuerzo vale la pena. El instrumental Red abre el fuego, y para hacer honor al color, resulta una pista «incendiaria»: hay algo de bramido en la guitarra de Fripp, en el bajo de Wetton. Hay color y potencia en la batería múltiple de Bruford, y hasta en los violines que multiplica el ronco Mellotron (¿a cargo de David Cross?). Que algunos vean aquí algo del grunge que 20 años más tarde llevaría a la fama a los grupos de Seattle no es extraño si se atiende exclusivamente a esa potencia sonora que Red despliega, pero hay que decir que aquí no hay gestos ni muecas, no hay bravuconadas. Hay sólo genio.

Después de tanta intensidad, Fallen Angel (que amenaza en el preludio a seguir la posta del tema antecedente), ofrece un cálido reposo. Se trata de una balada más cercana a las de Lark’s Tongues… También acá Wetton se deja ver no sólo como un cantante vigoroso y dotado, sino también como un sutil ejecutante del bajo. La banda recupera en esta canción los vientos de Ian McDonald y Mel Collins, dos «ex» . Sus saxos, más el oboe de Robin Miller (y al final, la trompeta de Marc Charig) se ubican por detrás de la voz del cantante, en ocasiones, y del solo de Fripp en otras, pero recrean una pared melódica que le da peso específico a un tema cuya lírica de Palmer-James (mucho menos inspirada que la de Peter Sinfield, el letrista anterior) le canta a un pandillero de Nueva York.

One More Red Nightmare reedita el furor de la primera pista. Ritmo, unas bases endemoniadas y una penetrante guitarra eléctrica hacen de ésta una canción imposible de desatender. Pero lo que tiene de sensual no hace mella en su riqueza interna. En el intermezzo, por ejemplo propone un rico punteo de guitarra que el saxo de Collins sazona con pasión.

Providence continúa la línea del tema Lark’s Tongues In Aspic Part 1 y, también, la pertenencia de la música crimsoniana al universo de la música culta. Siguiendo cierto expresionismo propio de Stravinsky, Bartók, este tema (que no desecha la improvisación) no se parece en nada al resto de los títulos. Comienza con el violín de David Cross que va y viene, mientras invita al resto de los instrumentos (bajo, saxos, batería, teclados y guitarras) a sumarse a la juerga. Son ocho minutos notables y desafiantes, que bien podrían estar firmados por un Luigi Nono o un György Kurtág, por nombrar sólo a dos compositores destacados del siglo anterior.

Luego, el final del disco termina siendo apoteótico: Starless, quizá la más bella de las canciones de Crimson, podría ser una simple balada. Comienza con un misterioso tapizado de Mellotron sobre el que Fripp pone de inmediato la melodía principal con su guitarra mágica. Pero luego de que Wetton, Fripp desarrollan el tema viene un impresionante crescendo que da cabida a todos los instrumentistas del álbum, en cuatro minutos magníficos tanto melódica como interpretativamente. Tras el vendaval, el reposo baladístico retorna y se repite, como se repite la frase del estribillo que alude al título del álbum precedente del grupo, «Starless and Bible Black».

Si Starless clausura tanto el álbum como esta formación legendaria de King Crimson, es por contrapartida mucho más lo que se abre después de este disco. Es que Red caló hondo en las bandas progresivas y en el rock todo, y resultó germen para numerosos grupos cuya enumeración demandaría más que una simple página. Si el disco fue considerado en los ’70 una pieza maestra, hoy no les menos. El tiempo en este caso le ha agregado dos virtudes: a 30 años de su edición, Red suena todavía actual, y además, imprescindible.

Publicado en la columna Oído fino, en Diario Uno de Mendoza (2005)

6 comentarios:

ipromesisposi 14 de agosto de 2015, 7:17  

Excelente y nostálgico (por mi parte), aunque prefiera la apasionante contribución de Giles a la batería en In the Court of the Crimson King.

Fernando G. Toledo 16 de agosto de 2015, 8:41  

Tantos buenos discos de King Crimson, y tan distintos, con tan buenos músicos en cada formación, que uno no sabe con cuál quedarse... Bueno, sí: con todos.

F. de León 25 de agosto de 2015, 3:51  

Comparto la preferencia por Giles de ipromesisposi (al que aprovecho para agradecer su magnifico blog), sin negar que Red es un fabuloso trabajo. Seguramente conocerá el estupendo álbum que editaron Ian McDonald y Michael Giles tras la marcha de King Crimson, si no es así, se lo recomiendo por la gran demostración de ambos como músicos.
Fernando, cuando dices con todos, también concuerdo contigo. En mi iPod son fijos desde el primero hasta Red.
Y, para poner cada uno sus preferencias, aparte de los innegables dos primeros discos (In the Court.. y In the Wake... , yo quiero romper una lanza por los dos discos que no nombras, Lizard y, sobre todo, Islands. Las últimas aportaciones mágicas, maravillosas de Peter Sinfield al grupo.
Un abrazo.

Fernando G. Toledo 29 de septiembre de 2015, 15:55  

Coincido tocayo. Y voy más allá: los discos del renacimiento de Crimson, con el inestimable aporte de Adrian Belew ("Discipline" y los siguientes, casi sin excepciones) son todos también magníficos.

La Danse de Puck 25 de abril de 2016, 15:41  

Gracias a tí, que no sé si aún estás en Mendoza, te debo el haber escuchado el album "Red" de King Crimson. En esa época, cuando salió el 1er. LP "In The Court Of King Crimson", recuerdo haberlo escuchado porque comenzaba una era de rock sinfónico que, nosotros, los metidos con la música clásica [yo abordaba mi primer romance con J.S.Bach en el piano viendo cómo tocar las Goldbergs y el Clave....], sentimos que debíamos escuchar.... Pero ahí quedó. Hoy, 40 y pico de años después... me quedé DESLUMBRADA con "Starless".... ya me comenzaron a seducir MAL en "Fallen Angel" y ni hablar de "Providence"... Me tenían ya locamente entregada cuando me MATARON con "Starless".... QUE CREACION alucinante.... Te voy a estar eternamente en deuda por dejarme volver a encontrar a este gigante talento que es KING CRIMSON!! ¡Qué genios!! Gracias mil desde la porteña Buenos Aires....

Fernando G. Toledo 19 de agosto de 2016, 14:28  

Qué alegría contagiar el gusto por las buenas obras...

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