Ullman - El emperador de la Atlántida - Zagrosek

>> viernes, 28 de agosto de 2009



Viktor Ullmann y la música del Holocausto

El arribo de la barbarie nazi a Alemania, y luego al resto de casi toda Europa, trajo no sólo el sometimiento de los pueblos ocupados durante la guerra, sino el intento de barrer toda manifestación de cultura que no estuviera en consonancia con los principios del pangermanismo racista auspiciado por Adolfo Hitler y la banda de criminales que lo acompañaron en su larga carrera hacia el abismo. La música no escapó a este intento de “depuración” demente, y así se creó el término de «Música degenerada» (Entartete Musik) para designar a toda aquella creación musical contraria a los «valores» nazis, o dicho en otras palabras, todo lo que sonara a judío.
De este modo, la música de verdaderos genios como Mendelssohn, Mahler y Berg dejó de ser interpretada en la Europa ocupada (la última interpretación mahleriana en los territorios ocupados fue la célebre Novena de Mahler, por Bruno Walter, en Viena, pocas semanas antes del Anschluss) , y talentos vivos como Korngold, Schreker, Krasa, Krenek, Zemlinsky, Ullmann, y tantos otros, se vieron obligados a escoger entre el ostracismo o un trágico destino en un campo de concentración.
Viktor Ullmann (Cieszyn, entonces en la Silesia del Imperio Austrohúngaro y hoy en Polonia, 1 de enero de 1898 – Auschwitz, 18 de octubre de 1944) fue un notable pianista y compositor, cuya obra se desempeñó principalmente en Praga. Judío converso, Ullmann comenzó sus primeros estudios musicales en el Gymnasium de Viena, lo cual pronto le acercó a Schönberg y sus apóstoles. Con Schönberg inició el estudio del contrapunto y la orquestación. Posteriormente se traslada a Praga en 1.919, donde comienza a estudiar con Zemlinsky, con cuya corriente se queda definitivamente, y más tarde con Alois Haba. En 1936 ganó el Premio Hertzka por su ópera Der Sturz des Antichrist (op. 9).
Hasta el momento de su deportación, su obra constaba de 41 opus e incluía tres sonatas para piano, dos ciclos de lieder (con textos de varios poetas), una ópera y el Concierto para piano op. 25, que terminó en diciembre de 1939, nueve meses antes de que entraran las tropas nazis en Praga. La mayor parte de estas obras ha desaparecido: los manuscritos se perdieron durante la ocupación alemana.
El 8 de septiembre de 1942 es encerrado en el campo de concentración de Theresienstadt. Theresienstadt era una especie de granja modelo o campo-fachada, una especie de Aldea Potemkin, donde se pretendía dar la imagen internacional de que los campos de concentración nazis eran más bien campos de reeducación y trabajo voluntario, donde se respetaba la dignidad de cualquier ser humano, y así ocultar el horror de los verdaderos campos de exterminio. En Theresienstadt (ó Terezín, en checo), Ullmann llevará a cabo una labor importante como animador cultural, director de orquesta, pedagogo, pianista, crítico y compositor. Su obra más conocida es la ópera Der Kaiser von Atlantis, compuesta y estrenada en 1944 en el mismo campo de Terezín. Esta obra se ha convertido en un símbolo del holocausto.
Finalmente Viktor Ullmann, el 16 de octubre de 1944 fue deportado y trasladado a Auschwitz, donde murió en la cámara de gas el 18 de octubre.

El emperador de la Atlántida
La ópera está compuesta en cuatro escenas, y el libreto es relativamente sencillo, pero perfectamente adaptado. La misma nunca fue interpretada completamente y el hecho de que la partitura haya sobrevivido se considera un milagro. La prémière de la ópera se realizó el 16 de diciembre de 1975, en Amsterdam, bajo un arreglo del director Kerry Woodward, quien la dirigió con la Orquesta de la Opera Holandesa.
La obra está orquestada para una agrupación de cámara, pero incluye instrumentos inusuales como el banjo, la armónica, un saxofón contralto y un clavicordio. Igualmente contemplaba la inclusión de un discurso radial (la voz de Hitler, el parodiado de la obra). Ullmann utiliza el famoso himno coral luterano Ein feste Burg ist unser Gott como una especie de leitmotiv melódico, tal vez parodiando a Wagner, así como un tema de la Sinfonía Asrael de Josef Suk. Igualmente hay similitudes estructurales y en la trama histórica que inevitablemente hacen recordar a la gran ópera de Rimsky-Korsakov El gallo de oro, como veremos más adelante.

La Historia. Sinopsis

Prólogo
El vocero del emperador de Atlántida (barítono), saluda («Hallo, hallo!») y presenta la introducción de la ópera, a la manera del astrólogo en El gallo de oro de Rimsky-Korsakov e indica que en lo sucesivo será el comentarista de la historia.

Escena1
El arlequín (tenor), que simboliza a la vida, y la Muerte (segundo barítono) reflexionan y disertan sobre que cada uno de ellos ha perdido significado en este mundo moderno. Desde la ciudad de Atlantis, el Emperador de Todas Partes (Overall) ha girado órdenes para declarar la guerra perpetua. La joven timbalera imperial, lleva con su tambor un recado a la Muerte para unirse a la causa del Emperador y trabajar para él. La Muerte se indigna y, altamente ofendida, reclama esta conducta grotesca del Emperador, rechaza la oferta, desenvaina su sable y llena de ira lo quiebra en dos.

Escena 2
El Emperador de Todas Partes (primer barítono) imparte iracundo órdenes de batalla telefónicamente desde su palacio. En eso le informan de una extraña situación en las calles de Atlantis y en el frente de batalla, donde mucha gente y muchos soldados,
gravemente heridos, a pesar de eso, empiezan a dejar de morir. La Muerte se ha declarado en huelga perpertua.

Escena 3
Un soldado de Atlantis (segundo tenor) se encuentra en plena batalla con la doncella Bubikopf (soprano), del bando contrario. Sin embargo, no se pueden matar el uno al otro, y en cambio, se enamoran. La timbalera hace presencia e intenta hacer volver al soldado a su frente y de dejar a Bubikopf, pero el soldado se rehusa y se declara en rebeldía.

Escena 4
El Emperador de Todas Partes se encuentra absorbido y separado de la realidad en sus cálculos militares. En ese instante se presenta la Muerte a visitarlo, y el Emperador le reclama que la gente ha dejado de morir. La Muerte le replica que ella no es la causa de las miserias humanas, sino el refugio final para ellas. El Emperador le pide que retome sus labores. La Muerte se rehúsa. Entonces desesperado, el Emperador le suplica. La Muerte finalmente acepta la súplica, pero sólo bajo una condición: si el Emperador acepta ser el primero en morir. El Emperador de entrada rechaza esto, entonces la muerte se cruza de brazos. Finalmente al ver que está acorralado, al Emperador no le queda otra que ceder, y canta su despedida. La ópera finaliza con un cuarteto, y una moraleja final, al igual que en El gallo de oro:

«Du sollst den großen Namen Tod nicht eitel beschwören».
(«Nunca habéis de tomar el Gran nombre de la Muerte en vano»).

Similitudes con El gallo de oro
Para quien conoce bien la Opera de Rimsky, es fácil identificar al introductor y comentarista de Atlantis con el astrólogo de la primera. La vida y tragedia del emperador es comparable a la del Zar Dodon, quien no solo pierde a sus hijos, sino que él mismo muere a manos de la espada del Gallo de Oro. En este caso el gallo representa a la Muerte, quien al igual que la Muerte ullmaniana, finaliza la obra con su inevitable golpe del destino preparado hasta para quien ostenta el mayor de los poderes. Finalmente ambas obras finalizan con una moraleja ejemplarizante. Desconozco si Ullmann llego a escuchar El gallo de oro, de no ser así, las similitudes son escalofriantes.
Der Kaiser von Atlantis es una obra impresionante y una de las grandes óperas del siglo XX, en la tradición expresionista del Wozzeck de Berg, con influencia del lenguaje de Zemlinsky. Sin duda merece ser considerada la obra insignia del todo el horror que significó el Holocausto y de los extremos que puede alcanzar la degeneración de toda una sociedad y de una época. Imprescindible conocerla.
Los créditos:

Kaiser Überall (Emperador): Michael Kraus
Der Lautsprecher (Narrador): Franz Masura
Ein Soldat (Soldado): Martin Petzold
Bubikopf (La Doncella): Christiane Oelze
Der Tod (La Muerte): Walter Berry
Harlekin: Herbert Lippert
Der Trommler (Timbalera): Iris Vermillion
Gewandhausorchester Leipzig
Director: Lothar Zagrosek


2 comentarios:

Lever 28 de agosto de 2009, 4:17  

Magnífica obra, la recomiendo sin duda a todos los fans de la "Entartete Musik". Muchas Gracias

morsiger 9 de abril de 2010, 23:24  

gracias por compartir esta obra maestra de un genio malogrado

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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