Honrar al amigo

>> domingo, 1 de diciembre de 2013

El jueves 8 de marzo de 2009 llegué a Buenos Aires en un vuelo procedente desde Mendoza. Unos días antes había recibido la invitación de parte de una cadena de televisión por cable para cubrir en la capital argentina el lanzamiento de una nueva señal. Poco me interesaba todo ello: iba a cumplir mi tarea, por supuesto, e iba a volcarla en diversas notas luego. Pero la razón principal para decidirme a hacer yo el viaje, como jefe de la sección de espectáculos del Diario Uno, y no enviar a uno de los redactores era que eso me iba a permitir conocer, por fin, en persona, a mi amigo Gabriel El Cuervo López.



Al Cuervo lo había conocido por otra vía: me crucé una vez con su blog de música clásica y, como miles de internautas del planeta entero, quedé fascinado con la cantidad de material que ofrecía, con los comentarios hilarantes, cascarrabias y muchas veces eruditos que ofrecía en esa página.

Pronto, tras escribirle, consolidamos una amistad hecha de intereses comunes y de bromas mutuas. Su generosidad siempre fue por delante de la mía: pronto se ofreció a comprarme y enviarme a Mendoza discos que conseguía en las disquerías porteñas, a grabarme «joyitas» inhallables, a avisarme de alguna novedad. Yo sólo colaboraba con artículos y mi más modesto caudal de grabaciones digitalizadas, pero al parecer vio en mí a alguien de confianza y me sorprendió al decidir que su blog –que no necesitaba de nadie más y tenía miles de visitas diarias– me tuviera como coautor y administrador.

Así que cuando llegué ese jueves a Buenos Aires lo único que quería era hacer lo que faltaba: estrecharle la mano al amigo. Hacía calor, el hotel era más que agradable y la entrevista periodística estaba prevista para la tarde. Todo encajó entonces para que me encaminara directamente al departamento del Cuervo, en pleno centro de la «city porteña». Me recibió con una gaseosa («no puedo creer que no tomés ni una cerveza», bromeó), me mostró rápidamente el lugar donde vivía y con pudor evitó referirse a la única habitación cerrada: allí estaba su madre, enferma y con un avanzado estado de senilidad.

Salimos a pasear luego y El Cuervo ofició de guía turístico, con un tema fijo: las disquerías. Recorrimos una y otra, me aconsejó lugares y grabaciones. Detectó perdida entre discos sin importancias una versión de la Cuarta de Shostakovich por Inbal, para el sello Denon; me llevó hasta donde había visto la primera edición en disco compacto del Das Klagende Lied de Mahler por Rattle y una reedición en Decca de la Sinfonía Nº15 de Shostakovich por Haitink. En medio de tanta música, me habló también de un amor naciente que quería consolidar (todo, claro, floreado por acotaciones subidas de tono y siempre en carácter jocoso).
Se hizo la hora de mi entrevista y me acompañó hasta la puerta del hotel. Habíamos caminado mucho y sudábamos, él bastante más que yo: pero estábamos contentos. Parecíamos amigos de años, parecía que al otro día íbamos a volver a juntarnos.

Hice mi trabajo y cuando subí a mi habitación revisé en mi computadora portátil el correo. A las 20.01 me había enviado un correo cuyo asunto decía: «Genial». El mensaje era este:

«Estuvo genial. No paramos de hablar... jaja, parecíamos dos minas. Lo bueno y no es poco, es que el feeling virtual se mantuvo y afirmó con el encuentro personal. ¡Parecía como si nos viéramos todos los días en carne y hueso!».

Yo le respondí, pero él no respondió. El blog, que tenía una actualización diaria desde hacía mucho tiempo, amaneció al día siguiente sin novedades. El asunto me llamó la atención pero supuse que, en fin, quizá el haber pasado la tarde conmigo le impidió armar su artículo diario y que lo iba a dejar para el día siguiente. Pero el día siguiente continuó sin novedades. Volví a escribirle y enviarle un mensaje de texto por el teléfono celular que tampoco tuvieron respuesta: allí fue cuando temí algo grave.

De vuelta a mi provincia era sábado y en Mendoza se celebraba la Fiesta Nacional de la Vendimia, quizá el evento cultural más importante del año, que obliga a un enorme despliegue periodístico y en el que yo ya tengo como una larga costumbre ser el encargado de la crítica principal del espectáculo.

Hacía también calor allí y yo esperaba la posibilidad de tener que salir también por TV, con un comentario previo a la fiesta. A media hora del comienzo del espectáculo, una llamada hizo vibrar mi teléfono móvil:  había mucha música y era difícil escuchar, pero al otro lado una mujer lloraba. Era Martine, amiga del Cuervo, quien me daba entre balbuceos la noticia que explicaba la falta de respuestas: había sufrido un accidente cerebrovascular y estaba grave. Nunca me resultó más difícil que aquella vez cumplir con mi tarea para el artículo más importante que suelo escribir cada año.

El blog del Cuervo, además, amanecía cada nuevo día sin novedades y esto, lejos de ser un dato frívolo, era todo un símbolo de que las cosas no estaban bien. Sus lectores le reclamaban en los comentarios alguna noticia. Me escribían a mí, preguntándome. Yo, como administrador del blog, vi que había algunos artículos ya listos. Así que me decidí a darle continuidad a su tarea, como si hubiera recibido un encargo de su parte aquella vez que me sorprendió nombrándome coautor.

Entre esos artículos estaba una serie ambiciosa y hermosa que otro colaborador del blog del Cuervo había previsto para su página. Fernando de León, desde España, también había encontrado en ese sitio virtual un lugar perfecto para compartir el amor por la música y la música misma y, quizá animado por una serie que otro colaborador (Carlos Quintero Maldonado) había trazado sobre la trilogía sinfónica final de Shostakovich, decidió tomar la integral de sinfonías del ruso a cargo de Bernard Haitink para comentarlas una a una en una completa serie de artículos.

Me pareció que esa serie que se iniciaba era una manera de poner un camino largo a la esperanza porque El Cuervo se recuperase. Me dije: «Iremos publicando la serie escrita por Fernando de León y antes de que la haya concluido, Gabriel podrá ver lo bien que le cuidamos su palacio».

Les escribí a Fernando de León y a otros amigos, y todos estuvieron de acuerdo en continuar con la tarea. Pero el jueves 25 de junio, a tres días de mi cumpleaños número 35, otro llamado de Martine me dio la peor noticia: El Cuervo, tras una larga agonía, había fallecido.

El Cuervo López.
Sería inútil detenerse en la tristeza y el dolor de ese momento. El blog del Cuervo seguía siendo un símbolo de lo que había hecho y uno de sus motivos de orgullo. Así que decidí que sin el Cuervo no podía haber blog del Cuervo, y puse un mensaje de despedida para dejarlo allí como una muestra de su tarea.

Aun así, impulsado por todo lo que aprendí con él, me decidí a abrir mi propio blog de música: Oído Fino. Yo tenía hacía mucho un interés por hablar de música y hasta había publicado en Diario Uno una serie de artículos unidos por ese nombre. Pero la decisión final surgió como una manera de homenajear a mi amigo y cuando abrí el nuevo blog, convoqué a amigos que habían pasado por el Cuervo para que siguiéramos en este lugar lo que habíamos hecho con Gabriel. Entre ellos estaba Fernando de León, claro, y acordamos seguir la serie de Shostakovich en Oído Fino.

Si la serie continuaba con un artículo por mes, es decir, con la periodicidad inicial, en menos de un año y medio iba a estar concluida.

Pero toda vida tiene sus problemas, y por ende, todos los tuvimos. La serie se fue postergando, y aunque Fernando y El Gato Sierra (otro amigo surgido de la taberna del Cuervo) coescribieron otras series dedicadas a Wagner, el recorrido por las sinfonías de Shostakovich se retrasaba. En medio de todo ello, una legislación estadounidense, además, trabó en gran medida la posibilidad de compartir música por la web; sumado a esto, mis compromisos personales hicieron cuesta arriba la continuidad de Oído Fino. Por si faltaran escollos, uno más pareció el golpe de gracia, cuando Blogger eliminó el blog del Cuervo.

El mes pasado, sin embargo, repasando Oído Fino me di cuenta de que habían quedado varias tareas a medio hacer, y que si bien podíamos consentir que algunas siguieran en suspenso, había una que no lo merecía: la serie sobre Shostakovich que había iniciado en el blog del Cuervo. Se lo dije con esas palabras a Fernando de León. «Sólo una», le remarqué, como intentando mostrar que ya habíamos hecho la mayor parte del trabajo. No había ninguna obligación más que la del deseo de honrar al amigo que ya no estaba. Y mi tocayo, haciendo un esfuerzo enorme y sobreponiéndose quizá también a la barrera emocional que la conclusión involucraba, terminó al fin la tarea: justamente con el artículo sobre la Sinfonía Nº15 de Shostakovich en versión de Haitink, el último disco que yo compré en compañía del Cuervo aquella vez, la única, que nos vimos. El disco que, de algún modo, fue el último con el que él salió de una disquería.

Es por todo lo narrado que la publicación de este artículo tiene un valor histórico. Han debido pasar cuatro años y medio para que la larga estela tenga su conclusión. Pero espero haya valido la pena: las cuestiones emotivas pueden dejarse de lado y quizá, a quien lea esta serie en un tiempo o en otro lado, le pase de largo que haya un amigo muerto en el medio, mucha pasión y una conflagración de amistades para que haya sido posible. No importa: quedará como un regalo, de esos que a nuestro amigo les gustaba hacer y que nosotros con él aprendimos también a hacerles a los demás.

Gracias, tocayo, por esto, y felicitaciones. Gracias a todos por seguirnos en esta caprichosa empresa.

En el siguiente enlace, el artículo que cierra la serie.


8 comentarios:

Julio Salvador Belda Vaguer 1 de diciembre de 2013, 7:22  

Querido Fernando, ¡enorme! Muchas gracias por esta entrada tan bella y emotiva.

F. de León 1 de diciembre de 2013, 10:38  

Gracias a ti, Fernando G. Toledo, sobre todo por tu paciencia infinita. Dices bien que toda vida tiene sus problemas y esos cuatro años y medio estuvieron llenos de vicisitudes, algunas terribles). Pero, al menos estamos aquí para dar por finalizada la serie, mirar nuevos proyectos y dar las gracias a quien nos de un comentario.
Quisiera acabar con un agradecimiento a todos aquellos a los que el Cuervo, en su magnifica labor, nos unió por el inquebrantable amor a la música. Solo voy a nombrar a dos por motivos obvios, el maestro Ravanelli y el maestro Javier Menendez "Leiter" dos sabios entre sabios y generosos entre los generosos. A los demás, ellos, todos, saben quienes son, simplemente decirles que les quiero y que estoy en permanente deuda con ellos por, simplemente, ser como son.
En fin, gracias.

Fernando (Medellin) 1 de diciembre de 2013, 10:52  

Muchas gracias por continuar con el legado de El Cuervo.

Barullo 1 de diciembre de 2013, 11:35  

¡Gracias, Fernando, por estos posts! Y hoy o la semana que viene que salga campeón San Lorenzo.

Mahlerite-Shosta 1 de diciembre de 2013, 17:18  

Fernando, en primer lugar me siento muy honrado por haber sido de algún modo mencionado en ésta conmovedora semblanza. Muchas gracias.

A diferencia tuya, nunca tuve el honor de estrechar la mano del recordado Cuervo, pero vaya que pude tener con él una interacción virtual más que enriquecedora, a través del correo electrónico y a través de la modesta contribución que pude hacer para su increíble Blog. Al Cuervo no le gustaba para nada Shostakovich, a veces
se refería al Maestro con frases muy fuertes que a mí me irritaban, y más de una vez hubo peleas a éste respecto en la sección de comentarios, y aún así el Cuervo tenía la amplitud de incluir a Shosta en sus entregas, gesto que lo engalanaba.

Imagino que quedaron en el tintero varias cosas por publicar antes de la terrible fatalidad ocurrida, yo mismo logré enviarle un par de reseñas que imagino que recibió pero ya nunca pudo publicar. Como también saben algunos, mi propio Blog, ARPEGIO, tiene de igual modo inspiración y tributo en El Cuervo López... Una pérdida irreparable y me complace que se le recuerde de ésta manera.

Entre otras bondades que me dió el Blog del Cuervo fue haber tenido el placer de saber e interactuar con personas maravillosas como son todos ustedes y con algunas de las cuales también he tenido ya el tremendo placer de conocer en persona, lo cual es tremenda ganancia!

Muchos saludos y cariños a todos, y complacido de que Oido Fino haya retomado actividad, nada menos que con la 15ta del Maestro Shosta, en esa magnífica serie que nos regaló Fernando De León.

Abrazos,

Carlos Quintero Maldonado.









Cap. Nemo 1 de diciembre de 2013, 19:45  

Fernando,
Mackerras decía que un artista permanece en la medida que su obra es recordada e interpretada.

No va a existir otro Cuervo, pero cómo sigue haciendo falta su pensamiento plasmado en sus letras.

Saludos,
Jesús Garza Paz.

Anónimo 4 de diciembre de 2013, 21:17  

Felicitaciones, desde México, D.F. Yo en esos tiempos también era asiduo visitante del blog del cuervo, el cual había descubierto meses antes. Bajaba musica como loco. De Mahler y todos los demás compositores. Cuando el cuervo dejo de actualizar la página creí que se había ido de vacaciones.. Cuando mencionaron que el cuervo tardaría mucho en hacerse de nuevo presente en el blog me pareció extraño. Pero cuando anunciaron su fallecimiento en verdad me entristecí.
Pero que bueno que algunos de ustedes han continuado la labor de compartir su conocimiento musical generosamente. De alguna manera perdimos un blog, pero aparecieron 2 (Oído Fino y Arpegio) que siguieron su senda.
Les doy las gracias.
ALeK

Pablo Álvarez Fernández 23 de marzo de 2014, 5:03  

Cuervito siempre entre nosotros, como Mahler http://pablosiana.blogspot.com.es/2009/03/para-el-cuervo-lopez.html

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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