Mozart - Sinfonías Nº 29, Nº 35 y Nº 38 - Beecham

>> domingo, 31 de octubre de 2010


Mozart by Beecham

Para ofrecer un excelente recorrido discográfico de la Sinfonía Nº 38 «Praga» K504, de Wolfgang Amadeus Mozart, el autor del blog I Promesi Sposi ofrece una perfecta introducción, que aprovechamos para presentar esta obra:

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Como nos cuenta Morike en su espúreo pero encantador relato, en los primeros días de 1787 Mozart partió rumbo a Praga en lo más parecido posible a una tournée de placer (sus obligaciones eran pocas: una interpretación de Las bodas de Fígaro y un par de recitales de piano). Entre los sombreros de Constanza viajaba un manuscrito recién acabado con una sinfonía en Re (K. 504), que quedaría para siempre relacionada con el nombre de la ciudad. El 19 de enero Mozart dirigió su estreno ante una orquesta de una veintena de instrumentistas, al parecer con un gran éxito. Años más tarde, en 1808, su amigo Niemetschek recordaba «la sinfonía permanece como favorita en Praga, y sin duda ha sido interpretada cientos de veces».
Indudablemente la obra es una de las cimas del autor, a pesar de que sólo integra tres movimientos en lugar de los cuatro tradicionales, quizá una alusión a la simbología masónica (Massin dixit). La ausencia del clásico minueto se compensa por la introducción lenta que abre la composición, influencia de los progresos sinfónicos de su querido Haydn (y que tanto peso habría de tener en Beethoven). De tono profundo, casi amenazante, tonalmente impredecible, a veces severamente disonante, en el compás 16 sobrecoge al pasar a clave menor (con un estallido de percusión y trompetas): en sus modulaciones se huele el rastro del K. 466 y se adivina la sombra cromática del dissoluto. Entonces el grave presentimiento cede el paso a un allegro, tirante y sincopado (a contratiempo), descentrado armónicamente. Hasta seis motivos (reflejos de Fígaro, intuiciones de La flauta mágica) son desarrollados y fugados contrapuntualmente. En esta densa polifonía (de la que significativa e inusualmente Mozart realizó múltiples bocetos de posibles combinaciones temáticas) se suceden estrategias retóricas irresistiblemente enérgicas, que cierran el movimiento sinfónico mozartiano de mayor originalidad, síntesis de tradiciones barrocas y estilo clasicista.
La forma sonata también es seguida en el segundo movimiento, marcado andante y de sinuoso ritmo ternario, en otro ejemplo de la sofisticación de la sinfonía: contrasta un lírico y espiritual primer tema con un segundo turbulento, basado en tensos acordes de las maderas. Por fin, extrañas sombras cromáticas desestabilizan la armonía y se agazapan tras imitaciones contrapuntísticas. La recapitulación revisa todos los materiales empleados en el movimiento alternando tonalidades hacia un final apacible, cuya atmósfera camerística afianzada por la rica paleta armónica servirá de inspiración a Schubert.
La obra concluye con un presto, originalmente escrito para ejecutar la sinfonía «París» (K.297) con un nuevo final, que se inicia con una jovial atmósfera de carácter bufo (regresa la semblaza melódica a Fígaro) en la que los vientos irán desgarrándose en una violenta tormenta. A modo de rondó utiliza diálogos cromáticos, síncopas y transformaciones contrapuntísticas en un oscuro carácter coral, apenas embozado en una capa de luz.
Para completar la dicha Mozart abandonó Praga con unos gulden en la casaca y el encargo de una ópera para el otoño siguiente [...].

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Y dado que en el blog citado no se incluye la grabación que a continuación presentamos, invitamos a escucharla: se trata de una histórica versión del elegante e inquieto director Thomas Beecham, al mando de una de las orquestas que fundó: la Royal Philharmonic Orchestra. Fue tomada en una sesión de la BBC, el 15 de diciembre de 1958, en Londres. El disco se acompaña por otras dos bellas sinfonías mozartianas: la Nº 35 «Haffner» K385 (grabada el 30 de marzo de 1949) y la Nº 29 K201 186a (grabada el 9 de diciembre de 1958). El disco incluye una introducción del propio Beecham a la Sinfonía Nº 29 y otra a la Sinfonía Nº 38.

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Pettersson - Su vida y su obra - Presentación

>> jueves, 28 de octubre de 2010


Allan Pettersson: vida y obra
Presentación

«La música que conforma mi trabajo es mi propia vida,
sus bendiciones, sus maldiciones: con el fin de
redescubrir la canción una vez cantada por el alma».
Allan Pettersson


Escribir sobre Allan Pettersson, escribir sobre su música, es una tarea personalmente difícil y que toca la profundidad de mi fibra, ya no solo musical, sino humana. Emprendo este arduo proyecto, el de presentar su vida y la totalidad de su obra, con el mayor entusiasmo y la mayor dedicación posible, agradeciendo de antemano la posibilidad que me ha dado Fernando G. Toledo de utilizar su excelente blog como trampolín para mi personal misión, que no es más que acercar la obra del brillante, del mayor compositor sueco como dicen algunos especialistas, a todas las personas que nos leen, a todos aquellos que con voluntad propia quieran emprender este viaje sin retorno que representa la música de un individuo realmente atípico, verdaderamente particular, en la historia de la composición musical.

El compositor
Haciendo una breve introducción para los que aún no le conozcan, al referirme a Allan Pettersson describo a un compositor como la copa de un pino, nacido en Västra Ryd, en la provincia de Uppland, Suecia, el 19 de septiembre de 1911; la provincia o el landskap de Uppland se halla en la costa este de Suecia, al norte de la capital Estocolmo, y linda con el lago Mälaren y el mar Báltico. Västra Ryd es un pueblo del llamado Uppland-Bro, a medio camino entre Estocolmo y Upsala, y era –aun hoy lo sigue siendo– una de las zonas más pobres del país. Se le ha considerado por muchos como el «Shostakovich sueco», incluso se le ha identificado en ciertos pasajes de su obra con Mahler, tal vez por su profundo y desgarrador dramatismo, o muy posiblemente debido al común hecho de componer grupos de canciones, en el caso de Pettersson, principalmente sus 24 Barfotasänger (24 Canciones Descalzas), que luego eran utilizadas como base temática para algunas de sus sucesivas sinfonías. También guarda posible relación con estos dos grandes compositores el hecho de que su obra está impregnada de una profunda dosis autobiográfica, o no sé si es mejor decir que sus experiencias vitales son expuestas a través de su música, en definitiva, todo lo que se escucha refleja la aventura que le tocó vivir.
Desde un punto meramente cronológico, Pettersson estudió entre los años 1930 y 1939 violín y viola en el Conservatorio Real de Música de Estocolmo, durante los años ’40 ocupó un puesto en la sección de violas de la Orquesta de la Sociedad de Conciertos de Estocolmo, ciudad donde vivió casi toda su vida. Pero interesado en componer estudió con Karl-Birger Blomdahl, Otto Olsson, René Leibowitz y Arthur Honegger, a partir de los años ’50 abandonó la interpretación y se dedicó a la composición profesionalmente. Hay que tener en cuenta que parte de sus estudios sobre composición los desarrolló en Francia, en París, en un periodo en el que la capital francesa era epicentro de las técnicas compositivas atonales.
Su vida fue en muchos aspecto miserable, con una infancia muy pobre: de allí su temperamento oscuro el cual ha sido siempre uno del los ejes de su música. Pero fue sobre todo con la artritis reumatoide, incurable y progresiva, en los años ’60, con la que su música adquirió ese sonido tan oscuro que le caracteriza. Aun así, no todo en él es oscuro. En esto radica uno de los atractivos de su legado, lo hermoso de su música converge en la existencia de ventanas de luz por donde penetra la vida, el amor, la pasión por la música, una pasión profunda y prístina.
Siempre vivió en él la preocupación por los pobres, por la experiencia de su infancia. Expresó en su música, 16 sinfonías, tres conciertos para solista y orquesta, tres conciertos para orquesta, dos ciclos de canciones y música de cámara, la rabia de la vida de los oprimidos y las personas anónimas, y la compasión por su misma vida. Es interesante recalcar su insaciable pasión por la literatura y especialmente por la poesía, en especial por uno de sus poetas preferidos, Pablo Neruda, del cual utilizó algunos versos.
Así pues, nos encontramos en frente de un colosal corpus sinfónico, en el cual Pettersson para su creación no hizo una elección estricta sobre vías tonales o atonales, simplemente utilizó todos los recursos a su alcance. Aunque su música suena extremadamente «moderna» por el uso frecuente de disonancias y procedimientos atonales, nunca se adscribió al dodecafonismo o al serialismo y su estilo de composición es sumamente personal e inclasificable.
En sus últimos años vivió como un autentico ermitaño, acompañado solo de su esposa Gudrun, la cual permaneció a su lado desde 1948 hasta su muerte, el 20 de junio de 1980. La decisión de prohibir la interpretación de su obra en los últimos años de su vida le llevó a un aislamiento aun mayor si se puede.
La idea de este proyecto en el que me embarco a partir de hoy es el de mostrar toda su obra, toda la discografía existente de su legado, en capítulos que se irán sucediendo con regularidad. El dilema que me ha acompañado en estos días es el de decidir con qué obra y con cuál interpretación comenzar este extraordinario viaje. He pensado comenzar con su primera obra, o tal vez con su grupo de 24 Barfotasänger (24 Canciones Descalzas), o que sería mejor hacerlo con su Segunda sinfonía (que corresponde a la primera, la cual destruyó). En fin, he decidido abrir esta aventura con su sinfonía más emblemática, la que según todas las personas que conozco ha servido de espectacular introducción a su obra: me refiero a su Séptima sinfonía, la supuesta mejor carta de presentación a la música del compositor. Así pues, haré una excepción al comenzar, ya que luego intentaré seguir una vía cronológica e iré presentando una a una toda su discografía.
Sobre la Séptima (sinfonía en un solo movimiento) prefiero no pronunciarme, ya tocará a su debido tiempo hacerlo en su oportuno espacio cronológico, solo les pido concentración y sobre todo paciencia, mucha paciencia, con la promesa de que luego de ese aparentemente eterno y macabro ostinato, casi hipnótico, se abrirá ante ustedes el corazón de un grandísimo compositor. Aquí se trata, sobre todo para los principiantes en la música del compositor sueco, de escuchar, escuchar con atención y paciencia, o morir en el intento. La recompensa será infinita.

Esta versión
La versión que les traigo hoy es una de las cuatro Séptimas que existen en el mercado discográfico. Luego les avanzaré a modo crítico mi preferida, solo adelanto que la versión más antigua que existe actualmente en disco fue la interpretada por el celebre Antal Doráti. Todas ellas serán presentadas en el turno referente a la Séptima sinfonía, incluyendo evidentemente la histórica de Doráti. Hoy les adelanto la versión que se encuentra a medio camino entre una gran objetividad y una pasión desbordante. Transparente, equilibrada y compacta: Allan Pettersson: Sinfonía No.7. Philharmonischer Hamburg, dirigida por Gerd Albrecht.

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Elgar - Concierto para chelo - Gabetta - Venzago (y otras obras)

>> lunes, 25 de octubre de 2010



Sol Gabetta interpreta el Concierto para violonchelo de Elgar y obras breves de Dvorák, Respighi y Vasks

Entre los clásicos en el género concertante para violonchelo, el de Edward Elgar es quizás mi gran favorito, en un podio que comparte con el de Boccherini en si bemol mayor y el de Dvorák, junto con el par de conciertos que nos legó el gran Shostakovich.

Antecedentes
Fue precisamente con el Segundo concierto de Shostakovich que tuve la primera noticia de la joven chelista argentina Sol Gabetta, y he de declarar que, aparte de la maravillosa versión que nos grabo Mstislav Slava Rostropovich con Evgeni Svetlanov en 1968, la lectura de esta cordobesa es la que más me ha impresionado, muy por encima, por ejemplo, de la de Maisky/Previn. Mis agradecimientos a nuestro anfitrión, Fernando G. Toledo, por compartirla con todos nosotros a través de Oído Fino.
A partir de ese primer encuentro me quedó el interés por conocer más de ella, y cuando salió a la luz este disco con obras de Elgar, Dvorák, Respighi y Vasks, me apuré a obtenerlo y evaluarlo lo más pronto posible con Fernando, para compartirlo como una nota de seguimiento en el blog. A la fecha ya poseo la colección completa de grabaciones de Sol Gabetta, así que poco a poco las iremos compartiendo con ustedes en Oído Fino.
He de comentar que este nuevo CD es una movida riesgosa de Sol Gabetta en el repertorio, al enfrentar sin titubeos la obra cumbre de este repertorio (en mi modesta opinión), teniendo siempre en mente que el estándar de interpretación es la maravillosa y trágicamente mítica grabación de Jacqueline Du Pré y Sir John Barbirolli con la Orquesta Sinfónica de Londres de 1965 (junto con las otras tres grabaciones de la misma Du Pré con Sir Malcolm Sargent y dos con su esposo Daniel Barenboim). Esta grabación ha sido acogida universalmente como la interpretación definitiva, por encima de notables como las de Casals y Rostropovich (quien al escuchar esta grabación, decidió voluntariamente retirar el concierto de Elgar de su repertorio).
Luego de la grabación de Du Pré, quizás la mejor grabación sea la que hizo Yehudi Mehuhin como director y el chelista Julian Lloyd Webber en 1986, la cual recibió en 1987 el Brit Award como la mejor grabación de dicho año. En ese mismo concierto otros no han sido tan afortunados como Maisky (con Sinopoli), Watkins (con Bělohlávek para los BBC Proms), Yo-Yo Ma (con Previn) y, más recientemente, Natalie Clein (con Handley).
Sobre la coincidencia entre la serena nostalgia del concierto de Elgar y la trágica vida de su mejor intérprete, redacté un artículo en el blog de nuestro inolvidable amigo E Cuervo López, el cual invito a los lectores a visitar haciendo clic aquí.
Aclaro al lector que no entré a evaluar el disco de Sol Gabetta que hoy les comparto con ese estándar en la mente: aunque la referencia es obligada, traté de concentrarme en la música exclusivamente y, para mi sorpresa, lo que escuché me entusiasmó muchísimo. Y con dos, tres escuchas más… me enamoré más del tono solemnemente melancólico del chelo de la cordobesa… En justicia, no desbanca del pináculo absoluto a Jacqueline Du Pré, pero sin duda es la grabación que más me ha gustado, por encima de todas las que mencioné previamente, con excepción de las de Du Pré (creo que esto queda claro y sobra).

La artista
Sol Gabetta es una joven chelista, nacida en 1981 en la bella ciudad de Villa María (Córdoba, Argentina), de padres de origen italiano, francés y ruso. Estudió violonchelo, piano y canto en Córdoba, perfeccionándose como chelista en Buenos Aires con Leo Viola y en Madrid mediante una importante Beca para la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Posteriormente inició sus cursos de violonchelo con Iván Monighetti en la Academia de Música de Basilea (Suiza), y, después de haber obtenido el diploma de solista en 2001, prosiguió sus estudios de chelo en Berlín con David Geringas.
Ha recibido muchos premios en su joven trayectoria, empezando desde muy joven: a la edad de diez años obtuvo dos primeros premios en concursos musicales de Córdoba y Buenos Aires. En 1995 obtuvo el primer premio en el Concurso de la Radio de la Suisse Romande en Ginebra, Suiza, la máxima distinción en el Concurso Internacional de Lausana, Suiza, y el premio a la mejor interpretación musical en el Concurso Tchaikovsky de Moscú, en 1998.
Sol Gabetta ha sido huésped de importantes festivales, como el de Lockenhaus y Davos, en la serie «Jóvenes Artistas en Concierto», y en el festival de Lucerna. Fue invitada a tocar con las orquestas Sinfónica de Basilea, la Orquesta Nacional de Francia, la Orquesta de Cámara de Stuttgart, la Orquesta de la Radio de Baviera, la Filarmónica de San Petersburgo, y en abril de 2003 participó, a solicitud de Gidon Kremer, de una serie de conciertos en Italia con su Kremerata Báltica. El mismo Kremer, director artístico del Festival de Basilea MuseumsMusikWoche, la presentó como solista en el concierto inaugural del 9 de abril de 2003, con la Orquesta de Cámara de Basilea.
Algunos de sus conciertos fueron grabados y luego transmitidos en los programas de Espace 2 en Francia, la DSR (Radio de la Suiza Alemana), la SWR (Radio del Sudeste Alemán), y en la Classic Radio de Alemania. En estos momentos Sol Gabetta tiene su propia cátedra de chelo en la Academia de Basilea y desde 2005 está organizando su propio festival en Suiza: el «Solsberg Festival», en la pintoresca ciudad de Olsberg (en la periferia de Basilea donde reside). Según Gabetta su propósito es «invitar cada año a un compositor residente a que componga una obra específica para mí. Mi sueño es que dentro de 20 años pueda tener un repertorio original, creado para mí, en Solsberg Festival».
Al inicio de su carrera Sol Gabetta interpretaba su música para muchos de sus recitales y conciertos públicos en un chelo Guadagnini de 1759, que pertenece a la colección privada de Hans K. Rahn. Ahora, usa un violonchelo original del más famoso de los lutieres franceses, un J. B. Vuillaume de 1867, el cual le ha sido cedido gracias a los auspicios de la compañía suiza Crossair Airlines.
El disco que hoy compartimos es el sexto y más reciente de su repertorio. Previamente ha publicado:

• Tchaikovsky, Saint-Saëns and Ginastera: Su álbum debut, con la Munich Radio Orchestra, bajo la dirección de Ari Rasilainen
• Il Progetto Vivaldi, con la más prestigiosa de las orquestas autenticistas italianas, los Sonatori de la Gioiosa Marca
• Shostakovich Concerto Nº 2 con la Filarmónica de Munich dirigida por Gerd Albrecht (este CD fue presentado en Oído Fino).
• Cantabile: un CD maravillosamente compilado de obras operáticas para voz humana, transcritas para chelo. Acá Sol es acompañada por la Prague Philharmonic, bajo la dirección del maestro Charles Olivieri-Munroe
• Obras para chelo de Hofmann, Haydn, Mozart (adaptación para chelo del Segundo concierto para flauta), con la Orquesta de Cámara de Basilea dirigida por Sergio Ciomei.


Las obras
En el artículo previamente citado, publicado en el blog de El Cuervo López, encontrará el lector muchas referencias a las circunstancias que rodearon la escritura del maravilloso Concierto para chelo de Elgar, su última obra importante antes de caer en el aislamiento y la depresión que marcaron sus últimos quince años de vida, debido a la enfermedad y muerte de su amada esposa Alice. Durante sus años postreros, Elgar no fue capaz de escribir nada significativo. Adicionalmente, en aquella nota, hago una referencia a la trágica vida de Du Pré y a la divina iluminación que hizo de su interpretación con Barbirolli el maravilloso e inalcanzable estándar definitivo para interpretar la obra.
En este CD Sol Gabetta interpreta el Concierto para chelo de Elgar, más un ramillete de obras concertantes breves para chelo y orquesta, así como una enigmática obra para chelo solo de Pēteris Vasks. En la interpretación, Gabetta es acompañada magistralmente de la Orquesta Sinfónica Nacional Danesa (la orquesta tradicionalmente más importante de Dinamarca, heredera de una gran tradición que incluye al legendario Nikolai Malko y Herbert Blomstedt) bajo la dirección de Mario Venzago.
Las miniaturas concertantes de Elgar incluidas en el CD, son obras adaptadas para chelo y orquesta por Søren Barfoed. Dos de dichas obras –Salut d’Amour y La Capricieuse– corresponden a la primera etapa de la vida de Elgar, anterior al éxito que marcaron sus Variaciones Enigma en 1899. Una de ellas es especialmente significativa: se trata de Salut d’Amour, escrita para Alice, el amor de su vida, en respuesta a un poema que ella le había escrito. En el diario personal de Elgar y en la primera edición de la obra, Elgar anotó: «para la mujer que me ha aceptado…». Sospiri fue escrito en 1914, unos días antes de que iniciara la Primera Guerra Mundial, como una miniatura orquestal para arpa, órgano (o en su defecto armonio) y orquesta de cuerdas.
El programa incluye dos obras de cámara de Antonín Dvorák, luego orquestadas para chelo y orquesta por el mismo compositor tras ser utilizadas en su «gira de despedida» de su natal Bohemia en 1892 junto con el violinista Ferdinand Lachner y el chelista Hanus Wihan, antes de partir a América para tomar el puesto del Conservatorio Musical de New York (Jeannette Thurber, fundadora del Conservatorio de Nueva York le ofreció especialmente el puesto, a condición que se trasladase a vivir a Estados Unidos).
Ambas obras, pero en especial el Rondó op. 94, anticipan la grandeza y lirismo que posteriormente caracterizara su hermoso Concierto para chelo. En esta obra, rápidos arpegios en el chelo dan paso a citas textuales de melodías originales de su natal Moravia. Esas obras fueron usadas como complementos para la obra que caracterizó esa gira artística: el nuevo Trío Dumky.
Ottorino Respighi es el primer gran compositor sinfónico italiano del siglo XX, un valiente que se distanció a sí mismo de la notable estirpe italiana verista, para dedicarse a la composición orquestal con un lenguaje propio y personal: lejos del modernismo del siglo XX, pero reinventando un lenguaje orquestal rico y exuberante. El Adagio y (nueve) variaciones para chelo y orquesta fue compuesto en 1924, y es una obra concertante para chelo que hace un balance armónico entre el solista y pasajes de gran belleza orquestal.
Finalmente, el álbum cierra con una obra sorprendente, y que fue lanzada como un CD corto independiente: el Grāmata čellam o El libro para el chelo solo del compositor latvio Pēteris Vasks (*). A mi juicio, es junto a la lectura de Elgar, un tesoro digno de apreciar: una obra para chelo solo en dos partes, de gran belleza y dificultad técnica, alterna pasajes de íntimos silencios y fuertes contrastes rítmicos, en donde el autor pide al solista que refuerce la lectura cantando-vocalizando con su propia voz una serie de compases (acá, particularmente, Sol Gabetta saca ventaja de su preciosa voz y de los estudios de canto que tuvo en su infancia). La interpretación de la cordobesa es sencillamente genial, un fiero dominio técnico (prestar especial atención a los momentos de gran intensidad con dobles y triples saltos de ritmo, crescendos o diminuendos alternando pasajes de arco, col-legno y pizzicatos) alternando con momentos de gran lirismo.

Valoración final
Realmente, es un disco maravilloso. Elgar es interpretado con intensidad, fuerza y mucha emoción. Y en especial los dos últimos cortes –Respighi y Vasks– hacen del programa del CD un verdadero tesoro interpretativo. Lo recomiendo enormemente. ¡Disfrútenlo!

Próxima parada: Il Progetto Vivaldi

(*) Importante hacer notar que con el lanzamiento del disco de Elgar que hoy estamos comentando, la obra de Vasks fue incluida en el paquete integral del CD. El CD se comercializa como CD doble, pero toda la música (Elgar, Dvorák y Respighi más la obra de Vasks, puede ser grabada en un solo CD).

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Mahler - Sinfonía Nº 5 - Boulez

>> viernes, 22 de octubre de 2010


Complejidad, enfoque y tradición

>>PIERRE BOULEZ

Mi aproximación a Mahler fue retrospectiva, por así decirlo, y en absoluto de manera histórica o cronológica. Llegué a Mahler luego de descubrir las obras de Schönberg, Webern y, especialmente, Berg. Mahler fue un compositor que miraba tanto al pasado como al futuro. Hay entonces en él dos facetas: una está estrechamente ligada al final del romanticismo, pero está la otra con la que Mahler tenía la puesta vista hacia delante y abrió nuevos territorios musicales listos para ser conquistados por otros compositores además de él mismo, compositores con los cuales tenía contactos muy cercanos.
Las sinfonías de Mahler no son sinfonías en el sentido convencional. La arquitectura de un solo movimiento de Mahler es mucho más compleja que un movimiento de Beethoven o Brahms. Poseen al mismo tiempo una cualidad narrativa y una cualidad épica, y debes saber por tanto dónde estás en cualquier momento que sea. Me pasa un poco con Wagner, especialmente el Anillo. En Götterdämmerung, cuando está concluyendo un acto tras dos horas de ejecución ininterrumpidas, debes saber exactamente dónde estás, en cualquier punto que sea. Este enfoque me ha ayudado también en Mahler. Creo que tiene que ver con cierta continuidad, el fluir de la música es para mí lo más importante.
La Filarmónica de Viena tiene una sonoridad y una calidad especiales, que el mismo Mahler escuchó y comprendió. Ellos también están tocando en la misma sala donde ensayaron con él, así que esto no sólo representa una conexión sentimental, a lo que voy es a que constituye una verdadera tradición de sonido orquestal. Ha pasado casi un siglo desde que Mahler estuvo aquí, y no creo en el sentido convencional con que se usa la palabra tradición, a mí me gusta usar la palabra en este caso porque estamos hablando de una evolución que involucra a la misma gente, en el mismo lugar.



Texto incluido en el libreto del CD que incluye esta grabación (1997).

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Bruckner - Sinfonía Nº 4 - C. Asahina

>> martes, 19 de octubre de 2010


Pieza para coleccionistas

>>JOHN F. BERKY

Traducción de Fernando G. Toledo


Para los amantes de Anton Bruckner, el director Takashi Asahina está fuertemente asociado con el legado discográfico del compositor. Pero pocos saben de la existencia de un LP con una toma en vivo y una interpretación de su hijo, Chitaru, interpretando la versión de 1874 de la Sinfonía Nº 4. El LP, grabado en octubre de 1984, se ha convertido definitivamente en un objeto para coleccionistas.
La Sinfonía Nº 4 «Romántica» (primera versión de 1874) de Bruckner, entonces, con Chitaru Asahina al frente de la Sinfónica Metropolitana de Tokio.

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Bernstein: el concierto final

>> sábado, 16 de octubre de 2010


Homenaje a Lenny, a 20 años de su muerte

«En mi final está mi principio». Esta frase de T. S. Eliot se volvió el mantra de Leonard Bernstein al final de sus días.
La última etapa de su vida no se pareció en nada a su alegre, despreocupada pero sobre todo intensa y dinámica forma de vida de los años precedentes. Diagnosticado de enfisema pulmonar a sus 20 años, dado su inveterado tabaquismo, se le predijo que moriría a los 30 años. Sin embargo, al inicio de su séptima década de vida, seguía allí… sonriendo y desafiando a su entidad biológica, hasta que en 1989, su cuerpo dejo de responderle.
Los años 1989 y 1990 estuvieron llenos de cancelaciones de compromisos y oportunidades no aprovechadas: Lenny ya estaba al final de sus días mortales.
Bernstein siempre dijo que quería morir en el podium, tal como le ocurrió a Mitropoulos, a medio ensayo de una obra de Mahler. Su vida, sin embargo, le alcanzó para tener dos grandes finales: uno majestuoso… y uno más íntimo, que es menos conocido, pero que en este caso, será el objeto de estas líneas.
Todos recuerdan el grandioso y potente concierto que Leonard Bernstein dio en Berlín con la caída del Muro y la reunificacion de Alemania, donde ofreció una Novena de Beethoven cargada de emoción, con una mélange de músicos del Este y el Oeste (Berlín, Dresde, Nueva York, Londres, París y Leningrado). La Navidad de 1989 nunca será olvidada por esos 78 minutos de música que Lenny ofreció al mundo para simbolizar la importancia del acontencimiento histórico de esa fecha.
Después de esa efemérides de proporciones gigantescas, todavía le quedaron fuerzas para un último Finale muy al estilo de la Novena de Mahler, un Andante potente y misterioso que tocó las almas de 6.000 personas en Tanglewood, la primaveral sede de verano de la Sinfónica de Boston.
Despedirse allí, ¿por qué? Porque allí se cerró el círculo. En Taglewood empezó en 1940 la carrera de director de Lenny como el primero y más aventajado alumno de su venerado maestro Serge Koussevitzky. Precisamente en Tanglewood. Allí, el 11 de agosto de 1990, cuando se celebraba el 50º aniversario de Tanglewood como escuela en el auditorio de Koussevitzky, en la gala en honor de Serge Koussevitzky y su esposa…Lenny se despidió para siempre.
Las obras, igual de simbólicas: los Cuatro interludios del mar de la ópera Peter Grimes de Benjamin Britten. Dicha obra la comisionó Serge Koussevitzky para la Sinfónica de Boston en 1947, y su maestro le encomendó a Lenny que él la estrenara. La obra Arias y barcarolles (transcrita para orquesta por Bright Sheng para esa ocasión), el opus último del Lenny compositor y, finalmente, la obra que en 1958 abrió su primer concierto como director titular de la la Filarmónica de New Yorkm orquesta que marcó la vida de Lenny: la Séptima sinfonía de Ludwig van Beethoven, la que Bruno Walter llamaba «la apoteosis de la danza».
Ese domingo fue un día gris e inusualmente lluvioso en las colinas de Berkshire. De hecho, la grabación recoge en algunos momentos el sonido de la lluvia de afuera y la tos de muchos de los afortunados mortales que asistieron a la obra, quizás afectados por un malestar pulmonar debido a lo inusual del clima de ese día de agosto.


Leonard Bernstein (1918-1990)

No es la grabación más perfecta de ambas obras, conozco mejores. Sin embargo, desde el primer momento que escuché la lectura de Lenny de ambas partituras sentí una fuerza abrumadora y un sentimiento notable… Eso supera todos los pequeños defectos que un lector avezado pueda encontrar en la grabación.
No haré comentarios a la lectura de la música. Sólo destacaré dos cosas: después de conducir la obra de Britten, Lenny descansó durante la ejecución de su propia obra, encomendándosela a su brillante pupilo Carl St. Clair, con el objetivo de descansar para reunir fuerzas para la Séptima. Lenny estaba mortalmente enfermo y seis semanas después del concierto, habría de morir del enfisema pulmonar que había estado burlando por más de 50 años. En un esfuerzo sobrehumano, heroico, inconcebible para un humano común, Lenny dirigió la Séptima con una fuerza enorme y un tempi reflexivo y misterioso, que muchos encontrarán similar a las lecturas de Klemperer y Celibidache. Yo prefiero decir que Lenny dio su última versión de una gran obra, muy a su propio sentimiento interno, así como en Berlín Lenny invocó tácitamente la bendición de Beethoven cuando en el coro final de la Novena cambió la palabra «Freude» («alegría») por «Freiheit» («libertad»), para enfatizar su mensaje personal al mundo. A los que critiquen esto, les digo que Lenny se ganó a pulso la licencia para hacerlo.
Un último detalle: a la mitad del tercer movimiento [de su interpretación de la Séptima con Boston], Lenny se desplomó hacia atrás y se apoyó de espaldas contra el atril, en medio de un severo ataque de tos. Sin embargo, la orquesta valientemente no se detuvo; hubo algunas vacilaciones en los metales, pero siguieron, y así como ellos, con la ayuda de Dios, de su maestro Koussevitzky y quizá del mismo Beethoven, Lenny siguió hasta el final.
El aplauso final fue estático, electrizante. Creo que Ludwig les hizo coro. Así, amigos, hoy tienen la oportunidad de vivir ese momento… Vívanlo. Pocos momentos en la historia de la música han tenido un Finale como este. El final de Lenny, pero que en su mantra significó el principio de su inmortalidad.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog El Cuervo López.

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Berlioz - Sinfonía fantástica - Davis

>> miércoles, 13 de octubre de 2010



>>STEFANO RUSSOMANO


«Se equivoca uno si cree que los compositores utilizan carta y pluma para expresar, describir, pintar esto o aquello. Sin embargo, no han de menospreciarse las casuales influencias e impresiones procedentes del exterior. De forma inconsciente, al lado de la fantasía musical actúa a menudo, junto con el oído, el ojo; y éste, el órgano siempre activo, entre un sonido y otro retiene firmemente ciertos contornos que con el progresar de la música pueden tomar consistencia y desarrollarse en claras formas».
Así defendía en 1833 Schumann la Sinfonía fantástica de Héctor Berlioz, estrenada tres años antes. Berlioz era de la opinión que Beethoven había marcado un antes y un después en el ámbito de la sinfonía, igual que lo había hecho Shakespeare en el teatro. Los paralelos entre la Sinfonía fantástica y la Pastoral del compositor alemán son evidentes.
Ambas piezas recurren a una arquitectura en cinco movimientos, en contra de los cuatro habituales. Pero, sobre todo, la Sinfonía Nº 6 del compositor alemán podía haber representado para Berlioz un antecedente ilustre de un concepto de música que se justificaba por la presencia de un programa externo. Aquí acaban las similitudes, porque Beethoven -con un pie en el Clasicismo y otro en el Romanticismo- pretendía representar los sentimientos del hombre universal ante la Naturaleza, mientras que el ultrarromántico
Berlioz tenía un propósito declaradamente subjetivo: desahogar en la sinfonía sus obsesiones personales, sus fantasmas interiores, así como su pasión amorosa por la actriz irlandesa Harriet Smithson.
Episodios de la vida de un artista, se titula la Fantástica. El primer movimiento (Ensueños y pasiones) se divide en dos partes, una lenta y otra rápida. Su andadura rapsódica, alejada de los cánones de la forma sonata, pareció a los primeros críticos una monstruosidad desde el punto de vista estructural. Pero Schumann defendió la pieza invocando la necesidad de crear nuevas formas para representar ideas nuevas. El tema con que empieza la segunda parte (Allegro agitato e appassionato assai), en los violines, representa la llamada «idea fija», esto es, un motivo –personificación de la mujer amada– que aparecerá en todos los movimientos de la sinfonía a modo de delicada obsesión.
El segundo movimiento (Un baile) evoca, después de los paisajes interiores del primero, una escena mundana, quizá las circunstancias del primer encuentro real con la mujer. Sobre un arrebatador ritmo de vals, el compositor retrata las luces, la ebriedad de unos movimientos que unen elegancia y vértigo. Aunque las evanescentes sonoridades del comienzo producen una impresión de irrealidad, como si toda la escena no fuera más que una alucinación (no olvidemos que una de las fuentes literarias más queridas por Berlioz eran las Confesiones de un inglés comedor de opio de Thomas De Quincey).
Las atmósferas idílicas y bucólicas del tercer movimiento (Escena en el campo) recuerdan de nuevo a la Pastoral beethoveniana y tienen por protagonistas al oboe y al corno inglés. Hacia el final, los redobles de la percusión anuncian el clima de pesadilla de los dos movimientos últimos. La Marcha al suplicio (el músico sueña que ha matado a su amada y que lo conducen al patíbulo) es, quizá, la música más beethoveniana nunca concebida por Berlioz en términos de dramatismo heroico. Tras quedar descabezado, el artista asiste en el último movimiento a una noche de sabbat. Aquí el talento visionario de Berlioz alcanza el cenit. Citas de melodías gregorianas (el Dies Irae), parodias de la música religiosa, una fuga cuyas voces suenan casi atropelladas, repiques de campana, sonoridades distorsionadas por medio de una instrumentación excéntrica (con desproporcionada presencia de instrumentos graves) dibujan con gran efectividad un cuadro que es «ruidos extraños, gemidos y risotadas».
Todo se sale de la norma y la medida establecidas por la tradición. Olores angelicales y demoníacos no despejan las dudas sobre la suerte final del artista.

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Compartiremos, para saborear esta obra fundamental, una versión de quien es, sin dudas, uno de los mejores intérpretes de Berlioz de los últimos años. Nos referimos al inglés Colin Davis, quien interpreta aquí la Sinfonía fantástica al frente de la Royal Concertgebouw Orchestra, en un disco que se completa con fragmentos de Tristia y de La condenación de Fausto.

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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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