Elcuervolopez y Guido D'Arezzo

>> sábado, 5 de septiembre de 2009



Este post tiene, fundamentalmente, una finalidad: es un homenaje a Elcuervolopez. Y es que en cierta ocasión él mismo comentó, a propósito de un maravilloso post de Ernesto Nosthas sobre las Suites para Orquesta de Bach, y dándole la réplica a Fernando G. Toledo:

«Y el abuelo es Guido D’Arezzo, que sin su

"Ut queant laxis,
Resonare fibbris,
Mira gestorum,
Fámuli tuorum,
Solve polluti,
Labii reatum,
Sancte Ioannes".

vaya uno a saber en qué rumbos andaríamos ahora».


¿Quién fue Guido D’Arezzo y a qué se refería nuestro «imponente blogger» con su comentario?
Guido de Arezzo (Guido d’Arezzo, en italiano) fue un monje benedictino y teórico musical, figura fundamental de la música de la Edad Media.
Nació en Arezzo el año 990, y falleció en Avellano el año 1050.
Perfeccionó la escritura musical con la implementación definitiva de líneas horizontales para la fijación de las alturas de sonido, creando un sistema cercano al que utilizamos en la actualidad, y dejó obsoleta la notación neumática. Finalmente, después de ensayar varios sistemas de líneas horizontales se decidió por el pentagrama griego.
Guido de Arezzo es también el responsable de los nombres de las notas musicales. En la Edad Media, las notas se denominaban por medio de las primeras letras del alfabeto: A, B, C, D, E, F, G (comenzando por la actual nota la).
En aquella época solía cantarse un himno a San Juan Bautista, conocido como Ut queant laxis, y atribuido a Pablo el Diácono, que tenía la particularidad de que cada frase musical empezaba con una nota superior a la que antecedía.


Guido tuvo la idea de emplear la primera sílaba de cada frase para identificar las notas que con ellas se entonaban.
Guido de Arezzo denominó a este sistema de entonación «solmisación», y más tarde se le denominó solfeo, tal y como es conocido en la actualidad.
Posteriormente, en el siglo XVII, Giovanni Battista Doni sustituyó la primera nota UT por DO, pues esta sílaba, por terminar en vocal, se adaptaba mejor al canto.
También mucho más tarde, a finales del siglo XVI, fue introducida por Anselmo de Flandes la séptima nota, que recibió el nombre de SI (de Sancte Ioannes).
Los países adonde no llegaron los músicos latinos siguieron con el antiguo sistema de las letras del alfabeto, tal es el caso de los países anglosajones, Alemania, los países escandinavos, etc.
Y a esto es a lo que creemos que se refería nuestro amigo con su comentario.
Salud, paz y una sonrisa por favor.



Fuentes fundamentales:
· Guido d’Arezzo (2009). En Encyclopædia Britannica, 22 de junio de 2009.
· Guido de Arezzo (2009). En Wikipedia, 22 de junio de 2009.
· Ulrich, M. (1998):
Atlas de música. Tomo I. Madrid: Alianza.

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Ginastera - Cuarteto de cuerdas Nº 1 - Almerares

>> jueves, 3 de septiembre de 2009



El primer triunfo internacional de Ginastera


>>POLA SUÁREZ URTUBEY

Tres cuartetos de cuerdas lleva creados Alberto Ginastera. El primero es de 1948 y fue estrenado al año siguiente por el Cuarteto Mozart en la Asociación Wagneriana de Buenos Aires [...].
Es justamente a partir de 1948 con su Cuarteto de cuerda Nº 1 op. 20; al que seguirán las Pampeanas Nº 2 (para violonchelo y piano) y Nº 3 (para orquesta) y la Sonata para piano o las Variaciones concertantes; cuando el lenguaje de tipo nacionalista de Ginastera inicia su camino hacia rutas más actuales. Se configura, en efecto, un segundo estilo con la adopción de procedimientos fuertemente vigentes en la música occidental europea, en la medida en que la estética nacionalista pierde terreno hasta quedar desdibujada en sus elementos concretos.
[...]
Una breve introducción precede la aparición de los dos temas en forma allegro de sonata del primer movimiento, al cual el autor indica como «violento ed agitato». Son precisamente los elementos de aquella introducción los que generan el primer tema y la coda de ese tiempo. El segundo movimiento, «Vivacissimo», aparece construido sobre la forma de un scherzo en tres partes. Ritmos incisivos y una gran velocidad imprimen ese carácter misterioso tantas veces encontrado en la obra de Ginastera y que el propio compositor señalará como una de las constantes de su producción.
El tercer movimiento lleva la indicación de «Calmo e poetico». Su forma es la de Lied ternario, en tanto que su espíritu se asemeja a un nocturno. Se escucha aquí lo que un estudioso de la obra de Ginastera, el musicólogo norteamericano Gilbert Chase llama el «acorde simbólico», es decir, formado por la afinación natural de las cuerdas de guitarra.
En los compases iniciales, el acorde aparece gradualmente construido a través de sucesivas entradas del violonchelo, viola y segundo violín; mientras el primer violín dibuja una melodía descendente. La inmediata repetición de estos compases iniciales tiene por objeto destacar el papel generador del acorde, el cual, por tanto, determina la armonía de la sección. Una cadencia de violonchelo conduce luego a la segunda parte de este movimiento, cuyo tema proviene del principal, elaborado por aumento. La recapitulación aparece abreviada y concluye con el acorde característico, para esfumarse en pianissimo.
El cuarto movimiento, «Allegramente rustico», acusa la forma de rondó. El primer tema (estribillo) se caracteriza por el empleo en los cuatro instrumentos del intervalo de quinta, generalmente con las cuerdas al aire.
Vale la pena señalar que con este cuarteto el músico argentino logra amplio crédito en Estados Unidos, país íntimamente ligado a su producción a través de sucesivos encargos; testigo asimismo de sus mayores triunfos internacionales.

(Fragmento del texto incluido en el sobre del CD).

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Esta versión, editada por el sello Musidisc en 1995, está interpretada por el argentino Cuarteto Almerares, integrado por Héctor y Francisco Almerares (violines), Guillermo Jakubowicz (viola) y Jorge Almerares (violonchelo).

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Mahler - Sinfonía Nº 7 - Klemperer

>> lunes, 31 de agosto de 2009



Una de las más fascinantes versiones de esta sinfonía de Gustav Mahler, a cargo de su «apóstol amoral»: Otto Klemperer. Con el adagio más lento de toda la discografía y junto a la New Philharmonia Orchestra.
El disco incluye también nada menos que la Sinfonía Nº 2 y el Cuarteto de cuerdas Nº 7, del propio Klemperer, y este último con miembros de la orquesta bajo el nombre de Philharmonia Quartet.

Nota bene: la pista 4 tiene pequeñas fallas, producto de un daño en el CD original, que sin embargo no impiden la apreciación de la lectura de Klemperer.



Gracias, Ricardo

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Ullman - El emperador de la Atlántida - Zagrosek

>> viernes, 28 de agosto de 2009



Viktor Ullmann y la música del Holocausto

El arribo de la barbarie nazi a Alemania, y luego al resto de casi toda Europa, trajo no sólo el sometimiento de los pueblos ocupados durante la guerra, sino el intento de barrer toda manifestación de cultura que no estuviera en consonancia con los principios del pangermanismo racista auspiciado por Adolfo Hitler y la banda de criminales que lo acompañaron en su larga carrera hacia el abismo. La música no escapó a este intento de “depuración” demente, y así se creó el término de «Música degenerada» (Entartete Musik) para designar a toda aquella creación musical contraria a los «valores» nazis, o dicho en otras palabras, todo lo que sonara a judío.
De este modo, la música de verdaderos genios como Mendelssohn, Mahler y Berg dejó de ser interpretada en la Europa ocupada (la última interpretación mahleriana en los territorios ocupados fue la célebre Novena de Mahler, por Bruno Walter, en Viena, pocas semanas antes del Anschluss) , y talentos vivos como Korngold, Schreker, Krasa, Krenek, Zemlinsky, Ullmann, y tantos otros, se vieron obligados a escoger entre el ostracismo o un trágico destino en un campo de concentración.
Viktor Ullmann (Cieszyn, entonces en la Silesia del Imperio Austrohúngaro y hoy en Polonia, 1 de enero de 1898 – Auschwitz, 18 de octubre de 1944) fue un notable pianista y compositor, cuya obra se desempeñó principalmente en Praga. Judío converso, Ullmann comenzó sus primeros estudios musicales en el Gymnasium de Viena, lo cual pronto le acercó a Schönberg y sus apóstoles. Con Schönberg inició el estudio del contrapunto y la orquestación. Posteriormente se traslada a Praga en 1.919, donde comienza a estudiar con Zemlinsky, con cuya corriente se queda definitivamente, y más tarde con Alois Haba. En 1936 ganó el Premio Hertzka por su ópera Der Sturz des Antichrist (op. 9).
Hasta el momento de su deportación, su obra constaba de 41 opus e incluía tres sonatas para piano, dos ciclos de lieder (con textos de varios poetas), una ópera y el Concierto para piano op. 25, que terminó en diciembre de 1939, nueve meses antes de que entraran las tropas nazis en Praga. La mayor parte de estas obras ha desaparecido: los manuscritos se perdieron durante la ocupación alemana.
El 8 de septiembre de 1942 es encerrado en el campo de concentración de Theresienstadt. Theresienstadt era una especie de granja modelo o campo-fachada, una especie de Aldea Potemkin, donde se pretendía dar la imagen internacional de que los campos de concentración nazis eran más bien campos de reeducación y trabajo voluntario, donde se respetaba la dignidad de cualquier ser humano, y así ocultar el horror de los verdaderos campos de exterminio. En Theresienstadt (ó Terezín, en checo), Ullmann llevará a cabo una labor importante como animador cultural, director de orquesta, pedagogo, pianista, crítico y compositor. Su obra más conocida es la ópera Der Kaiser von Atlantis, compuesta y estrenada en 1944 en el mismo campo de Terezín. Esta obra se ha convertido en un símbolo del holocausto.
Finalmente Viktor Ullmann, el 16 de octubre de 1944 fue deportado y trasladado a Auschwitz, donde murió en la cámara de gas el 18 de octubre.

El emperador de la Atlántida
La ópera está compuesta en cuatro escenas, y el libreto es relativamente sencillo, pero perfectamente adaptado. La misma nunca fue interpretada completamente y el hecho de que la partitura haya sobrevivido se considera un milagro. La prémière de la ópera se realizó el 16 de diciembre de 1975, en Amsterdam, bajo un arreglo del director Kerry Woodward, quien la dirigió con la Orquesta de la Opera Holandesa.
La obra está orquestada para una agrupación de cámara, pero incluye instrumentos inusuales como el banjo, la armónica, un saxofón contralto y un clavicordio. Igualmente contemplaba la inclusión de un discurso radial (la voz de Hitler, el parodiado de la obra). Ullmann utiliza el famoso himno coral luterano Ein feste Burg ist unser Gott como una especie de leitmotiv melódico, tal vez parodiando a Wagner, así como un tema de la Sinfonía Asrael de Josef Suk. Igualmente hay similitudes estructurales y en la trama histórica que inevitablemente hacen recordar a la gran ópera de Rimsky-Korsakov El gallo de oro, como veremos más adelante.

La Historia. Sinopsis

Prólogo
El vocero del emperador de Atlántida (barítono), saluda («Hallo, hallo!») y presenta la introducción de la ópera, a la manera del astrólogo en El gallo de oro de Rimsky-Korsakov e indica que en lo sucesivo será el comentarista de la historia.

Escena1
El arlequín (tenor), que simboliza a la vida, y la Muerte (segundo barítono) reflexionan y disertan sobre que cada uno de ellos ha perdido significado en este mundo moderno. Desde la ciudad de Atlantis, el Emperador de Todas Partes (Overall) ha girado órdenes para declarar la guerra perpetua. La joven timbalera imperial, lleva con su tambor un recado a la Muerte para unirse a la causa del Emperador y trabajar para él. La Muerte se indigna y, altamente ofendida, reclama esta conducta grotesca del Emperador, rechaza la oferta, desenvaina su sable y llena de ira lo quiebra en dos.

Escena 2
El Emperador de Todas Partes (primer barítono) imparte iracundo órdenes de batalla telefónicamente desde su palacio. En eso le informan de una extraña situación en las calles de Atlantis y en el frente de batalla, donde mucha gente y muchos soldados,
gravemente heridos, a pesar de eso, empiezan a dejar de morir. La Muerte se ha declarado en huelga perpertua.

Escena 3
Un soldado de Atlantis (segundo tenor) se encuentra en plena batalla con la doncella Bubikopf (soprano), del bando contrario. Sin embargo, no se pueden matar el uno al otro, y en cambio, se enamoran. La timbalera hace presencia e intenta hacer volver al soldado a su frente y de dejar a Bubikopf, pero el soldado se rehusa y se declara en rebeldía.

Escena 4
El Emperador de Todas Partes se encuentra absorbido y separado de la realidad en sus cálculos militares. En ese instante se presenta la Muerte a visitarlo, y el Emperador le reclama que la gente ha dejado de morir. La Muerte le replica que ella no es la causa de las miserias humanas, sino el refugio final para ellas. El Emperador le pide que retome sus labores. La Muerte se rehúsa. Entonces desesperado, el Emperador le suplica. La Muerte finalmente acepta la súplica, pero sólo bajo una condición: si el Emperador acepta ser el primero en morir. El Emperador de entrada rechaza esto, entonces la muerte se cruza de brazos. Finalmente al ver que está acorralado, al Emperador no le queda otra que ceder, y canta su despedida. La ópera finaliza con un cuarteto, y una moraleja final, al igual que en El gallo de oro:

«Du sollst den großen Namen Tod nicht eitel beschwören».
(«Nunca habéis de tomar el Gran nombre de la Muerte en vano»).

Similitudes con El gallo de oro
Para quien conoce bien la Opera de Rimsky, es fácil identificar al introductor y comentarista de Atlantis con el astrólogo de la primera. La vida y tragedia del emperador es comparable a la del Zar Dodon, quien no solo pierde a sus hijos, sino que él mismo muere a manos de la espada del Gallo de Oro. En este caso el gallo representa a la Muerte, quien al igual que la Muerte ullmaniana, finaliza la obra con su inevitable golpe del destino preparado hasta para quien ostenta el mayor de los poderes. Finalmente ambas obras finalizan con una moraleja ejemplarizante. Desconozco si Ullmann llego a escuchar El gallo de oro, de no ser así, las similitudes son escalofriantes.
Der Kaiser von Atlantis es una obra impresionante y una de las grandes óperas del siglo XX, en la tradición expresionista del Wozzeck de Berg, con influencia del lenguaje de Zemlinsky. Sin duda merece ser considerada la obra insignia del todo el horror que significó el Holocausto y de los extremos que puede alcanzar la degeneración de toda una sociedad y de una época. Imprescindible conocerla.
Los créditos:

Kaiser Überall (Emperador): Michael Kraus
Der Lautsprecher (Narrador): Franz Masura
Ein Soldat (Soldado): Martin Petzold
Bubikopf (La Doncella): Christiane Oelze
Der Tod (La Muerte): Walter Berry
Harlekin: Herbert Lippert
Der Trommler (Timbalera): Iris Vermillion
Gewandhausorchester Leipzig
Director: Lothar Zagrosek


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Shostakovich - Sinfonía Nº 4 - Haitink

>> martes, 25 de agosto de 2009



Las sinfonías de Shostakovich de principio. La integral de Haitink:
Cuarta
sinfonía


La Sinfonía Nº 4 en Do menor Op. 43 fue estrenada el 30 de diciembre de 1961 por la Filarmónica de Moscú bajo la dirección de Kirill Kondrashin. Aunque D. Shostakovich preparó la prémière para diciembre de 1936; por diversas circunstancias, esta obra tuvo que esperar 25 años para ser ejecutada por primera vez en público.
A finales de los años 20 y principios de los 30, el joven compositor trabaja en el TRAM (siglas en ruso de Teatro de la Juventud Trabajadora) y tras presentar las «oficialmente» exitosas sinfonías 2ª y 3ª, dedica sus esfuerzos a la composición de música teatral, además de música para películas y piezas incidentales para la escena. Destaca, sobre todo en este periodo, su ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, estrenada el 22 de enero de 1934 en el Teatro Maly de Leningrado. Pese al gran éxito, tanto a nivel popular como oficial, que obtuvo al inicio, Lady Macbeth es protagonista, como veremos, en la particular historia de la Cuarta sinfonía.
Antes de describir esta sinfonía, otra obligada referencia es la amistad que Shostakovich mantuvo con Ivan Ivanovich Sollertinsky, una amistad que duró desde 1927 hasta la muerte de este en 1944. Era Sollertinsky un hombre de una sólida formación humanística y musical, profesor del Conservatorio de Leningrado y director artístico de la Filarmónica de esta ciudad. Gracias a él se introdujo el joven Dmitri en la música de Gustav Mahler y en la fuerte influencia que ésta tuvo en la composición de la Cuarta sinfonía. Efectivamente, estamos ante la más mahleriana de todas las sinfonías de Shostakovich. Por sus requerimientos orquestales (la orquesta ocupa a más de 100 músicos); la gran carga técnica y emocional que la interpretación les exige a éstos; la duración, de más de una hora; la sucesión alterna de melodías de apariencia trivial con otras de profundo calado sentimental; etc.: cantidad de detalles evocan en esta obra al genio austriaco.
Tras abandonar unos bocetos previos, Shostakovich comienza a componer, desde septiembre de 1935 hasta mayo de 1936, una sinfonía destinada a marcar la diferencia con las dos anteriores y recoger las nuevas tendencias musicales que había estado estudiando y desarrollando en el campo de la composición. Como él dijo en una entrevista en 1935: «Lo fácil sería transitar por caminos trillados, pero eso sería indolente, inútil y carente de interés. No temo a las dificultades». No suponía el joven Shostakovich que dificultades, diferentes a las que él se refería, se le presentarían a mitad del periodo de composición de la sinfonía. El 28 de enero de 1936 aparece en Pravda (el periódico oficial del Partido comunista de la Unión Soviética) un editorial sin firma con el título «Embrollo en lugar de música». Dicho artículo ataca fuertemente la ópera Lady Macbeth y su música, recomendando a los teatros de la Unión que la retiraran del cartel. Los rumores apuntaban que el mismo Stalin estaba detrás de esta campaña. Otros dos artículos («Falsedad en el Ballet» el 3 de febrero y «Claridad y simpleza en el lenguaje artístico» el 13 de febrero) acaban de completar el conjunto de acusaciones contra el compositor y su música, a los que tachan de «formalista». Por motivos de espacio no ahondaremos en este primer enfrentamiento entre Shostakovich y el régimen soviético, baste con reflejar el grave inconveniente que esto supuso para el artista y la obra que aquí se comenta.
La estructura musical de la sinfonía tampoco es sencilla de presentar. Dividida en tres movimientos dispuestos de forma simétrica, es decir, primer y tercer movimientos de gran duración (más de 25 minutos cada uno) y un segundo movimiento corto (8 a 10 minutos); un diseño que complica de forma notable los primeros acercamientos del oyente a la obra.
Para incrementar esta dificultad más aun, en el primer movimiento (Allegretto poco moderato – Presto) el autor juega a ocultar la forma sonata típica de los movimientos iniciales de las sinfonías. Pero lo hace al estilo Shostakovich, usándola pero, a la vez, volteando todas las reglas de la forma allegro de sonata. La poca definición de los temas principales, que en todo momento se ven rodeados por los motivos secundarios, dando la sensación de que todo el movimiento es desarrollo, diluyendo la exposición y la recapitulación de los temas principales en una gran cantidad de material secundario. Todo este ejercicio de dominio compositivo hace que el movimiento suene al escuchante más como una fantasía libre que como un movimiento inicial de sinfonía. El segundo movimiento (Moderato – con moto), escrito en forma de rondó, al estilo de un intermezzo mahleriano, dos temas contrapuestos que en algunas de sus variantes recuerdan a algún scherzo de la segunda y, sobre todo, de la Séptima sinfonía del autor de La canción de la Tierra. Si bien Mahler está presente en toda la sinfonía, en ningún lugar lo está tanto como en el principio del tercer movimiento (Largo – Allegro), una mahleriana marcha fúnebre que acaba desembocando en una larga serie de fragmentos rápidos con un amplio rango de estilos; desde lo irónico y absurdo hasta lo profundamente reflexivo pasando por lo despreocupado e incluso, lo ambiguo; pero todos con el común denominador del ritmo bailable, frecuentemente el vals. El final comienza cuando desparece la sensación de baile, recordando la marcha fúnebre en sentido inverso y concluyendo en un pedal de grandísima intensidad emocional. Otro elemento de confusión para el oyente, contra los que opinan que este movimiento es el que más carga sentimental, complejidad y calidad tiene de toda la sinfonía; otros muchos consideran el tercer movimiento como un simple batiburrillo de estilos inconexos.
A pesar del ambiente político represivo que le rodeaba (no hay que olvidar que el primer proceso de Moscú había tenido lugar en agosto de 1936) , Shostakovich continuó con la preparación del estreno de la obra para el 11 de diciembre con la Orquesta Filarmónica de Leningrado y su titular Fritz Stiedry al frente. No se conoce el porqué, los rumores apuntan a la presión ejercida por el partido sobre el gerente de la Filarmónica, pero en un momento de los ensayos, Shostakovich decide suspender el estreno, aduciendo que la partitura no estaba completa. Sea como fuere, esta decisión salvó su carrera, incluso puede que su vida. Tras la desestalinización las autoridades culturales promovieron de forma efusiva la recuperación de la Cuarta sinfonía, para lo cual hubo de recomponerse la partitura (perdida durante la Segunda Guerra Mundial) con las particellas individuales de cada instrumento que se conservaban aún en poder de la Filarmónica de Leningrado.
«Yo no compongo para Pravda, yo compongo para mí mismo», cuentan que gritó Shostakovich, cansado de oír los consejos de los músicos amigos cuando les presentaba la sinfonía y éstos le urgían a retirarla. Por la London Philarmonic Orchestra bajo la dirección de Bernard Haitink, tenemos la oportunidad de escuchar, como si fuéramos el mismo Shostakovich, esta monumental sinfonía, que, a pesar de ser una de las menos ejecutadas, es una de las obras más personales y fascinantes del compositor ruso.

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Saint-Saëns – Sinfonía Nº 3 «Órgano» – Chung (RCO especial 120 años)

>> sábado, 22 de agosto de 2009


Sinfonía Órgano: fruto exquisito del genio de Saint-Saëns

En el nutrido repertorio sinfónico con que contamos los oyentes al día de hoy, tenemos obras que destacan por su innovación, por su perfección formal, por su heterogeneidad. Hay otras, en cambio, brillan tan sólo, y nada menos que, por su belleza. La Tercera Sinfonía de Camille Saint-Saëns exhibe las credenciales como para destacar por cualquiera de las dos primeras variables, pero sin lugar a dudas, sobresale por la última de ellas. Es una demostración de un genio, el francés, que, inmerso en el período romántico, tenía capacidad como para, sin desentonar con las obras de un Liszt o un Berlioz, entroncar también con la tradición de las formas racionalistas del clasicismo.
Esta Tercera Sinfonía (que en realidad fue su quinta obra sinfónica) es un buen ejemplo. Una obra que desborda lirismo y pulcritud formal, pero también se atreve a incorporar un instrumento majestuoso como el órgano para sumarlo al cuerpo orquestal no como en un concierto solista, sino al grupo normal de la partitura (algo similar haría después Mahler con sus Segunda y en especial Octava sinfonías).
En esta versión, el director coreano Myung-Whun Chung (destacado intérprete de autores franceses como Duruflé, Fauré o Messian, un compositor, este último, que escribió gran parte de su obra para órgano), conduce a la magistral Royal Concertgebouw Orchestra en un concierto del 16 de octubre de 2005, con Leo van Doeselaar en el órgano.
Esta toma en vivo, a cargo de Avro y producida por la Radio 4 holandesa, es otro de los registros que la agrupación de Amsterdam ofreció como regalos a los oyentes en el festejo de su 120º aniversario.
La presente entrega ha sido preparada para esta descarga con los cortes entre movimientos (a diferencia de la descarga original), e incluye las portadas diseñadas por la RCO. A continuación, se ofrece el texto del sobre interno, en traducción de mi autoría:

«El muchacho lo sabe todo, y su única carencia es la falta de experiencia», fue el dictamen de Hector Berlioz sobre su colega y protegido de 32 años, Camille Saint-Saëns (1835-1921). El propio Saint-Saëns decía que la composición le venía de manera natural: «Produzco música del mismo modo que un manzanero produce manzanas». Tenía 14 años cuando murió Chopin y 78 cuando asistió al estreno de La consagración de la primavera, de Stravinsky. Además de la música, Saint-Saëns abarcaba otras ocupaciones, como la astronomía, la arqueología y la filosofía, y los artículos que escribió sobre estos temas son altamente valorados por los profesionales de esos campos. También publicó obras de teatro y colecciones de poemas. Saint-Saëns sentía una gran admiración por Franz Liszt, sentimiento que era recíproco. Después de escuchar a Saint-Saëns improvisar en el órgano, Liszt lo bautizó como el más grande organista del mundo. Saint-Saëns, en respuesta, organizó conciertos en los que dirigió obras de Liszt.
En 1886, el mismo año en que escribió El carnaval de los animales, Saint-Saëns compuso su tercera sinfonía (en realidad era la quinta, pero él consideraba sus dos sinfonías de juventud como meras piezas de estudio. Al igual que César Franck, que compuso su sinfonía en 1886, Saint-Saëns hizo uso de una técnica cíclica: ciertas melodías y pequeños motivos son escuchados en cada movimiento, creando una unidad a gran escala entre ellos. Una de característica distingue a esta sinfonía, y es que el órgano se transforma en un instrumento de la orquesta, y de ahí que se la conozca como «Sinfonía Órgano». Saint-Saëns dedicó la composición a la memoria de Franz Liszt, quien había muerto en 1886.
En 1977, Yvonne Keely se mantuvo por 17 semanas en el top 40 con la canción If I had the words, que está basada en el último movimiento de la Sinfonía Órgano de Saint-Saëns.


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Lalo - Sinfonía en sol menor y otras obras - Butt

>> miércoles, 19 de agosto de 2009


Una de las grandes sinfonías francesas

>>ROBERT MAYCOCK
Traducción de Fernando G. Toledo

La Sinfonía en Sol menor (de Edouard Lalo), fechada entre 1885 y 1886, aparece justo junto a las obras que dan comienzo la gran tradición sinfónica francesa: la Nº 3 de Saint-Saëns, la de Franck en Re menor, la Sinfonía sobre una canción montañesa de Francia, de D’Indy. Sin embargo, se mantiene al margen de ellas, al elegir una firme base clásica en lugar de un estilo liszteano y una constante metamorfosis de sus temas. Cuando aparecen las referencias temáticas cruzadas entre los movimientos, éstas son literales y formales, no evolucionadas. Hay un distintivo y sabroso carácter armónico, en parte para suplir un sentido de tensión que el desarrollo sinfónico no produce por su propia cuenta, apelando gradualmente también a típicos movimientos inesperados (nótense las conclusiones del scherzo y del finale). Pero como supo reconocer Thomas Beecham –quien la dirigió con frecuencia– los verdaderos secretos de la obra son el ritmo, el color y la calidez melódica.

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Se incluyen también otras tres obras del gran Edouard Lalo: la obertura El rey de Ys, el Scherzo en Re menor y la Rapsodia Noruega, en todos los casos por la Royal Philharmonic Orchestra (precisamente, fundada por Beecham) dirigida por Yondani Butt.


Gracias, Ricardo



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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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