Mahler - Sinfonía Nº 6 - Mehta (en vivo en Chile)

>> miércoles, 29 de julio de 2009




>>CORSARIO BUENO

Recuerdo una 6ª de Gustav Mahler por Izquierdo y la Filarmónica de Santiago allá por 1985, otra de Rettig unos años después con la Sinfónica de Chile (¡qué gran lectura de Rettig!) y Maximiano Valdés, nuevamente con la Filarmónica, ya pasado el año 2000. Esta de Zubin Mehta con la Filarmónica de Israel se llevó a efecto en concierto privado el 15 de agosto de 2005 en el Teatro Municipal de Santiago. No hubo grabación oficial, así que éste es el único documento del acontecimiento.
La cosa tenía su morbo: las 1.500 localidades del Municipal estaban copadas con invitados y con policía israelí. Logré camuflar mi fiel MP3 Sony y pude captar con sorprendente fidelidad una lectura extraordinaria de la Sexta, quizá un punto más fogosa que la lectura en disco con los mismos intérpretes en el sello Teldec.
La lectura de Mehta tiene varios puntos destacables: impecable sentido rítmico, agresividad, una construcción que solamente los grandes logran en el pesadillesco final. Por otra parte, sigue la tendencia, ahora muy de moda, de situar el Andante en segundo lugar (habría sido la intención última de Mahler). Creo que lo más destacable de Mehta fue su Scherzo y su apabullante Final. El resto a gran altura, pese a patinazos ocasionales. Mehta en Mahler es de los directores más sólidos en la actualidad, no es Haitink, pero en este repertorio a mí me gusta más que Abbado.

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Este enlace de descarga incluye las portadas originales preparadas por Corsario Bueno y otras alternativas, cortesía de Oído Fino. A diferencia del registro ofrecido por Corsario, éste no incluye los himnos de Chile e Israel.

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Mahler - Sinfonía Nº 5 - Farberman

>> lunes, 27 de julio de 2009


La original Quinta de Mahler por Farberman


Cuando el sello Vox rescató hace unos años una serie de grabaciones mahlerianas del director y compositor estadounidense Harold Farberman, el relanzamiento permitió a muchos descubrir a un conductor tan talentoso y personal que explica la razón de esa reedición pero no el por qué de tanto olvido.
Farberman, formado como percusionista, inició un ciclo de sinfonías de Gustav Mahler que quedó finalmente inconcluso, pero lo que alcanzó a ofrecer fue fascinante: las sinfonías 1, 4, 5 y 6 (con una vigorosa London Symphony Orchestra) y la sinfonía 2 (con la Royal Philharmonic). Luego, avanzaría un paso más en Mahler para grabar la primera versión discográfica de la Sinfonía Nº 10 completada por Clinton Carpenter [ver aquí].
El recorrido por lo mejor de la discografía de Mahler será motivo de una serie de artículos en este blog que comenzarán a aparecer pronto, pero mientras tanto es bueno anticipar una de las más fascinantes versiones: la de la Sinfonía Nº 5, editada en 1980.
Notable por la amplitud de sus tiempos (en la misma veta de Barbirolli y la versión que haría poco después Bernstein con la Filarmónica de Viena), esta Quinta desborda de novedades, y hasta algunas concesiones polémicas. Nada de ello quita su poder: dos primeros movimientos que exprimen al máximo los pliegues de la partitura, un Scherzo que es el más largo hasta hoy grabado, un Adagietto tan romántico como el que más, y un moderno Rondó final que parece un estallido no ya de alegría, sino de orgullo, de vitalidad.
Vale decir que el sonido de la edición de Vox está bastante por debajo del nivel de la lectura. Sobre todo porque tiende a apagar la potencia de Farberman (hay que subir el volumen un poco más de la cuenta para apreciar correctamente la interpretación). Pero incluso ante eso este Mahler de Farberman (que cuenta con admiradores como el prestigioso mahleriano español José Luis Pérez de Arteaga), un Mahler innovador y personal, es capaz de brillar en plenitud y hacernos lamentar de que no haya avanzado más en el ciclo sinfónico del compositor austríaco.


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Schubert - Sinfonía Nº 8 «Inconclusa» - Harnoncourt (RCO edición especial)

>> domingo, 26 de julio de 2009


Harnoncourt: Schubert en Amsterdam

Nikolaus Harnoncourt es, dicen, de esos directores a los que se los ama o se los odia. No me cuento entre ninguno de los dos bandos: de él tengo oída la mejor Novena de Beethoven, nada menos que una obra en la que la competencia es abrumadora. Con la Chamber Orchestra of Europe, y en una particular «versión intermedia» de su enfoque «historicista», el músico redujo el número de cuerdas y mantuvo los instrumentos modernos, ofreciendo una reveladora sonoridad de esa obra maestra, de las más excelsas jamás compuestas.
Otro tanto puede decirse de su Bruckner con la Filarmónica de Viena (estoy pensando en la Séptima, pero también en la Quinta y la Novena): el director alemán ocupa el podio como un hilandera que saca lo más sedoso de la célebre orquesta para una versión de tal lejano lirismo que aunque resulta apasionante conviene oírla después de algún otro registro de referencia.
Harnoncourt grabó con la Royal Concertgebouw Orchestra de Amsterdam una integral de las sinfonías de Schubert que no he tenido la suerte de oír. Sí puedo decir que el conductor eligió las partituras originales (sin correcciones) y en esa línea, sin instrumentos «de época» sino con esta monumental orquesta moderna, ofreció versiones que buscaban ser lo más fieles posibles a lo que se supone eran las intenciones del compositor.
La presente versión de la Sinfonía Nº 8 «Inconclusa», ofrecida por la RCO como parte de los regalos por su 120º aniversario, es una toma en vivo de 1997, más o menos la época en que se realizaron algunas grabaciones de la integral publicada por el sello Teldec.
El resultado es muy particular. Primero, no puede decirse que el sonido sea perfecto: el público parece haber querido responder con toses y carraspeos a la orquesta en todo momento (¿será la época del año?). Segundo, la lectura de Harnoncourt es tremendamente particular y ni siquiera la orquesta parece cómoda al tocarla. Ello hace que excepto en algunos momentos (en especial del segundo movimiento), la maquinaria comience encajar de a poco, hasta concluir, ya avanzada la obra, en una inspirada y novedosa versión, que ilumina aspectos desconocidos en lecturas más convencionales.
Para amar, odiar o simplemente seguir con interés los caminos de este gran conductor, sírvase entonces esta grabación de la «Inconclusa», que se presenta aquí con los cortes en los tracks y la eliminación del murmullo, los estornudos y las carrasperas de las pausas.

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Rachmaninov - Concierto para piano Nº 2 - Ashkenazy - Previn

>> sábado, 25 de julio de 2009



Homenaje a Gabriel El Cuervo López,
a un mes de su muerte. Una obra maestra de su compositor preferido, y en la versión que más apreciaba: Vladimir Ashkenazy con la London Symphony Orchestra, dirigida por André Previn.


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Shostakovich - Sinfonía Nº 1 - Haitink

>> viernes, 24 de julio de 2009


Las sinfonías de Shostakovich de principio a fin.
La integral de Haitink:
Primera sinfonía



La Sinfonía Nº 1 en Fa menor Op. 10 de Shostakovich, escrita en el curso 1924-25, fue estrenada el 12 de mayo de 1926 en San Petersburgo por Nikolai Malko dirigiendo la Filarmónica de Leningrado.
Dmitri Dmítrievich Shostakóvich nació en San Petersburgo (Rusia) el 25 de septiembre de 1906 en el seno de una familia de cierto nivel intelectual, comenzó a recibir lecciones de piano de su madre, revelándose muy pronto un niño prodigio, tanto como pianista como compositor. A los 13 años ingresó en el Conservatorio de su ciudad natal, a la sazón dirigido por Alexánder Glazunov, quien avaló la carrera académica del joven músico. Tuvo como profesores entre otros a: Nicolayev (piano), Sokolov (contrapunto y fuga) y Steinberg (composición). Buen estudiante; solo suspendió la asignatura de «Metodología marxista». Su ejercicio de graduación fue una sinfonía: Su primera sinfonía en Fa menor.
Se estrenó cuando Shostakovich contaba con 19 años de edad, y constituyó un tremendo éxito, mostrando lo mucho que el jovencísimo compositor tenía que decir en la música; a la vez que los medios culturales oficiales de la república, exultantes, creían haber encontrado al primer gran autor musical de la nueva Rusia soviética.
Manejando con viveza extraordinaria tanto el drama y la tragedia, como la más fina sátira, la obra se presenta en cuatro movimientos, ejecutándose los dos últimos sin interrupción. En el primero (Allegretto - Allegro non troppo) se desarrolla desde el Allegretto partiendo del diálogo entre fagotes y trompetas hasta desembocar en una jovial marcha entrando de esta manera en el segundo tema a destacar: un vals con motivos que se podrán oír en posteriores composiciones. El segundo movimiento (Allegro) comienza con un frenético scherzo que da paso al piano que ejecuta rápidas escalas antes de llegar a melodías algo mas sombrías; el fagot nos devuelve al motivo (allegro) inicial mientras el piano y los violines inician los acordes finales rodeados por el fondo de los vientos-madera, cuerdas y triángulo.
Con un solo de oboe, algo lúgubre, comienza el tercer movimiento (Lento) que con el soporte continuo de las cuerdas en pianissimo, desemboca en un redoble de tambor que nos introduce con el ultimo movimiento de la sinfonía (Allegro molto - Lento - Allegro molto). Tras un oscuro pasaje de las cuerdas se entra en una melodía muy rápida del clarinete y la cuerdas que va in crescendo hasta alcanzar un furioso clímax, descendiendo después a una calma interrumpida por un fortísimo solo de timbal que nos encamina hacia la coda final, en el que la sección de metales compone fanfarrias sobre los crecientes y virtuosos motivos de las cuerdas.
Cuarenta y cuatro años antes y en la misma sala, había tenido lugar la premiere de la 1ª Sinfonía de Glazunov, cuando éste tenía una edad de 16 años. El paralelismo no tardó en presentarse, los críticos comenzaron a buscar similitudes entre las obras de ambos. Dado el puesto de mentor que ostentaba Glazunov, muchos buscaban en la música del recién graduado alguna referencia hacia el músico consagrado. Nada más lejos de la realidad. Mientras la obra de Glazunov era afín a las de sus predecesores nacionalistas, incidiendo en los procedimientos musicales de compositores como Borodin o, sobre todo, Rimsky-Korsakov; Shostakovich, por su parte mostraba una enorme cantidad de recursos propios, revelando una importante deuda hacia la más pura tradición sinfónica rusa.
El manejo que hace el autor de los elementos orquestales, expresan una maestría inusual en una persona de su edad. Aunque Shostakovich conoció tarde el trabajo de Igor Stravinsky (debido al carácter excesivamente academicista del Conservatorio), la primera parte de la obra se nota claramente influenciada por la música del autor de La consagración de la primavera. Algunos entendidos señalan el ballet Petrushka como responsable del tono algo satírico de esta mitad de la sinfonía. Es destacable que el concepto de seres humanos con la libertad coartada por el conductismo y la ingeniería del comportamiento era un tema ampliamente manejado en la época. Pero al entrar en el tercer movimiento Shostakovich cambia de forma sorprendentemente radical el tono de la sinfonía, llevándonos sin aviso previo, desde lo satírico a lo trágico, y virando la influencia estilística desde Stravinsky al pleno sinfonismo de Tchaikovsky y Mahler, demostrando en su escritura una sorprendente profundidad.
La duración de la pieza es de aproximadamente de 30 o 35 minutos. La obra , pese a ser menor dentro del grandioso corpus sinfónico del autor, se suele interpretar con cierta regularidad. En cuanto a grabaciones, la mayoría suelen ser parte de integrales grabadas por un director. Tal es el caso del enlace que proponemos: corresponde a la versión de la integral de Bernard Haitink con la London Philharmonic Orchestra, la cual nos proponemos completar en siguientes entregas.

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Brahms - Sinfonía Nº 2 - Karajan

>> miércoles, 22 de julio de 2009



La presentación de la Sinfonía Nº 2 de Johannes Brahms, a cargo de Ernesto Nosthas, dejó bien en claro no sólo el valor y la belleza de esta obra, sino que la versión preferida por nuestro comentarista es la que grabó su director favorito: Herbert von Karajan.
Para no aplazarle el disfrute de esta lectura a quienes no la conocen, aquí llega esta Segunda de Brahms por el director austríaco, al frente de la Berliner Philharmoniker.

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Brahms - Sinfonía Nº 2 (dos versiones)

>> martes, 21 de julio de 2009



La Segunda de Brahms

La semana pasada tuvo lugar en la capital de El Salvador, San Salvador (cuidad en donde resido), el séptimo concierto de la Temporada 2009, en cuyo programa se incluyó bajo dirección de Irving Ramírez la Segunda sinfonía de Johannes Brahms, una obra que pertenece al grupo de mis obras favoritas, y para la cual mi máximo ideal son las lecturas que nos legó el maestro Herbert von Karajan.
Al maestro Karajan celebramos en el centenario de nacimiento el año pasado y su vigésimo aniversario luctuoso recién recordamos hace sólo cuatro días, para lo cual aprovecho para invitar al lector a visitar mi artículo sobre la vida del maestro Karajan y su sobredimensionada vinculación nazista en el blog de elcuervolopez.
El concierto de San Salvador fue, en mi calificación personal, uno de los mejores que se han tenido de la temporada y con una obra que no es nada fácil de interpretar, particularmente en su amplia variedad de imágenes sonoras que se pintan en su partitura, que evolucionan de imágenes líricas y bucólicas en sus dos primeros movimientos hasta las visiones más fuertes y dinámicas que se incluyen en el último movimiento. Por ello la invitación de Fernando es más que oportuna para visitar esta obra.
La génesis de esta obra maestra es muy particular… Fue concebida durante el verano de 1877 en los Alpes austríacos, tomó menos de tres meses su composición y fue estrenada al final de ese mismo año, con Hans Richter dirigiendo la Filarmónica de Viena. Lo que demandó es casi escandalosamente breve, si tomamos como base los 15 años que le tomó a Brahms escribir la Primera sinfonía. Los contrastes además son muy notables… de lo sombrío y dramático (enfatizado sobre todo por la clave de la Primera: Do menor) al espíritu alegre y bucólico que se respira en esta Segunda sinfonía.
Me gustan sobremanera la forma en que el primer tema es expuesto en el primer movimiento entre los chelos, bajos y luego es pasado a los cornos, para luego presentarse en su forma principal desde una evolución inicial en las maderas que concluye en un fortísimo en pleno. El movimiento entero está básicamente construido a partir de las exposiciones, variaciones y reiteraciones de este primer tema, en contraste con un segundo tema en Fa sostenido menor expuesto hacia los cuatro minutos de iniciada la obra.
El segundo movimiento expresa la parte más sombría de toda obra, pero para nada es comparable de los abismos dramáticos a los que se llega en la Primera sinfonía. La tensión de los registros bajos de la orquesta (particularmente en los chelos y fagotes) deja sin embargo, momentos en los cuales Brahms introduce variaciones bellísimas en los violines y las maderas: la sensación general es como que si se nos quiere evocar el cielo en el atardecer de verano en los Alpes… a veces nublado, con retazos de sol, pero aun en ello, se brinda al escucha una notable sensación de paz interior.
En este movimiento, así como en el resto de la obra, Brahms alterna evoluciones drásticas de compás: en esta sección de la obra, los cambios van de un 4/4 hacia un 12/8 a la mitad con una sección mixta que evoluciona nuevamente hasta 12/8 en la parte final… un poco fuera de lo común para un movimiento lento, sin embargo, nos anticipa el frenesí del movimiento final.
El tercer movimiento es una simpática construcción de ritmos danzantes, los cuales son presentados de forma muy simplificada y con una orquestación más básica… los bronces casi desaparecen de la paleta, dando énfasis a los violines y los registros altos de las maderas, en particular de las flautas. Su desarrollo me recuerda lo etéreo de la Segunda Suite para Orquesta de Bach.
En este contexto, el Finale rebosa entusiasmo y luminosidad, tiene elementos que nos recuerdan la energía del último movimiento de la Séptima sinfonía de Beethoven, con notables cambios de ritmos y un frenesí incontenible en la que los grupos instrumentales compiten por ser protagonistas, incluso con superposiciones temáticas. En ello, la construcción general alienta el entusiasmo e introduce «frenazos» notables en pro de accelerandos delirantes que subrayan la intensidad de los temas hacia una explosión final que cada vez me hace saltar del asiento, cuando la escucho.
Aquí tendrán dos oportunidades de apreciar esta obra (ambas en registros en vivo), una, de gran valor histórico corresponde a la Colección Especial de la Royal Concertgebouw de Amsterdam (fruto de la colección de don Fernando), la mejor orquesta del mundo según el polémico ranking de la Gramophone, de la mano de su director actual, el letón Mariss Jansons; y una segunda grabación (con todo mi aprecio desde mi colección personal) en la onda de «instrumentos de la época» con John Eliot Gairdner y su orquesta de especialistas del Siglo XVIII (la Orquesta Revolucionaria y Romántica), que en su edición original trae en oferta varias obras poco conocidas de Brahms y Schubert de ribete.
No quiero prejuzgar al auditorio, pero sigo con mi ideal en Karajan, para lo cual recomiendo visitar a nuestro querido amigo elcuervolopez para obtenerlas. Otra integral para comparar, el espléndido ciclo que nos dejo Celibidache con la Orquesta de la Radio de Stugttgart, pero… dejemos algo para otros post futuros.
Jansons me parece que no es capaz de hacer el contraste entre el inicio bucólico de la obra y su tempestuoso final, mantiene casi un mismo tono, timbre y énfasis en toda la obra, lo cual no contribuye a expresar todo lo que la obra nos ofrece. En el otro extremo, la lectura de Gardiner es más impulsiva e intensa, pero en ello atropella algunos momentos de la belleza del primer movimiento y los matices del segundo, sin embargo… ¡por Dios que su Finale me hace saltar del asiento! Comparen con el Maestro Karajan y de paso visiten a elcuervolopez. Hasta la próxima.


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Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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