Wagner - El anillo del nibelungo (1/5)

>> martes, 20 de julio de 2010




Para Mari Carmen, con mucho cariño



Festival de Bayreuth


Todos los años, desde 1876, al llegar estas fechas los melómanos wagnerianos, cuyo número crece de año en año, volvemos nuestra mirada hacia «La sagrada colina verde», para festejar el recuerdo de Richard Wagner en el Festival de Bayreuth.
Durante los últimos días del mes de julio y casi todos los del mes de agosto el peregrinaje es multitudinario. Cada vez más emisoras de radio de todo el mundo conectan con la Emisora de la Radiodifusión de Baviera para retransmitir radiofónicamente, y en directo, lo más granado del Festival.
Éste fue concebido por el propio compositor para mostrar sus obras en general, y El anillo del nibelungo, en particular. Financiado en sus comienzos por Luis II de Baviera, las obras de construcción del teatro, diseñado por Gottfried Semper, comenzaron en enero de 1874, fue inaugurado dos años después, en 1876, y desde el principio se convirtió en un gran acontecimiento sociocultural.
Por allí pasaron las grandes personalidades políticas, intelectuales, y, sobre todo, los más grandes compositores del momento, Bruckner, Grieg, Tchaikovski, Saint-Saëns, Liszt... Artísticamente fue un éxito rotundo pero económicamente fracasó. Desde sus primeros tiempos estuvo asistido por los directores de orquesta más afamados, Hans Richter, Hermann Levi, Felix Mottl, Karl Elmendorff, Hermann Abendroth...



Después de la nefanda Segunda Guerra Mundial el Festival renació en lo que dio en llamarse el «Nuevo Bayreuth», un movimiento artístico revolucionario en diversos aspectos. La dirección artística y escénica corrió a cargo de Wieland Wagner y el director gerente fue Wolfgang Wagner, ambos nietos del compositor.



Los diseños minimalistas y transparentes, en sustitución de los románticos, y pesados y naturalistas, marcaron tendencia para todos los teatros de ópera del mundo, a pesar de las primeras críticas. Abandonando los rancios elementos históricos y germánicos, las obras de Wagner se universalizaron.
Y, sobre todo, aquel período fue también el más áureo en los aspectos musicales, la dirección musical que abanderaba Knappertsbusch, se reforzó con otros grandes directores como Cluytens, Jochum, Keilberth, Krauss, Sawallisch, Kempe, Herbert von Karajan, Karl Böhm,... Y, por supuesto, cantantes de gargantas doradas, entre las sopranos, Brouwenstijn, Crespin, Grümmer, Mödl, Nilsson, Rysanek, Silja, Varnay…, entre las contraltos, Madeira, Malaniuk, Milinkovic, Schärtel…, entre los tenores, Konya, Stolze, Traxel, Vinay, Windgassen…, entre los barítonos Adam, Fischer-Dieskau, Hotter, London, Neidlinger, Schmitt-Walter, Uhde, Waechter…, y entre los bajos, Greindl, Mill, Weber… Y ni podemos ni queremos olvidarnos del gran director de coros que fue Wilhelm Pitz.
En 1973, y después de una grave crisis familia de los Wagner, se creó la Fundación Richard Wagner, que compartía las responsabilidades entre la familia y el estado alemán. El Festival se orientó hacia el «Werkstatt Bayreuth» («El taller de Bayreuth»), un laboratorio de ópera, donde Patrice Chéreau triunfó en escena con Pierre Boulez en el podio. Actualmente el abanderado musical, y con resultados bastante buenos, es Christian Thielemann.

El anillo del nibelungo: La génesis de una obra superlativa


Richard Wagner, en su búsqueda del arte total, en el que la músicas se sometía a la trama y en contra de la estructura tradicional de la ópera como una serie de arias separadas que obligan al texto a someterse, inicia en 1848 la confección del libreto de La muerte de Sigfrido, un festival escénico basado en el poema germano del siglo XII El cantar de los nibelungos. Dicho poema, redescubierto en 1755, había sido impulsado por los románticos pan-germánicos como la epopeya nacional alemana.



Wagner sintió la necesidad de ampliar la información necesaria para una mejor comprensión de su obra, por lo que decide escribir el libreto de una ópera previa: El joven Sigfrido. Y una vez acabada ésta, toma la decisión de expandir el ciclo a cuatro óperas, para, a semejanza de los dramas griegos antiguos, ser representados en cuatro noches consecutivas. Esto tenía lugar en 1851, para febrero de 1853 el texto de las cuatro obras (la citada más El oro del Rin, La valquiria y El ocaso de los dioses) ya fue publicado a efectos de confeccionar las partituras musicales, que comienza en noviembre de dicho año.
La composición musical se realizó, al contrario que los libretos, en el orden que debían representarse las óperas y se alargó durante 23 años, siendo significativo el lapso de 12 años entre el segundo y tercer acto de Sigfrido (nombre final para El joven Sigfrido), tiempo en el que Wagner compuso Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Núremberg. En 1876, el ciclo completo de El anillo del nibelungo fue estrenado en su formato definitivo y con los nombres finales de las óperas, es decir: un prólogo (El oro del Rin) y tres jornadas (La Valquiria; Sigfrido y El ocaso de los dioses).

La venganza de la Naturaleza


Uniendo elementos de de diversos mitos y leyendas del folclor de los pueblos nórdicos creó Wagner la historia relatada en el Anillo. Juntando los Edda de la antigua mitología escandinava, las sagas germánicas, la Saga Volsunga y la Saga de Thidreks, con tramas de conocidos cuentos como El gato con botas, Juan sin miedo o La bella durmiente, construyó una trama coherente en que se refleja la relación entre dioses, héroes y otros varios personajes mitológicos, los cuales luchan durante tres generaciones alrededor de la posesión de un anillo, forjado por el nibelungo con el oro del Rin, el cual otorga el poder absoluto sobre el mundo entero a cambio de la renuncia al amor.



El ciclo comienza presentando un estado natural de las cosas: el tema de la Naturaleza que va tornándose en el tema del Rin, símil de la vida, que fluye eternamente y es también eterno escenario donde se desarrollan los hechos. Este «estado natural», que es el sueño de Erda (La Tierra), abarca un mundo organizado en tres niveles. En lo profundo moran los nibelungos, los enanos deformes carentes de sentimientos, cuya ocupación es realizar trabajos artesanos. En la superficie, el inmenso bosque eterno que rodea el Rin y que junto a este son principio y final de todas las cosas. Es en esta «tierra media» donde conviven los diferentes seres de la narración: héroes, tribus de estirpes arcaicas (welsungos, gibichungos, etc.) con nornas y gigantes. Finalmente, en el estrato superior, en la inalcanzable cima de las montañas, viven los dioses, los señores del mundo. Un panteón de representantes de las diferentes virtudes y potestades, liderados por Wotan, el cual posee el valor, la voluntad y la autoridad.
La armonía del estado natural se basa en el poder del pacto, grabado con caracteres rúnicos en la lanza de Wotan, lanza lograda mediante un acto de fuerza y una renuncia con la Naturaleza. Para fabricar la lanza, Wotan arrebató una rama al «fresno del mundo», donde las nornas tejen los hilos del destino, y hubo de renunciar al ojo izquierdo (que perdió al arrancar la rama), perdiendo a la vez la perfección física que caracteriza a los dioses.
Alberich, el rey de los nibelungos, siempre descontento con la naturaleza de su ser y envidioso de los placeres y la belleza que no puede sentir, asciende desde su mundo de la oscuridad hasta las profundidades del Rin. Allí encuentra el oro y, aunque es advertido por las hijas del Rin, lo roba para fabricar el anillo que le permitirá imponer el estado de terror que le convertirá en dueño de todo cuanto quisiera. Con este acto, el robo del oro, da inicio de la historia referida en El anillo del nibelungo, los diferentes relatos confluyen al final del ciclo en el caos, en el estado de completo desorden al que pone fin Brünnhilde, la valquiria convertida ya en mujer mortal y vuelta del estado hipnótico en el que estaba sumida. Mediante una nueva renuncia – al poder, a la propiedad – reúne la fortaleza necesaria, la sagrada fuerza que le permite romper los lazos que atan al mundo y desencadenar los elementos de su exterminación. Así acaba el ciclo, con la llamada «escena de la inmolación», en la pira donde son destruidos los dioses y su impresionante palacio, el Valhala, y donde también la heroína se auto inmola tras devolver el anillo al Rin. Mediante esta catástrofe se consuma la venganza de Erda (La Tierra, La Naturaleza) sobre el envilecido orden que los dioses trajeron al mundo.


La melodía sin fin

Pero la primera apreciación que hace quien busque acercarse a la tetralogía wagneriana es su extensa longitud, una obra que de representarse continuada duraría entre 15 y 17 horas. Aun mas, la división en que se estructura es de grandes dimensiones, óperas que superan las cuatro horas, salvo El oro del Rin, que dura aproximadamente dos horas y media, pero sin ninguna interrupción. Sin embargo, aquel que lo haga –acercarse al ciclo sin prejuicios– quedará atrapado por la incomparable belleza de su música, de forma que para un degustador de la obra del compositor de Leipzig las horas se reducen de forma drástica, en aplicación de la relatividad del tiempo.
Para la composición del Anillo, Wagner decidió adoptar un formato de estructura incluyente, es decir, cada unidad de acción (literalmente, desde el izado del telón hasta su caída) sería una canción única sin interrupciones, una melodía continua. Mediante el uso de los leitmotiv, fragmentos musicales que quedan ligados a un personaje, un objeto, una acción y que incluso retratan conceptos abstractos como emociones o sentimientos, en fin, cualquier tema citado en el libreto o presentado en escena.
No fue Wagner el primero en usar los leitmotiv, pero es en El anillo del nibelungo donde esta técnica alcanza su máxima expresión ya que componen su armazón melódico. Hay un número considerable de leitmotiv repartidos por el Anillo y muchos de ellos aparecen en más de una ópera del ciclo, alguno incluso en todas. A medida que avanza la partitura estos motivos y sus relaciones con otros se van haciendo más complejos, Wagner emplea con los leitmotiv un desarrollo dinámico para convertirlos, tras múltiples transformaciones, en otros, cuyo significado es diferentes e incluso contrapuestos al original. A este respecto recomendamos la audición de la obra de Deryck Cooke, que provee de una muy interesante explicación acerca de este tema.
Finalmente, destacar los temas que caracterizan la música de Wagner, especialmente a partir de la composición de la tetralogía; por un lado, el uso de una gran fuerza orquestal, uno de los motivos que le llevaron a la construcción del Festspielhaus de Bayreuth, levantado especialmente para que la voz de los cantantes no fuera tapada por el sonido de la orquesta, llegando incluso a diseñar instrumentos especiales (la tuba wagneriana, el trombón contrabajo, etc.) para ocupar espacios sonoros entre instrumentos ya existentes.
La otra gran característica es la reducción a mínimos del sistema tonal tradicional, manipulando las tonalidades de tal forma que no puede afirmarse que la música esté escrita bajo una clave musical determinada. Esto último, sumado al uso libre de disonancias, hacen de Wagner un precursor de la ruptura musical llevada a cabo por Arnold Schönberg.
El único interés de los dos amigos que les invitan a este homenaje es el expresarles y comunicarles su afición por esta muestra de arte total que es El anillo del nibelungo, la gran Tetralogía de Wagner.
Y para facilitar el acercamiento a esta magna obra de la cultura musical aquí les dejamos la Introducción a El anillo del nibelungo de Deryck Cooke, apoyada en sus ejemplos musicales en la magna versión que George Solti hiciera entre 1958 y 1965 para Decca. Aportamos dos versiones, las relatadas en inglés por el propio Deryck Cooke, y en español por Luis Ignacio González.

En inglés:
En español:


Recomendamos muy encarecidamente consultar el folleto de la versión en inglés, mucho mejor que el de la versión en español, por venir profusamente ilustrado con las partituras de los motivos musicales aludidos.

Por radio
Radio Clásica, de Radio Nacional de España, retransmitirá, un año más, entre otras óperas de Wagner su Tetralogía íntegra, en directo y desde Bayreuth, entre los días 27 de julio y 1 de agosto próximos (atención a los desfases horarios entre España y los demás países).
En esos mismos días, a partir del martes 27 de julio, volveremos aquí con sendos posts sobre el prólogo (El oro del Rin), y las tres jornadas (La valquiria; Sigfrido; y El ocaso de los dioses), que constituyen la Tetralogía, y lo haremos apoyándonos en la versión que la mayor parte de los especialistas consideran hasta ahora como la mejor, en la dirección Hans Knappertsbusch y las voces de Hans Hotter, Wolfgang Windgassen, Josef Greindl, Gré Brouwenstijn, Astrid Varnay…, con la Orquesta y Coros (dirección de Wilhelm Pitz) del Festival de Bayreuth, en la temporada de 1956.
Aquí les esperamos.
¡Salud, paz, sonrisas, cordiales saludos y a disfrutar!

11 comentarios:

hugo 20 de julio de 2010, 3:13  

como se señala en el post la "primera trinidad" de bayreuth estuvo integrada por los directores hermann levi, felix mottl y hans richter. levi, que era judío, fue elegido por el propio wagner para el estreno de "parsifal", lo que creo es un tema no menor a tener en cuenta cuandose hace mención al antisemitismo del compositor.

en buenos aires, el canal de cable film & arts trasmitirá el ciclo del anillo en agosto con la dirección de zubin mehta y puesta de la fura del baus...

Anónimo 21 de julio de 2010, 0:30  

Felicitaciones por el post ! A don Fernando y al gatito. Hace algún tiempo que vengo por aquí sólo a leer, que las descargas no son lo mío y nunca he comentado, pero hoy me habeís llegado al alma con Wagner y su trilogía y este magnífico artículo. Quedo a la espera de los que seguirán...

Un saludo para todos los que hacen el blog y también a los lectores.

ROSA

José María 22 de julio de 2010, 14:07  

Acabo de descubrir este blog y parece muy interesante.

Aunque no soy un gran wagneriano, sí me gustaría ver el "Götterdämmerung" de Thielemann (no lo hace mal con la Filarmónica de Munich, pero no iguala al gran Celibidache, la verdad es que... nadie lo hace!:)).
El artículo es muy bueno, felicitaciones.

José María

twitter.com/josemariaciria

Anónimo 23 de julio de 2010, 10:35  

muchas gracias por este aporte fundamental para los gustadores de la música, personalmente nunca escuché la obra íntegramente, sí fragmentos, claor así que es una buena oportunidad para profundizar en ella, creo que en el MET se hace este año la tetralogía, así que tendremos otra versión para entusismarnos, incluso se trasmiten por HD en directo a muchos teatros en el mudo en Montevideo tenemos esa opción
Saludos!!!
Federico

Mari 24 de julio de 2010, 4:52  

Mil Gracias al Sr Gato y a su compadre por la dedicatoria
Es un gran honor ,este fantastico post
que me va a acompañar estas proximas tardes-noches de retransmiciones,y sigo atenta a los proximos!!!.
Continuen trabajando para bien de sus lectores!
Un abrazo

Carlos 1 de agosto de 2010, 10:52  

Felicidades a Fernando de León y a El Gato Sierra por tan excelente artículo, he esperado a que salieran todos para poder leerlos de manera continua.
Siendo un wagneriano de corazón, no puedo dejar de llamar la atención sobre un punto de impresión en este artículo.
En el párrafo 11, donde se lee: “siendo significativo el lapso de 12 años entre el segundo y tercer acto de Sigfrido (nombre final para El joven Sigfrido), tiempo en el que Wagner compuso Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Núremberg”. En realidad la interrupción ocurrió en el mismo acto segundo. Gregor-Dellin, en la biografía que dedica a Wagner, señala:
“…el 22 de mayo, el día de su cumpleaños, emprendió el trabajo compositivo del segundo acto de la obra, que es la parte del Anillo donde se manifiesta la Naturaleza propiamente dicha… Durante los numerosos paseos que emprendió en dirección al próximo valle del Sihl por los altos del Gabler, que llamaba la “Colina Verde”, los pájaros le cantaban cosas que copió para imitar artísticamente su voz en la “escena del bosque” de Sigfrido.
Y a pesar de todo ello sentía creciente aversión a proseguir la composición del Anillo. A decir verdad el 30 de mayo ya había llegado a las palabras de Fafner: “Yazgo y poseo, dejadme dormir”, y el 18 de junio inició los diseños orquestales del segundo acto, pero una hoja lleva esta anotación: “Tristán, ya decidido” . El 27 de junio tomó una decisión radical y al día siguiente escribió a Liszt que había guiado a su Siegfried hasta la soledad de los bosques y que allí lo había “dejado bajo el tilo tras despedirse de él con sentidas lágrimas”…” (p. 337)
Como se ve, Wagner interrumpió la composición del Anillo a la mitad del segundo acto, por eso es posible apreciar la diferencia de orquestación y la influencia que ejerció las composiciones de Tristán y Los Maestros Cantores en lo que siguió a continuación.
Por otra parte, me gustaría añadir que entre las invenciones del Teatro de Bayreuth se encuentran no solo es el diseño de la orquesta invisible, sino además el hecho que fue el primer teatro del mundo que apagó sus luces para que los asistentes pudieran centrarse en la trama, además de tener los asientos siempre frente al escenario, eliminando los palcos laterales.
De nuevo felicitaciones,
Carlos R
Referencia:
Gregor-Dellin, M. (1983). Richard Wagner. Madrid: Alianza Editorial.

Fernando G. Toledo 2 de agosto de 2010, 6:46  

CARLOS:
Muchas gracias por tus aportes (también los del fresno del mundo). Tomamos nota para hacer las correcciones.
Un gran saludo.

F. de León 21 de septiembre de 2010, 1:45  

Carlos:
En primer lugar disculpa la tardanza en responder a tus mensajes, pero el mismo día 2 de agosto ingresé en el hospital para una delicada intervención quirúrgica que me ha tenido fuera de circulación casi un mes. Y por este motivo es por el que he leído ahora tus interesantes comentarios.
Gracias por tus felicitaciones, viniendo de un demostrado wagneriano de corazón, no pueden menos que llenarme de orgullo.
Gracias también por tus aportes, ciertos y acertados todos, cuando nombré el "fresno del mundo" debería haber citado "el "fresno del bosque" que es como lo llaman las nornas en el prologo de Götterdämmerung. El lapso citado efectivamente es cortado en el propio 2ª acto de Sigfrido, pero había una exigencia de comprimir el texto al máximo. Y tus aportes, acertadísimos, sobre la estructura del teatro se agradecen enormemente.
Este mensaje quisiera hacerlo extensivo a Elgatosierra, toda vez que si yo estaba de hospitales, él se encontraba en esas fechas viajando al otro extremo del mundo. Motivo por el que hasta ahora no hemos podido darte cumplida respuesta.
Atentamente, Fernando de León.

IVÁN PAIXAO ARAUJO 15 de diciembre de 2010, 11:18  

Sinceras felicitaciones, de verdad, de parte de un amigo y ferviente wagneriano. Completísima información sobre la majestuosa obra del genio de Wagner.

Definitivamente la Tetralogía es una obra de grandeza intemporal. Encierra en sí misma tanto poder y Sabiduría, que sólo puede ser comprendida a cabalidad después de muchas audiciones y de ponerse en el estado mental indicado para que la Voz del Bayreuth de los Sonidos Mágicos invada apropiadamente todo el alma del oyente.

Gracias Gato por haberme traído hasta aquí, un fuerte saludo a Fernando -ojalá mi invasión a este local no le incomode- y escuchar Wagner se dijo y para siempre!

Saludos desde Bogotá, Colombia.

IVAN PAIXAO ARAUJO

Leonardo 13 de agosto de 2012, 15:34  

acabo de conocer este blog y muy bueno todos los aportes en especial lo de Solti con la introduccion explicada esta espectacular .

Anónimo 7 de agosto de 2014, 9:28  

Felicitaciones por el Blog ! Soy fan de Manowar y tuve el primer contacto con este gran compositor gracias a ellos que se han inspirado en el con toda su épica! Es realmente realmente hermoso incursionar en la tetralogía de este maestro de la música clásica. saludos!
Amalia G.

Mozart: Sinfonía Nº 25 - I Mov. - Böhm

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